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CERCO A SADAM

El discurso de George Bush ante la 57 Asamblea General de Naciones Unidas

A continuación se ofrece la transcripción íntegra del discurso del presidente de EE UU, George W. Bush, ante la 57 Asamblea de Naciones Unidas.

Secretario general, presidente, distinguidos delegados y señoras y señores: Nos encontramos un año y un día después de que un ataque terrorista llevara dolor a mi país y a muchos ciudadanos de nuestro mundo.

Ayer, recordamos las vidas inocentes que se llevó esa terrible mañana. Hoy, afrontamos la urgente tarea de proteger otras vidas sin ilusiones y sin miedo.

Hemos conseguido mucho en el último año en Afganistán y en otros lugares. Pero tenemos mucho todavía por hacer en Afganistán y más allá. Muchas naciones representadas aquí se han unido a la lucha contra el terror global y el pueblo estadounidense lo agradece.

Las Naciones Unidas nacieron con la esperanza que sobrevivió a una guerra mundial, con la esperanza de un mundo en busca de la justicia, escapando de viejos patrones de conflictos y miedos. Los miembros fundadores acordaron que la paz en el mundo nunca debía volver a ser destruida por la voluntad y la perversidad de ningún hombre.

Creamos un Consejo de Seguridad para que, al contrario que la Sociedad de Naciones, nuestras deliberaciones fuesen más que meras palabras, para que nuestras resoluciones fuesen más que deseos. Tras generaciones de dictadores mentirosos, tratados rotos y vidas malgastadas, nos hemos dedicado a lograr los estándares de dignidad humana compartidos por todos y un sistema de seguridad defendido por todos.

En la actualidad, esos estándares y esa seguridad están en cuestión.

Nuestros compromisos con la dignidad humana encaran el desafío del hambre y las enfermedades. El sufrimiento es enorme. Y nuestras responsabilidades son claras. Los Estados Unidos se unen al mundo para administrar ayuda allá donde sea necesario, para salvar y mejorar las vidas, para extender el comercio y la prosperidad, y para llevar ayuda médica donde se necesita desesperadamente. Como señal de nuestro compromiso con la dignidad humana, los Estados Unidos regresarán a la UNESCO.

Esta organización ha sido reformada, y América participará plenamente en sus cometidos para mejorar los derechos humanos, la tolerancia y el aprendizaje. Nuestra seguridad común afronta la amenaza de los conflictos regionales , étnicos y de las disputas religiosas que son antiguas pero no inevitables.

En Oriente Medio no puede haber paz para ninguna de las partes si antes no hay libertad.

América sigue comprometida con una Palestina democrática e independiente, que viva al lado de Israel en paz y seguridad. Como el resto de la gente, los palestinos se merecen un gobierno que sirva sus intereses y que escuche sus voces. Mi nación continuará animando a todas las partes a cumplir sus responsabilidades ya que buscamos un justo y pacífico fin al conflicto.

Por encima de todo, nuestros principios y nuestra seguridad afrontan el desafío de grupos y regímenes fuera de la ley, que no aceptan moral ni límites a sus ambiciones violentas. En los ataques a América de hace un año, pudimos comprobar las intenciones destructivas de nuestros enemigos. Esta amenaza se esconde en muchos países, incluido el mío.

En células, en campamentos, los terroristas están planeando más destrucción y construyendo nuevas bases para su guerra contra la civilización. Y nuestro mayor temor es que los terroristas encuentren un atajo a sus locas ambiciones cuando un régimen fuera de la ley les brinde la tecnología para matar . En un lugar y en un régimen, hemos encontrado todos esos peligros en su forma más letal y agresiva, exactamente el tipo de amenaza por la que las Naciones Unidas nacieron para luchar.

Hace 12 años, Irak invadió Kuwait sin provocación previa. Las tropas del régimen estaban preparadas para continuar su marcha y así hacerse con otros países y con sus recursos. Si Sadam Husein es aplacado en vez de detenido, podría hacer peligrar la paz y la estabilidad del mundo. Hasta ahora está agresión ha sido detenida por las fuerzas de la coalición y la voluntad de Naciones Unidas.

Al interrumpir las hostilidades para darse un respiro, el dictador iraquí ha aceptado una serie de compromisos. Los términos eran claros, para él y para todos, y él aceptó probar su compromiso con cada una de esas obligaciones. Por el contrario él ha mostrado su desprecio por las Naciones Unidas y sus peticiones. Incumpliendo todas estas peticiones, por su crueldad y su ignorancia, Sadam Husein ha puesto al mundo en su contra.

