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El pragmático Haniya, nuevo líder político de Hamás

El dirigente islamista palestino seguirá residiendo en su feudo de la franja de Gaza

Nacido hace 54 años en Shati, al norte de la franja de Gaza, el nuevo jefe político de Hamás sigue viviendo modestamente en ese mismo campo de refugiados palestinos desplazados tras el nacimiento del Estado de Israel en 1948. Ismail Haniya es un dirigente moderado, dentro de lo que cabe en el Movimiento de Resistencia Islámica. Visto como la cara amable de una organización que ha librado tres guerras con Israel en menos de una década, fue también el candidato que derrotó en 2006 en las urnas al hegemónico Fatah, el partido fundado por el fallecido líder histórico Yasir Arafat. Desde este sábado encabeza de forma indiscutible Hamás, cinco días después de los islamistas palestinos modularan por primera vez mediante una reforma estatutaria su desafío al Estado hebreo.

El nuevo líder político de Hamás, Ismail Haniya, en una imagen de 2014.
El nuevo líder político de Hamás, Ismail Haniya, en una imagen de 2014. AP

Nadie duda del carisma de Haniya entre lo suyos desde que se convirtió en brazo derecho del jeque Ahmed Yasin, el líder espiritual de Hamás asesinado en su silla de ruedas por Israel en 2004. Ambos habían escapado a un ataque de la aviación israelí dos años antes mientras se hallaban reunidos en plena Segunda Intifada. Estaba previsto también que fuera el aspirante más votado en el opaco proceso interno emprendido hace unos meses por los islamistas palestinos y que ha culminado con su designación.

El hasta ahora jefe del Politburó, Jaled Meshal, confirmó este sábado desde Doha, la capital de Qatar, que Haniya había sido el elegido para relevarle al término de su mandato. “Pongo toda mi confianza en Abu al Abid (como también es conocido el dirigente)”, sostuvo en un mensaje televisado Meshal, quien ha permanecido en el exilio gran parte de sus 60 años de existencia. Haniya ya ha anticipado que seguirá residiendo buena parte de su tiempo en Gaza, aunque tendrá que trasladarse también a Qatar para intentar ampliar los contactos diplomáticos de Hamás, considerado co una organización terrorista tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea.

Después de ejercer el control en el seno del enclave palestino durante un decenio, Abu el Abid pasó en febrero el testigo del mando político en la Franja a Yahya Sinwar, un comandante del ala militar Ezedin al Qasan alienado con el sector más radical de Hamás. Sinwar fue sentenciado en Israel a cuatro condenas perpetuas por haber ordenado la muerte de ciudadanos palestinos sospechosos de colaborar con el Ejército hebreo. Fue excarcelado en 2011 en el marco de la operación de intercambio de 1.047 prisioneros palestinos que permitió la liberación del soldado israelí Gilad Shalit, que había permanecido secuestrado en Gaza desde 2006.

El malestar social ha crecido en el enclave costero tras casi diez años de fractura entre Hamás y Fatah, el partido nacionalista encabezado por el presidente palestino Mahmud Abbas. La Autoridad Palestina presiona a Hamás con el recorte de los pagos a los funcionarios en Gaza y la supresión de las partidas para el combustible de la única central eléctrica del enclave, así como de las facturas adeudadas a Israel por suministro de energía. La ONU ha debido desembolsar fondos de emergencia para trata de mantener en funcionamiento los generadores eléctricos de los hospitales de la Franja.

Precisamente en vísperas de la visita de Abbas a la Casa Blanca del pasado miércoles, la organización islamista anunció una reforma de su carta fundacional en la que aceptaba por primera vez la creación de un Estado de Palestina en las fronteras anteriores a la guerra de 1967, aunque sin reconocer al Estado de Israel. Este gesto fue interpretado como un intento de aproximación a Fatah para forjar un Gobierno de unidad palestino, auspiciado por los moderados Meshal y Haniya.

Hamás ha consumado también la ruptura con los Hermanos Musulmanes que inspiraron al jeque Yassin, un movimiento que se convirtió en la fuerza política hegemónica en Egipto tras la revolución de 2011 y hasta el golpe de Estado de 2013. Esta decisión abre la puerta a una sustancial mejora de las relaciones con el Gobierno del presidente Abdelfatá al Sisi en El Cairo, así como con las monarquías del Golfo enfrentadas a la Hermandad.

La revisión estatutaria destaca además que el conflicto con Israel tiene un carácter “político” y carece de “base religiosa” frente al pueblo judío. El Movimiento de Resistencia Islámica, sin embargo, sigue sin aceptar la validez de los Acuerdos de Oslo con los israelíes como marco pata la creación de un Estado palestino.