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El Supremo de Italia confirma 16 años de cárcel para el capitán del ‘Costa Concordia’

Francesco Schettino, que hasta ahora había permanecido en libertad, ingresará en prisión

Francesco Schettino, en una imagen de 2013.
Francesco Schettino, en una imagen de 2013. AFP

Francesco Schettino, el capitán del crucero Costa Concordia que provocó su naufragio en enero de 2012 y huyó de la nave sin esperar al resto de pasajeros, entrará en la cárcel. El largo proceso ha llegado a su fin y el Tribunal Supremo italiano ha confirmado la pena de 16 años de cárcel. La tragedia, causada por una negligente maniobra del máximo responsable de la embarcación, terminó con la muerte de 32 personas. La defensa había recurrido al alto tribunal con la esperanza de que se rebajase la petición, sin embargo, Schettino, que hasta ahora había permanecido en libertad, deberá entrar en la cárcel inmediatamente. De hecho, en el momento de recibir la noticia se encontraba ya cerca del centro penitenciario de Rebibbia, en Roma.

De este modo se cierra una historia que comenzó la noche del 13 de enero de 2012 y que conmocionó a Italia. No solo por el alcance de la tragedia, sino por los rasgos patéticamente caricaturescos de su protagonista. Esa noche, un error humano provocado por Schettino -apodado ya para siempre el capitán cobarde- condujo la nave, un crucero de 114.500 toneladas y 293 metros de longitud, contra un escollo después de haber cambiado la ruta para contentar a uno de los tripulantes acercándose a una isla. El barco transportaba a 4.000 personas y la frivolidad de su capitán costó la vida a 32 de ellas, provocó 64 heridos y millones de euros en indemnizaciones. Los restos del barco quedaron varados durante más de dos años ante la isla de Giglio.

Schettino ya fue condenado el 11 de febrero de 2015 16 años por los delitos de homicidio colposo, abandono de la nave y por no informar en el momento adecuado a las autoridades porturarias de que había chocado contra una escollera. Él siempre defendió que, en realidad, no quiso abandonar la nave voluntariamente. De hecho, llegó a escribir un libro -Le veritá sommerse (Las verdades sumergidas)- defendiendo su versión, que ha ido cambiando varias veces sin lograr explicar cómo se puso a salvo a sí mismo mientras cientos de personas trataban todavía de salir del barco.

En la audiencia de hoy, sus abogados han vuelto a intentar distribuir la culpa del suceso señalando que su cliente quiso acercarse hasta la isla del Giglio para contentar al jefe de camareros, Antonio Tievoli, que ya se lo había pedido en otras ocasiones. Aquella noche, según la defensa, el encargado del restaurante reservó una mesa con vistas y volvió a insistir. Esta vez, el Schettino lo vio más claro que en anteriores ocasiones, pero se acercó demasiado. “Cuando vio la espuma de la escollera dio órdenes al timonel en las que volvió a producirse un error”, ha señalado la defensa. Además, sus abogados alegaban que ninguno de los oficiales indicó al capitán el punto donde se encontraba la nave.

La realidad es que Schettino fue visto a las 21.05 de aquel día cenando con una mujer de 25 años -antigua bailarina del crucero que, además, no había pagado billete en aquella ocasión- en el mejor restaurante del barco. “Había una botella de vino tinto sobre la mesa y, a cada poco, servía a la muchacha y se servía él”, contó un pasajero. A las 21.30, acompañados del famoso maître, subieron al puente de mando para ejecutar la maniobra, que se conocía como el saludo y que Schettino ya había rechazado hacer en anteriores ocasiones, se supone que por considerarla arriesgada.

Lo peor fue que, tras colisionar, el capitán no dio parte a las autoridades en ese mismo momento y retrasó la decisión algo más de una hora, agravando la situación. Cuando se confirmó lo que iba a suceder, Schettino abandonó la nave. También quedó registrada para la historia la frase del comandante Gregorio de Falco, que desde la Capitanía de Livorno intentaba que el "capitán cobarde" regresara a bordo: “¡Schettino, suba al barco, cojones!”,

El caso del Costa Concordia conmocionó a todo el país. Schettino encarnaba la metáfora del cobarde perfecto y del incompetente que, por llevar a cabo su enésima fanfarronería, se lleva por delante la vida de quienes le rodean. El fiscal Stefano Pizza pidió entonces 26 años de prisión y lanzó una cruel y certera definición del personaje: “Ha sumado la figura del incauto optimista y la de hábil idiota para dar como resultado la del incauto idiota. ¡Que Dios tenga piedad de Schettino, porque nosotros no podemos tener ninguna!”.

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