En 1991, la resolución 688 del Consejo de Seguridad pedía que el régimen iraquí cesará de una vez la represión sobre su propio pueblo, incluida la represión sistemática de las minorías, que el Consejo considera peligrosa para la paz y la seguridad de la región. Esta demanda fue ignorada.

El año pasado, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU constató que Irak continuaba cometiendo graves violaciones de los derechos humanos y que la represión del régimen se mantenía.

Decenas de miles de adversarios políticos y ciudadanos comunes habían sido objeto de arrestos arbitrarios, encarcelamientos, ejecuciones sumarias y torturas a base de golpes, quemaduras, descargas eléctricas, mutilaciones y violaciones.

Las esposas eran torturadas delante de sus maridos, los niños en presencia de sus padres y todos estos horrores fueron ocultados al mundo por el aparato de un estado totalitario.

En 1991, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, a través de las resoluciones 686 y 687, pidió a Iraq que devolviera a todos los prisioneros de Kuwait y otros países. El régimen iraquí aceptó pero más tarde rompió su compromiso.

El año pasado, el representante del secretario general para este asunto informó de que ciudadanos kuwaitíes, saudíes, indios, sirios, libaneses, iraníes, egipcios, bahraníes, y armenios seguían sin ser devueltos, en total más de 600 personas. Un piloto americano se encuentra entre ellos.

En 1991, el Consejo de Seguridad de la ONU, a través de la resolución 687, pidió a Irak que renunciase a cualquier implicación con el terrorismo y que impidiese a cualquier organización terrorista operar en su territorio. Irak aceptó pero rompió su promesa.

En una violación de la resolución 1373, Irak sigue apoyando a organizaciones terroristas que actúan contra los gobiernos de Irán, de Israel y de los países occidentales. Los disidentes iraquíes en el exterior están amenazados de muerte.

En 1993, Irak intentó asesinar al Emir de Kuwait y a un ex presidente de EE UU. El Gobierno de Irak aplaudió abiertamente los ataques del 11-S, y los terroristas de Al Qaeda que escaparon de Afganistán se sabe que están ahora en Irak.

En 1991, el régimen iraquí acordó destruir y parar la construcción de cualquier tipo de armas de destrucción masiva así como los misiles de largo alcance y probar al mundo que lo había hecho sometiéndose a rigurosas inspecciones. Irak ha roto todos los aspectos de esta petición fundamental.

Desde 1991 hasta 1995, el régimen iraquí ha dicho que no tenía armas biológicas. Después de que un oficial de su propio programa de armamento denunciará y expusiera esta mentira, el régimen admitió estar produciendo decenas de miles de litros de carbunco y otro tipo de agentes biológicos mortíferos que se pueden utilizar en las cabezas de misiles, bombas aéreas y tanques.

Los inspectores de la ONU creen que Irak ha producido dos o cuatro veces más de agentes biológicos de lo que ha declarado y no ha contabilizado las más de tres toneladas métricas de material que podría ser utilizado para producir agentes biológicos. Ahora mismo, Irak está expandiendo y mejorando las infraestructuras que utiliza para producir armas biológicas.

Las inspecciones de la ONU también revelaron que Irak mantiene en stock VX, agente mostaza y otros agentes químicos, y que el régimen está reconstruyendo y expandiendo las infraestructuras capaces de producir armas químicas.

Y en 1995, después de cuatro años de decepciones, Irak finalmente admitió que tenía una programa de armas nucleares que la guerra del Golfo destruyó. Ahora sabemos que si no hubiera sido por esa guerra, el régimen de Irak hubiera estado en la posesión de armas nucleares a lo más tardar en 1993.

Hoy, Irak continúa escondiendo mucha información sobre su programa nuclear, diseño de armas, infraestructuras, datos experimentales, y número de materiales nucleares y documentación de ayuda extranjera. Irak emplea científicos y técnicos con capacidad nuclear. Retiene su infraestructura física necesaria para construir armas nucleares.

Irak ha hecho varios intentos de comprar tubos de aluminio de gran resistencia que se utilizan para enriquecer el uranio para armas nucleares. Si Irak adquiere este tipo de material, sería capaz de construir armas nucleares en menos de un año.

Y los medios de comunicación iraquíes, controlados por el Gobierno, han publicado numerosos encuentros entre Sadam Husein y sus científicos nucleares, dejando pocas dudas sobre su continuo apetito por estas armas.

Irak, además posee una fuerza de misiles SCUD que puede sobrepasar áreas superiores a los 150 kilómetros permitidos por Naciones Unidas. Trabajo en las pruebas de los lugares de producción indican que Irak está construyendo más misiles de largo alcance y que pueden producir muertes en masa a lo largo de la región.

