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Los países miembros del Acuerdo de París contra el Cambio Climático piden a Trump que no lo abandone

El equipo del mandatario republicano decidirá este martes si permanece en un pacto que ya criticó como candidato

Participantes en la Marcha del Clima del 29 de Abril en Denver, Colorado.
Participantes en la Marcha del Clima del 29 de Abril en Denver, Colorado. AP

Donald Trump está a punto de tomar una de las decisiones más importantes que puede tomar al inicio de su presidencia, tanto para su país como para el resto del mundo. La Administración republicana determinará este martes si permanece en el Acuerdo de París contra el Cambio Climático, ratificado en 2015 por el expresidente Barack Obama. Durante la reunión de Naciones Unidas en Alemania, los principales países miembros del Acuerdo de París contra el Cambio Climático han pedido a Estados Unidos que no lo abandone. A ellos se han sumado también inversores y empresarios que han pedido públicamente a Trump que no abandone el pacto por las consecuencias que puede tener ante el avance de los efectos por el calentamiento global.

El Gobierno de EE UU, sin embargo, ha dado ya varias señales de que podría incumplir el acuerdo, por el que se comprometió a reducir un 14% las emisiones contaminantes para 2025. La decisión será tomada por los principales asesores del presidente, así como los responsables del Departamento de Energía y la Agencia de Protección Ambiental. La reunión será liderada por la hija y asesora del presidente, Ivanka Trump, según ha informado la Casa Blanca. Su esposo Jared también estará presente.

La primera señal en contra del acuerdo fue el nombramiento de Scott Pruitt como responsable de la Agencia de Protección Ambiental. En contra de lo que dice la ciencia, Pruitt niega que el cambio climático esté relacionado con las acciones humanas. El director ha recortado un 40% el presupuesto de la agencia, ha eliminado la sección sobre cambio climático de la página web institucional y, según reveló este domingo The New York Times, ha despedido a casi una docena de científicos de su consejo científico para reemplazarlos con miembros de la industria de energías contaminantes.

La Administración Trump ha derogado también las medidas impulsadas por Obama para luchar contra el cambio climático y lograr una reducción histórica en el nivel de emisiones tóxicas. Esta decisión significa que, incluso si EE UU permanece en el Acuerdo de París, tendrá muy difícil alcanzar el recorte de emisiones. El argumento de Trump es que mantener el pacto tendrá duras consecuencias económicas para EE UU, mientras que otras naciones como China y Rusia “no contribuyen nada”.

Trump ha basado toda su política ambiental en dos argumentos: la ruptura drástica con las políticas de su antecesor y el impulso de la creación de empleo en el sector del “lindo carbón”, en palabras del mandatario. “Yo les hice esta promesa. Vamos a volver a ponerles a trabajar”, dijo el mandatario al firmar un texto que prometía lograr la “independencia energética” de Estados Unidos, “crear empleo e incrementar nuestra riqueza”.

La realidad del sector del carbón demuestra por el contrario que esos puestos de trabajo son prácticamente imposibles de recuperar tras la caída en la demanda y la transformación tecnológica. Trump ha declarado el fin de “la guerra contra el carbón” y defiende que el principal culpable del declive en este sector son las políticas ambientales del expresidente Obama. Pero las medidas más restrictivas del demócrata nunca llegaron a entrar en vigor y fueron aprobadas después de que los principales productores de carbón del país se hubieran declarado en bancarrota.

Poco puede hacer Trump ahora para revertir su situación. El avance de la tecnología en el sector del carbón y la alternativa de las energías limpias y el gas natural ha hecho que EE UU dependa cada vez menos de este recurso fósil. Desde 2012, el impulso a las extracciones de gas natural se ha sumado al declive en la demanda de carbón por parte de China, que parece dispuesto a asumir el liderazgo en la lucha por recortar las emisiones contaminantes.

La última víctima estadounidense de este descenso fue Peabody Energy Corp, la empresa privada más grande del mundo en el sector del carbón, que se declaró en bancarrota en abril de 2016. Robert Murray, presidente de Murray Energy, culpó a Obama de “destruir virtualmente” a la industria, pero su deterioro tiene más que ver con un cambio fundamental en el sector y menos con las medidas del mandatario demócrata para reducir las emisiones.

En los últimos cinco años, la proporción de energía eléctrica procedente del carbón descendió de un 53% al 35% en EE UU. Los puestos de trabajo relacionados con las renovables crecieron doce veces más que el resto de la economía estadounidense, según un informe del Environmental Defense Fund, un 6% entre 2012 y 2015, mientras que los vinculados a las energías fósiles se redujeron en un 4,5%.

Las medidas de Trump permitirán retrasar el cierre de algunas de las plantas contaminantes, pero mientras crezca el mercado de las renovables y siga descendiendo la demanda de carbón, la promesa de devolver al sector los miles de puestos de trabajo con los que contó hace varias décadas es imposible de cumplir. Según datos del Censo de 2014, la industria empleaba a 76.000 personas, muy por debajo de la de los casinos (99.000), parques temáticos (143.000) o limpiadores de coches (150.000).