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¿Lavacoches o capo de la mafia?

Óscar Sánchez Fernández lleva un año preso en Italia por narcotráfico. España cree que se trata de un error, y que el verdadero narco es un uruguayo que se hizo con el DNI del catalán

Óscar Sánchez Fernández, un lavacoches de 46 años nacido en Montgat, un pueblo del Maresme barcelonés, lleva un año preso en Italia. En mayo fue condenado a 14 años de cárcel por un delito de narcotráfico. Los Fiscales de Nápoles, implacables en su lucha contra la Camorra, creen que Sánchez es uno de los jefes del tráfico de cocaína entre Italia y España. Pero se trata de un destino muy improbable para un hombre simple y no muy largo de entendederas, según afirman quienes conocen a Sánchez.

La historia se inicia un día de 2002, cuando una joven se acercó a Sánchez y le robó el DNI. En ese momento, la monótona vida del túnel de lavado iba a dar un giro radical. Aunque Sánchez no lo supo hasta el 5 de julio de 2010, el día en que fue detenido por la Guardia Civil de Montgat. Los agentes ejecutaban una orden europea de arresto emitida por los jueces de Regio Calabria, que acusaba al trabajador de ser el jefe de una banda que movía grandes cantidades de cocaína entre España e Italia.

Ante el estupor de sus jefes y paisanos, Sánchez fue extraditado a Italia por la Audiencia Nacional unas semanas después con rumbo a la cárcel romana de Rebibbia, donde quedó a la espera de ser juzgado. Ocho meses más tarde, en mayo de 2010, se celebró el juicio en Nápoles, sede de la fiscalía que había agrupado dos investigaciones distintas contra el cartel de la droga hispano-italiano: 14 años de prisión por narcotráfico. Ahora, Sánchez espera un segundo juicio por pertenencia a asociación mafiosa. De momento, el proceso ha sido aplazado hasta el 9 de septiembre gracias a las gestiones de la embajada de España en Italia, que lleva un par de meses trabajando por la liberación de Sánchez.

El cónsul, Eduardo Iglesias, ha visitado varias veces al lavacoches en la cárcel. Y está convencido de que es "ajeno a las imputaciones". "Es un hombre bueno y corto de luces, y asegura que nunca ha estado en Italia. A no ser que sea un actor consumado, es imposible que un hombre así dirija una banda de traficantes", comenta el cónsul.

El diplomático, igual que sus colegas de legación, cree que Sánchez está siendo víctima de un caso de suplantación de personalidad. La sospecha es que un capo de las mafias que trafican entre España e Italia habría utilizado desde hace años el DNI que Sánchez se dejó robar por aquella mujer.

La reconstrucción que ha hecho la embajada con ayuda de la policía científica española parece haber localizado al presunto culpable de los delitos atribuidos al lavacoches. Se trataría de Marcelo Roberto Marín Iannadrea, un hombre de 42 años y nacionalidad uruguaya que está preso en Las Palmas desde el 22 de diciembre del 2009. Fue detenido bajo las acusaciones de tráfico de drogas y falsificación de documentos. De hecho, la de Sánchez no sería la única identidad que el uruguayo habría suplantado. Los agentes le intervinieron un carnet de identidad italiano y un carnet de conducir, ambos falsos, donde había colocado su foto para hacerse pasar por un tal Alfredo Maraia.

Las autoridades españolas afirman que Marín mostró el DNI del lavacoches las tres veces que la policía italiana le siguió la pista: al registrarse en el hotel Jolly Midas de Roma en febrero de 2006, al superar un control de carretera de los Carabineros, y al dar de alta una línea de teléfono móvil con la que coordinó envíos de cocaína desde España a los clanes camorristas Bianco y Iadonisi.

La principal prueba contra Sánchez es, en todo caso, un peritaje fónico, que afirma que su voz es la misma que la del capo que fue interceptado por la policía italiana. Según la embajada, "las voces son muy distintas: Sánchez tiene acento español, y Marín tiene un marcado deje del Río de la Plata".

El problema para Sánchez es que, según el fiscal antidroga de Nápoles, Luigi Alberto Cannavale, el peritaje fue realizado "por el mejor técnico de Nápoles", y este afirmó que hay una característica común en la forma de hablar de Sánchez y la de Marín: ambos tienen dislexia.

La policía española ha realizado otro peritaje que sostiene que las voces pertenecen a distintas personas. Además, la embajada ha aportado la declaración de una mujer, compañera sentimental de Marcelo Marín, que afirma haber estado con el capo uruguayo (y no con Sánchez) en el hotel Jolly Midas de Roma en febrero de 2006. Por último, la policía española ha enviado a Italia una lista de las nóminas de la gasolinera que probarían que, en las fechas donde en teoría Sánchez estaba traficando por Italia, en realidad se encontraba trabajando en Montgat.

Su abogado presentará estas alegaciones a la juez de Nápoles, que de momento ha decidido aplazar la segunda causa contra Sánchez. Este segundo proceso, según las autoridades españolas, no podría ser realizado en cualquier caso porque Italia no ha pedido autorización a la Audiencia Nacional.

En su celda, rodeado de capos y sicarios, el ex lavacoches confía en que su pesadilla acabará cuanto antes, y quizá recordará a aquella joven que le robó el DNI y que cambió su monótona vida en el túnel de lavado por esta imprevista fama de narcotraficante.