En 1990, después de que Irak invadiera Kuwait, el mundo impuso sanciones económicas a Irak. Estas sanciones han sido mantenidas después de la guerra para que el régimen de Sadam cumpliera las resoluciones del Consejo de Seguridad.

Con el tiempo, se ha permitido a Irak utilizar los beneficios del petróleo para comprar comida. Sadam Husein ha subvertido este programa trabajando alrededor de las sanciones para comprar tecnología de misiles y materiales militares. Él culpa del sufrimiento de su pueblo a las Naciones Unidas, incluso mientras utiliza sus riquezas petrolíferas para comprar palacios para sí mismo y armas para su país.

Negándose a cumplir con sus propios acuerdos, se convierte en el único culpable del hambre y la miseria de los inocentes ciudadanos de Irak. En 1991, Irak prometió a los inspectores de la ONU acceso inmediato y sin restricciones para verificar el compromiso adquirido de librarse de las armas de destrucción masiva y de los misiles de largo alcance. Irak rompió su promesa, gastando siete años mintiendo, evadiendo y molestando a los inspectores de la ONU antes de cesar con la cooperación totalmente.

Unos meses después del alto el fuego de 1991, el Consejo de Seguridad renovó dos veces su demanda de que Irak debía cooperar totalmente con los inspectores, condenando las violaciones serias de Irak con sus obligaciones.

El Consejo de Seguridad renovó su demanda nuevamente en 1994, y dos veces más en 1996, criticando duramente las claras violaciones de Irak para con sus obligaciones. El Consejo de Seguridad renovó su demanda tres veces más en 1997, citando violaciones flagrantes, y otras tres veces más en 1998, tildando de totalmente inaceptable al comportamiento de Irak. Y en 1999, la demanda volvió a ser renovada.

En esta reunión de hoy, ha pasado casi un año desde la última vez que los inspectores de la ONU pusieron sus pies en Irak, cuatro años para que el régimen iraquí haya podido planear y construir y probar tras la cortina del secreto. Sabemos que Sadam Husein intenta tener armas de destrucción masiva incluso cuando los inspectores se encontraban en su país. ¿Se supone que debemos asumir que han dejado de hacerlo cuando se marcharon los inspectores?

La historia, la lógica y los hechos nos llevan a una conclusión: el régimen de Sadam Husein es un peligro grave. Sugerir lo contrario es no enfrentarse a las evidencias. Creer en la buena fe de este régimen es apostar las vidas de millones y la paz del mundo en un juego de azar, y es un riesgo que no debemos correr.

Delegados de la Asamblea General, hemos sido más que pacientes. Hemos intentado con las sanciones. Hemos intentado con la zanahoria del petróleo por comida y con el palo de los ataques aéreos de la coalición. Pero Sadam Husein ha desafiado todos estos esfuerzos y continúa desarrollando armas de destrucción masiva.

La primera vez que estaremos completamente seguros de que Irak posee armas nucleares será, Dios no lo quiera, cuando use una. Le debemos a todos nuestros ciudadanos el hacer todo lo que esté en nuestro poder para prevenir un día en el que esto ocurra.

La conducta del régimen iraquí es una amenaza a la autoridad de la ONU y una amenaza a la paz. Irak ha respondido a una década de peticiones de la ONU con una década de desafíos. El mundo entero se enfrenta ahora a un test, y la ONU a un momento difícil y definitivo.

¿Deben ser las resoluciones de la ONU acatadas o ignoradas sin consecuencias?

¿Servirá la ONU a los propósitos de su fundación o será irrelevante?

Los Estados Unidos han ayudado a la fundación de las Naciones Unidas. Queremos que la ONU sea efectiva y respetada, y exitosa. Queremos que las resoluciones del cuerpo multilateral más importante del mundo se cumplan. Y ahora mismo estas resoluciones están siendo subvertidas unilateralmente por el régimen iraquí.

Nuestra alianza de naciones puede superar el reto dejando claro lo que ahora esperamos del régimen iraquí.

Si el régimen iraquí desea la paz, pondrá fin de inmediato y de manera incondicional a la construcción de armas de destrucción masiva, misiles de largo alcance y materiales relacionados, y destruirá los que ya ha construido

Si el régimen iraquí desea la paz, acabará inmediatamente con cualquier tipo de apoyo a los actos terroristas y actuará para acabar con ellos, como el resto de los estados a petición de las resoluciones de la ONU.

