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Kosovo se prepara para elecciones anticipadas tras la caída del Gobierno

El partido del presidente Thaçi, integrante del Ejecutivo de coalición, se suma a la oposición en una moción de censura

Isa Mustafa, primer ministro de Kosovo, en el Parlamento.
Isa Mustafa, primer ministro de Kosovo, en el Parlamento. EFE

El Gobierno de Isa Mustafa se convirtió este miércoles en el tercero que cae sin completar su mandato en la breve historia como país independiente de Kosovo, que consumó la secesión de Serbia en febrero de 2008. Una moción de censura alentada por la oposición, pero votada también por diputados del gubernamental Partido Democrático de Kosovo (PDK), precipitó la caída del Ejecutivo, abocando al país a un adelanto de las elecciones. De los 120 escaños del Parlamento, Mustafa sólo logró el apoyo de 34. Los comicios deberán celebrarse en un plazo de 45 días, según la Constitución kosovar, y se espera que el presidente Hashim Thaçi, antiguo líder del UCK (Ejército de Liberación de Kosovo, principal artífice de la independencia tras el conflicto armado de 1998-99), las convoque antes de que finalice la semana.

Al frente de la coalición formada por su partido, la Liga Democrática de Kosovo (LDK) y el citado PDK —el partido de Thaçi—, Mustafa ha sido víctima de un largo desencuentro, que se prolonga desde hace más de un año, sobre una cuestión clave: la ratificación del acuerdo de demarcación fronteriza con Montenegro. Los dos partidos que formaban el Ejecutivo, ambos de centroderecha, se han enfrentado abiertamente sobre el asunto.

La pretensión del partido de Mustafa de debatir el trazado de la frontera este miércoles, antes incluso de examinar la moción presentada por la oposición, precipitó la caída de su Gabinete un año antes de que concluyese su mandato.

La aplicación del acuerdo con Montenegro, cerrado en 2015, es una de las condiciones exigidas por la Unión Europea para acceder a la liberalización de visados para los 1,8 millones de ciudadanos kosovares. Pese a las promesas europeas, Kosovo sigue siendo el pariente pobre de una terna compuesta también por Georgia y Ucrania, a la que Bruselas había prometido eximir de requisitos de entrada. Kiev y Tiflis lo han conseguido en los últimos meses; Pristina sigue esperando.

Tribunal especial para crímenes de guerra

El principal partido opositor, Vetevendosje (Autodeterminación; ultranacionalista, 16 escaños), se ha manifestado violentamente contra el acuerdo fronterizo, llegando a lanzar gases lacrimógenos durante varias sesiones parlamentarias para impedir los debates sobre la propuesta. Otra formación opositora, la Alianza para el Futuro de Kosovo (AAK) del exlíder rebelde Ramush Haradinaj —al que Serbia acusa de crímenes de guerra durante el conflicto armado de 1998-99 y cuya extradición pidió a Francia—, también llevaba tiempo reclamando elecciones. Haradinaj ya está de vuelta en Kosovo, tras cinco meses bloqueado en Francia mientras la justicia de ese país estudiaba, para rechazarla a la postre, la demanda serbia.

Para varios analistas y observadores occidentales consultados por la agencia France Presse, la decisión del PDK de unirse a la oposición en la moción de censura podría ser un intento de reforzar su legitimidad popular con un éxito electoral, anticipándose así a los posibles resultados de la investigación del tribunal especial creado para juzgar a exjefes rebeldes del UCK, acusados de crímenes de guerra, como Haradinaj, que también fue primer ministro. La investigación podría alcanzar incluso al propio presidente Thaçi. La creación de este tribunal especial fue también una exigencia de Bruselas, que media entre Belgrado y Pristina desde 2013, en un difícil proceso de acercamiento entre ambos países llamado “diálogo de Belgrado”.

Belgrado no reconoce la independencia de su antigua provincia, como sí hacen unos 110 países en todo el mundo. Más del 90% de la población de Kosovo es albanesa, musulmana, pero hay una importante minoría, estimada en torno a 40.000-50.000 habitantes, de serbios (ortodoxos) en el norte del país.

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