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Las escuelas de samba amenazan con suspender el Carnaval de Río

Sambistas anuncian que no desfilarán si el nuevo alcalde mantiene la reducción del 50% del dinero público invertido en el evento

Carnaval de Río
Carroza de la escuela Mocidade, durante el desfile de este año en el Sambódromo. EFE

Un pulso por dinero amenaza el espectáculo más internacional y televisado de Brasil. Las escuelas de samba cariocas, que maravillan con sus desfiles a medio mundo cada mes de febrero, han anunciado que no desfilarán si el alcalde de Río de Janeiro, el exobispo evangélico Marcelo Crivella, no da marcha atrás en su decisión de reducir a la mitad el patrocinio municipal.

Crivella anunció esta semana que va a cortar el 50% de los 540.000 euros de dinero público que cada una de las 12 escuelas del grupo especial, la primera división del Carnaval, reciben para realizar sus desfiles en el Sambódromo. Parte de esos recursos, aseguró el alcalde, irá para aumentar el presupuesto de guarderías con convenios públicos y dedicar así 20 reales diarios por niño (5,4 euros), en lugar de los 10 actuales. “El Carnaval es mucho más que carrozas alegóricas. Estamos con restricciones presupuestarias. Es una cuestión para reflexionar. Si vamos a usar esos recursos para una fiesta de tres días o durante los 365 días de año”, dijo el alcalde, en el cargo desde enero. Crivella, que durante la campaña prometió apoyo a las escuelas de samba, defiende ahora que deben buscarse otras formas de patrocinio privado para compensar la subvención pública, además de las que aún reciben por venta de ingresos y derechos de transmisión de televisión.

La decisión ha levantado ampollas entre los amantes de la fiesta, que defienden el evento como parte de la identidad e historia de la ciudad y como un motor económico que tiene retornos millonarios para las arcas municipales. El Carnaval de este año, con los desfiles como principal atracción, trajo más de un millón de turistas a Río, la ocupación hotelera llegó al 80% y dejó 3.000 millones de reales (810 millones de euros). “El alcalde está jugando con el corazón del carioca. Esos extremistas religiosos destruyen cualquier manifestación que no pase por ellos”, critica Milton Cunha, escenógrafo de desfiles y comentarista del Carnaval. “Si las escuelas no desfilan, la ciudad no será la misma”.

La gestión anterior, comandada por Eduardo Paes, impulsor de los Juegos Olímpicos, amante declarado del Carnaval y responsable por doblar en 2016 la subvención pública a las escuelas hasta los 540.000 actuales, se ha sumado a las críticas. “Hay una falta de entendimiento de lo que significa esta fiesta para el carioca, pero también una falta de comprensión económica. El Carnaval para nosotros es una commodity”, defiende Pedro Paulo, mano derecho de Paes y candidato perdedor en elección municipal. “Cuando comparas esos 24 millones que reciben las escuelas con el presupuesto de 5.000 millones en educación, no es nada. Es un discurso populista. El Ayuntamiento es capaz de dar calidad a las escuelas y de apoyar el Carnaval al mismo tiempo”.

La influencia de las creencias del alcalde también forman parte de la discusión. Como uno de los principales exponentes de la Iglesia Universal del reino de Dios, Crivella hace esfuerzos para desvincular su fe, crítica con los deseos de la carne, de su gestión, pero no siempre lo consigue. Este año decidió romper la tradición de sus antecesores de inaugurar el evento con la entrega de las llaves de la ciudad al Rey Momo, personaje mitológico y símbolo del Carnaval, y se fue del país. Fue duramente criticado. “Nadie puede ser obligado a hacer nada. No fui porque, en mi caso, seria hacer demagogia”, dijo. En un movimiento parecido al ensayado con las escuelas de samba, Crivella, que cree que la homosexualidad es pecado, también prometió durante la campaña electoral que apoyaría al colectivo LGBT. Pero la Parada Gay de este año, otro de los grandes eventos anuales de Río, tampoco tendrá recursos del Ayuntamiento.

El recorte del financiamiento público de los desfiles también ha resucitado una cuestión tolerada históricamente por los cariocas en favor de la fiesta, la de cómo y cuánto gastan las escuelas de samba: sus prestaciones de cuentas son un misterio. Las escuelas, además, están tradicionalmente asociadas a la mafia que domina el juego, las máquinas tragaperras y las apuestas, negocios ilegales en Brasil. El padrino de la escuela Beija-Flor, ganadora en 2015, por ejemplo, es un famoso bichero, como se conoce a los controladores del juego del bicho, un millonario negocio de lotería ilegal. El último 80º aniversario del mafioso, que recurre en libertad una sentencia de 48 años de prisión, costó un millón de reales, según divulgó la prensa local. La mitad del presupuesto público actual de la escuela.