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Los refugiados centran el encuentro del Papa con el primer ministro portugués

San Francisco de Fátima y santa Jacinta de Fátima, nuevos santos de la Iglesia católica

El papa Francisco reza ante las tumbas de los pastorcillos.
El papa Francisco reza ante las tumbas de los pastorcillos. EFE

El drama de los refugiados ha protagonizado la entrevista del papa Francisco con el primer ministro portugués, Antonio Costa. El segundo día de la visita del Papa al Santuario de Fátima ha comenzado con la única reunión política del viaje, una entrevista con el primer ministro que, según Costa, se ha centrado en “los valores fundamentales”. Después del encuentro, Costa, que no es creyente, ha destacado el “carácter inspirador del Papa para creyentes y no creyentes” y ha recordado que siempre que ha habido “respeto para todos, las cosas no han ido mal”.

El Papa recibió a una familia iraquí de ocho miembros, refugiada en Portugal. Este país, pese a solicitar el acogimiento de miles de refugiados, apenas ha recibido a un millar y, de estos, casi la mitad se ha ido luego a otros lugares.

Los actos públicos de la visita del Papa, de apenas 24 horas, se cerraron con la misa en la plaza del Santuario, absolutamente llena y con un cielo brillante de azul y blanco. Francisco canonizó a dos de los tres pastores que vieron a la virgen un 13 de mayo de 1917. Francisco y Jacinta, que murieron poco después víctimas de la gripe española, serán santos a partir de este sábado sin necesidad de haber sido mártires. La tercera pastorcilla, Lucía, que murió en 2005 con 97 años, está en proceso de beatificación.

El obispo de Leiria, António Marto, presentó en la misa la biografía de los hermanos Francisco y Jacinta Marto para solicitar su inclusión en el “catálogo de los santos”, hasta ahora los beatos más jóvenes de la historia de la Iglesia. El obispo Mato calificó de “apariciones” las experiencias de estos niños, nacidos en una familia humilde de siete hermanos. Desde muy pequeños tenían que pastorear el ganado en los campos de Fátima y fue en Cova de Iria, lugar del santuario, donde presenciaron su primera aparición.

En la homilía, Francisco pidió a los fieles ser "centinelas de la madrugada" y "descubrir nuevamente el rostro joven y bello de la Iglesia, que brilla cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica en amor". Después, subió al altar el niño Lucas y su familia brasileña, origen del milagro reconocido por la Iglesia y que ha permitido la santificación. Lucas se cayó desde un séptimo piso y los médicos anunciaron a los padres que, si vivía, quedaría en estado vegetativo. Los padres rogaron a la virgen de Fátima y a los pastorcillos y a los tres días el niño hablaba y a los siete le dieron de alta en perfecto estado de salud. Según los padres, y según se vio en el abrazo que dio al Papa, no tiene secuela alguna de su accidente.

Francisco pidió a los fieles ser "centinelas de la madrugada" y "descubrir nuevamente el rostro joven y bello de la Iglesia"

Dos días antes de la llegada del Papa, los padres de Lucas se presentaron en público para contar cómo ocurrió todo; leyeron un texto, pero no se sometieron a preguntas de los periodistas.

Con la misa de la canonización el Papa puso fin a los actos públicos de su visita a Fátima con ocasión del centenario de las apariciones. Se retiró a almorzar con la curia portuguesa y después ya partía a la base aérea de Monte Real para volar hasta el Vaticano. Antes, el primer ministro Costa había dejado una puerta abierta a una segunda invitación. "Habrá oportunidades para visitar más lugares del país", dijo tras la entrevista con el papa Francisco.