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El optimismo atlántico

La Bretaña de las tradiciones celtas y de la mirada de ultramar ha sido la región más propicia al modelo globalizador de Macron y la más reacia al aislacionismo de Le Pen

Un partidario de Macron cuelga carteles en Rennes, capital de Bretaña. Ampliar foto
Un partidario de Macron cuelga carteles en Rennes, capital de Bretaña. AFP/Getty Images

Emmanuel Macron ha conseguido el grand slam en Bretaña. Venció en la región, lo hizo en los cuatro departamentos que la componen y se impuso en las principales ciudades. Incluida Lorient, cuyo eufónico nombre es una contracción de L'Orient pese a encontrarse en la costa occidental, atlántica, de Francia.

Se explica la paradoja porque el embrión de la ciudad fue un barco, "El sol del Oriente", construido en los astilleros locales a mediados del siglo XVII y emblema de la compañía francesa de las Indias Orientales, razones fundacionales, todas ellas, que revalidan y predispusieron la mirada de ultramar de los recios bretones.

Nada más contradictorio para ellos que el modelo aislacionista y ensimismado de Marine Le Pen. Y nada más cerca, al contrario, que el carisma cosmopolita y temerario de Emmanuel Macron. Bretaña ha sido su feudo más unánime y entusiasta, del mismo modo que ha sido un territorio casi impenetrable para el Frente Nacional.

Ni siquiera la localidad natal de Jean Marie Le Pen, La Trinité-sur-Mer ha invertido las tendencias regionales. Aquí Macron obtuvo el 23,24% de los sufragios frente al 10,53% de Marine. Una victoria clara, pero inferior incluso al escrutinio de Lorient (29%-15%), cuyo alcalde socialista, Norbert Métairie, no dudó en adherirse a la marcha de En Marche!.

"Buenas razones había", explica Métairie. "Emmanuel Macron tiene un proyecto equilibrado, integrador, verosímil. Y emana un optimismo que me parece necesario frente a los discursos apocalípticos", apostilla la autoridad municipal.

El optimismo parece un criterio abstracto, pero ya se han ocupado de tomárselo en serio los sociólogos franceses, hasta el extremo de que los votantes de Emmanuel Macron declaran una actitud mucho más positiva y entusiasta (72%) de cuanto les sucede a los partidarios de Le Pen (29%). Quiere decirse que la división del Oeste y el Este como espacios políticos respectivos de En Marche y el Frente Nacional incorpora una matización distintiva entre los franceses optimistas y los pesimistas.

Los bretones han permanecido casi siempre en la primera categoría. Una resilencia ante la adversidad que explica su naturaleza emprendedora. Han sido protagonistas de fenómenos migratorios hacia Canadá y hacia París. Y constituyen en ultramar una diáspora incompatible con el concepto restrictivo-identitario del lepenismo.

Podría hablarse de la apertura de la mirada atlántica frente al recelo fronterizo de la Francia oriental, aunque la tradición de marineros y de expatriados no ha desdibujado la identidad ni la idiosincrasia. Todo lo contrario. Bretaña es una región que se entusiasma en su lengua, en su cultura y en su antigua fundación de nación celta.

Lorient, de 60.000 almas, representa un ejemplo categórico al respecto porque cada verano se organiza aquí el festival intercéltico. Una suerte de gran "caldero druida" al que se suman las agrupaciones musicales más características del género. Congrega la iniciativa 800.000 espectadores. Y acostumbran a mezclarse las bandas más comerciales —Jethro Tull, The Chieftains, The Cranberries— con las formaciones folclóricas más ortodoxas. Asturias y Galicia forman parte de las comunidades que se han adherido al festival y que han participado del intercambio cultural, de la promiscuidad celta, con que los bretones recrean su identidad mirándose hacia fuera.

Es una manera interesante de explicar el europeísmo de los bretones. Se arraigan en la costa más occidental, al abrigo de Finisterre, pero destacan en su fervor comunitario. Tiene sentido, por tanto, su adhesión al macronismo y al perfil globalizador que representa el candidato de En Marche!. "Lo que yo veo en él", explica el librero de una tienda de ocasión al abrigo de la estación ferroviaria, "es un tipo valiente, joven, un aventurero que representa la novedad y que además encarna el voto útil. No podemos permitirnos a Le Pen. No creo en una Francia aislada del mundo".

Emmanuel Macron debe a los bretones el peso cuantitativo de su victoria. Y le debe a uno de ellos, Jean-Yves Le Drian, el salto cualitativo. Fue alcalde de Lorient. Es presidente de la región de Bretaña, pero sobre todo desempeña la cartera de Defensa en el Gobierno de Hollande. Teóricamente, estaba obligado a votar a Hamon. Que además de socialista es bretón. O al revés, pero Le Drian dio su apoyo a Macron un mes antes de celebrarse la primera vuelta. No ya abriendo una grieta en la familia del PS, sino avalando entre sus compatriotas la idoneidad de Macron para convertirse en jefe del Estado. ¿Quién mejor para hacerlo que un carismático superministro?

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