Si el régimen iraquí desea la paz, cesará la persecución de su población civil, incluyendo shiíes, kurdos, suníes, turcos y otros, de nuevo tal y como ha pedido la ONU en sus resoluciones.

Si el régimen iraquí desea la paz, tomará responsabilidades por todo el personal de la Guerra del Golfo cuyo paradero aún se desconoce. Devolverá los restos de aquellos que hayan muerto, devolverá la propiedad robada, y aceptará su responsabilidad por las pérdidas resultadas de la invasión de Irak y cooperará con los esfuerzos internacionales para resolver estas cuestiones tal y como piden las resoluciones de la ONU.

Si el régimen iraquí desea la paz, debe poner fin inmediatamente a cualquier comercio ilícito que quede fuera del programa Petróleo por alimentos. Debe aceptar la administración de la ONU de los fondos del programa para asegurarse que el dinero se usa de forma justa y para el beneficio del pueblo iraquí.

Si se dan todos estos pasos, será señal de una nueva apertura y responsabilidad de Irak y podría abrir los proyectos de la ONU para ayudar a construir un gobierno que represente a todos los Iraquíes, un Gobierno basado en el respeto a los derechos humanos, la libertad económica y unas elecciones supervisadas por la comunidad internacional.

EE UU no está en guerra con el pueblo iraquí. Ha sufrido ya demasiado tiempo de cautividad silenciosa. La libertad para el pueblo iraquí es una gran causa moral y un gran objetivo estratégico.

El pueblo de Irak lo merece. La seguridad de todas las naciones lo requiere. Las sociedades democráticas no intimidan a través de la crueldad y la conquista. Y las sociedades abiertas no amenazan al mundo con el asesinato masivo. EE UU apoya la libertad política y económica en un Irak unificado.

No podemos albergar ilusiones y eso es importante recordarlo. Sadam Husein atacó Iran en 1980 y Kuwait en 1990. Disparó misiles balísticos a Irán y Arabia Saudí, a Bahrain y a Israel. Su régimen ordenó la muerte de todas las personas de entre 15 y 70 años en ciertas aldeas kurdas del norte de Irak. Ha gaseado a muchos iraníes y 40 pueblos iraquíes.

Mi país trabajará con Naciones Unidas para hacer frente al desafío común. Si Irak nos desafía de nuevo, el mundo deberá actuar deliberada y decisivamente para hacer que Irak rinda cuentas. Trabajaremos con el consejo de Seguridad de la ONU para elaborar las resoluciones necesarias.

Pero los propósitos de EE UU no deben ser puestos en duda. Las resoluciones del Consejo de Seguridad deben ser reforzadas, las demandas de paz y seguridad deben cumplirse o la acción será inevitable y un régimen que ha perdido su legitimidad perderá también su poder.

Los acontecimientos pueden cambiar en uno o dos días. Si no actuamos para afrontar el peligro, el pueblo de Irak seguirá viviendo en una brutal sumisión. El régimen tendrá nuevo poder para intimidar, dominar y conquistar a sus vecinos, condenando a Oriente Medio a más años de derramamiento de sangre y terror. El régimen seguirá siendo inestable -la región continuará siendo inestable, con escasa esperanza de libertad y aislado del progreso de nuestro tiempo.

Con cada paso que el régimen iraquí da hacia la obtención y el desarrollo de las más terribles armas, nuestras opciones de enfrentarnos al régimen se estrechan. Si un régimen envalentonado suministra esas armas a sus aliados terroristas, los ataques del 11 de septiembre serán el preludio de mayores horrores.

Si afrontamos nuestras responsabilidades, si superamos este peligro, llegaremos a un futuro muy diferente. El pueblo de Irak saldrá de su cautiverio. Podrán unirse a un Afganistán democrático y a una Palestina democrática para inspirar reformas democráticas a todo el mundo islámico. Estas naciones podrán ser ejemplo de que un gobierno honesto, el respeto hacia la mujer y la gran tradición de enseñanza islámica pueden triunfar en Oriente Medio y más allá. Y mostraremos que la promesa de Naciones Unidas puede ser cumplida en el futuro.

Ninguno de estos resultados es seguro. Ambos se nos ponen delante. Debemos elegir entre un mundo de miedo o uno de progreso. No podemos quedarnos quietos y no hacer nada mientras los peligros acechan. Debemos actuar por nuestra propia seguridad y por los derechos y esperanzas permanentes de la humanidad.

Por herencia y por elección, EE UU actuará. Y ustedes, los delegados de Naciones Unidas, tienen el poder de actuar también.

Muchas gracias.