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Manuel Valls, en tierra de nadie

El partido de Macron es reacio a aceptar al ex primer ministro, mientras que el PS prepara su expulsión

Manuel Valls y Emmanuel Macron en diciembre de 2014, cuando el primero era primer ministro y el segundo ministro de Economía
Manuel Valls y Emmanuel Macron en diciembre de 2014, cuando el primero era primer ministro y el segundo ministro de Economía AFP

Manuel Valls (Barcelona, 1962) pensaba hace unos meses que hoy podría encontrarse en el lugar de Emmanuel Macron. Con un programa similar, el de un centroizquierda socialdemócrata con dosis de liberalismo económico, Valls tenía más experiencia que Macron —alcalde, diputado, ministro, primer ministro— y pertenecía a un gran partido. El momento era suyo.

En cambio, se encuentra en una situación insólita: al borde de la expulsión del partido de su vida y al mismo tiempo rechazado por La República en marcha, el partido de Macron, que el domingo ganó las elecciones presidenciales.

En el espacio de un par de horas, el miércoles, Valls tuvo que escuchar, primero, cómo el equipo de Macron ponía obstáculos a su intento de ser investido candidato en las elecciones legislativas de junio. Y después, cómo el jefe del PS, Jean-Christophe Cambadélis, explicaba que el procedimiento para poner fin a la militancia de Valls en el partido estaba en marcha: tener el carné socialista y presentarse por otra formación no es posible, dijo.

“En estos momentos, [Valls] no cumple los criterios de aceptación de su demanda de investidura”, dijo Jean-Paul Delevoye, el veterano ministro de Jacques Chirac, ahora adherido a Macron, que se encarga de coordinar el nombramiento de los 577 candidatos a sendas circunscripciones en las legislativas. El partido ha recibido 15.000 currículos, y hay que considerarlos a todos por igual, sin privilegios.

Valls avaló a Macron cuando este era un joven consejero de Hollande para que fuese ministro de Economía. Ideológicamente, sintonizan. La ambición presidencial de ambos y el talante opuesto —Valls, político de carrera, directo en las formas; Macron, exbanquero, un seductor nato; el primero, trabajador infatigable; el segundo, genio precoz— en seguida provocaron roces. Ambos decidieron presentarse al Elíseo mientras que su jefe, Hollande, renunciaba a la reelección. Valls perdió en las primarias socialistas ante el líder del ala izquierda Benoît Hamon. Macron, el antiguo protegido, el recién llegado, el joven inexperto, será presidente el 14 de mayo.

"Si hay un traidor, si hay alguien que disparó a Hollande, es Valls”, dice Macron en un documental de la cadena TF1 sobre la campaña.

La política es cruel. Valls pidió el voto por Macron durante la campaña para la primera vuelta, sin pedir nada a cambio. La puerta no está cerrada del todo, pero el entorno del nuevo presidente le ha hecho saber que no es bienvenido.

En Le Figaro, el columnista Guillaume Tabard ve en Macron una antítesis del rey Luis XII, antes Duque de Orleans, que dijo al subir al trono: “El rey de Francia no se venga de las querellas del duque de Orleans”. Macron, según Tabard, quiere enviar una señal al resto de la clase política con el tratamiento que da a Valls. “Macron quiere recomponer la vida política”, escribe. “Para ello, primero debe culminar con la descomposición de un sistema antiguo. Solo después el nuevo rey de Francia se olvidará de las querellas del duque de Orleans”.

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