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Un exministro gay e hijo de un inmigrante para una Irlanda moderna

La probable elección del joven Leo Varadkar como primer ministro simboliza la transformación de un país que se emancipa de un pasado clerical

Leo Varadkar
El candidato Leo Varadkar. REUTERS

“Esto es como si Mariano Rajoy se marchara y, en su lugar, asumiera el liderazgo del Partido Popular alguien de 38 años, hijo de inmigrantes y abiertamente homosexual”. Eoin O'Malley, profesor de Ciencias Políticas en la City University de Dublín, se queda corto en su comparación. Salvo mayúscula sorpresa, Irlanda tendrá muy pronto un primer ministro cuya sexualidad era delito en el país hace tan solo 25 años. Un líder, el más joven desde la independencia de Irlanda en 1922, perteneciente a la generación más golpeada por la crisis económica que colocó al país al borde del abismo. Un político que no cree en la derecha y la izquierda, pero que podría amenazar el consenso centrista que ha dominado la historia reciente irlandesa.

Leo Varadkar es el claro favorito a convertirse este viernes por la tarde en el nuevo líder del Fine Gael, el partido que gobierna Irlanda en minoría desde las elecciones del año pasado, que depararon una cámara endiabladamente fragmentada. Enda Kenny, de 66 años, primer ministro desde hace seis, logró formar un fragilísimo Gobierno después de 63 días de negociaciones. Pero acabó sucumbiendo a la presión y, tocado además por un escándalo, anunció que dimitiría como líder del partido y como primer ministro.

Varadkar no había nacido cuando Kenny fue elegido diputado por primera vez. Ministro de Bienestar Social, hoy se enfrenta a Simon Coveney, compañero de Gabinete, por el liderazgo del partido. Los diputados, cuyo sufragio es el que más pesa en el sistema de elección de líder, decidirán esta tarde entre uno y otro en votación secreta. Pero 46 de 73 ya han expresado públicamente su apoyo a Varadkar. Quien salga elegido se convertirá, tras una votación parlamentaria en las próximas semanas, en primer ministro de Irlanda.

Que un hombre abiertamente homosexual sea el primer ministro del que ha sido uno de los países más socialmente conservadores de Europa occidental es todo un acontecimiento. Pero es quizás aún más importante el hecho de que esa circunstancia haya sido más destacada en la prensa internacional que en los medios locales. Señal de la profunda y rápida transformación de un país que, el 23 de mayo de 2015, se convirtió en el primero del mundo en legalizar en referéndum el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Varadkar y el 'Brexit'

El nuevo primer ministro irlandés será el encargado de liderar el país en un momento clave. El Brexit, que se consumará previsiblemente en 2019 tras dos años de negociaciones, plantea retos colosales al único país que (exceptuando España con Gibraltar) tiene una frontera terrestre con Reino Unido. Irlanda está llamado a jugar un papel importante en las negociaciones, y la decisión de qué pasará con la frontera que separa Irlanda del Norte de la república de Irlanda se presenta como una de las más delicadas de resolver. Leo Varadkar es un europeísta convencido y su elección, según el profesor Eoin O'Malley, no tendría por qué suponer un cambio en la postura de Dublín: “La estrategia de Irlanda siempre será presionar para que se mantenga una frontera suave y para que los 27 no sean excesivamente punitivos con Reino Unido”.

Aquel fue uno de los días más felices en la vida de David Norris, senador independiente de 73 años, primer cargo electo abiertamente gay del país y el hombre que litigó contra el Estado hasta lograr la descriminalización de la homosexualidad en 1993. Para Norris, que Irlanda pueda tener un ahora primer ministro gay es “absolutamente maravilloso”. “En mis días, la homosexualidad era algo de lo que no se hablaba”, recuerda. “No había modelos a seguir para un niño gay. Varadkar es un modelo espléndido. Es listo, joven, buen profesional, está en forma, es respetado por gente de todos los partidos. Eso anima a los jóvenes homosexuales a comprender que pueden llegar adonde quieran en la vida”.

La influencia de la Iglesia Católica en la sociedad irlandesa ha ido mermando en las dos últimas décadas, a medida que salían a la luz escándalos de abusos sexuales y crueldad en sus instituciones. “Pero la normalización definitiva llegó con el referéndum. Fue una campaña muy bien llevada, amistosa, dialogante. Una conversación nacional”, explica Norris.

Varadkar, entonces ministro de Sanidad y ya figura emergente dentro del partido, fue una de las piezas claves de aquella campaña. Salió públicamente del armario en una entrevista radiofónica unos meses antes del referéndum, el día de su 36 cumpleaños. “No es un secreto, pero no es algo que todo el mundo sepa y de lo que yo haya hablado públicamente”, dijo. “No soy un político medio indio, un político médico, ni un político gay. Son solo partes de lo que soy”.

El padre de Varadkar es un médico que nació en Bombay y conoció a la que sería su esposa, enfermera del sur de Irlanda, cuando trabajaban en Inglaterra en los años setenta. Se casaron y se trasladaron a Dublín, donde nacieron Leo y una de sus dos hermanas.

El único hijo varón se afilió al Fine Gael en la escuela secundaria y compaginó la militancia con la universidad, donde empezó Derecho y acabó Medicina. Fue un miembro muy activo de la formación y llegó a vicepresidente de las juventudes del Partido Popular Europeo.

Políticamente, Varadkar se ha construido una imagen de pragmático y desideologizado. Las comparaciones con el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, han sido inevitables. “Mi dificultad con toda esa construcción de la derecha y la izquierda es que creo que no describe la política moderna”, decía en una entrevista publicada ayer en el Irish Times. “Si tuviera que definirme en términos de filosofía política, me situaría como social y económicamente liberal, que es estar a la izquierda del centro en asuntos sociales y a la derecha del centro en asuntos económicos”.

Apunta el profesor O’Malley que Varadkar supone una potencial amenaza al consenso centrista de un país en el que dos partidos rivales, Fine Gael y Fianna Fáil, situados lejos de los extremos, ha dominado la política durante décadas. “Puede marcar un giro a la derecha que ponga en peligro los frágiles apoyos con los que cuenta el Gobierno”, apunta. “Kenny era un político conciliador y está por demostrar que Varadkar lo sea. Si no, el Gobierno podría caer y habría elecciones”.

De momento lo único seguro es el inicio de un relevo generacional en la política de un país que culmina simbólicamente un rápido proceso de modernización. Cuenta Varadkar que, antes de la famosa entrevista radiofónica, informó a Enda Kenny de que se disponía a salir públicamente del armario. El primer ministro le dijo que hiciera lo que quisiera, que era su vida privada. Poco después le preguntó si había visitado un conocido bar gay de Dublín. Varadkar le dijo que no, y entonces el veterano político contestó: “Mira, una cosa en la que te saco ventaja”.

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