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El peronista que más inquieta a Cristina Fernández

El popular gobernador de la provincia de Buenos Aires es el mayor rival de la presidenta argentina dentro de su partido

Daniel Scioli y Cristina Fernández, en 2011.
Daniel Scioli y Cristina Fernández, en 2011. REUTERS

Imagine por un momento que usted es gobernador de la provincia de Buenos Aires, la que aporta el 40% del Producto Interior Bruto de Argentina y el 38% de los electores. Se llama Daniel Scioli (pronúnciese Sioli) y tiene 56 años. Hasta 1997 usted no sabía lo que era moverse por los complejos laberintos emocionales del peronismo. Nadie le había instruido en el refinado arte de tirar y esquivar puñales entre compañeros de fila. Usted simplemente había estudiado marketing en la Universidad Argentina de la Empresa y se dedicaba a competir en campeonatos internacionales de lancha. La motonáutica nunca fue un deporte de masas en Argentina. Pero usted la hizo popular. En 1989 perdió el brazo derecho durante una carrera en el río Paraná. Le colocaron una prótesis y en pocos meses volvió a la competición. A una de sus lanchas le puso La Argentina y a la otra La Gran Argentina. Terminó ganando ocho campeonatos mundiales en diferentes categorías, todos ellos con la prótesis. Envuelto siempre en la bandera albiceleste se fue convirtiendo en una especie de héroe nacional. Y en 1997 se atrevió a saltar a la política. Ganó las elecciones internas del peronista Partido Justicialista, consiguió su escaño como diputado nacional durante dos legislaturas, fue secretario de Turismo y de Deporte en 2002, vicepresidente con Néstor Kirchner en 2003, gobernador de Buenos Aires en 2007 y reelecto en 2011 con el 55% de los votos, cifra récord en la provincia.

En mayo de 2012 solo le quedaba a usted por expresar en público lo que todo el mundo sabía que se moría por confesar: su deseo de ser presidente de Argentina. Dejó claro que se postularía siempre que Cristina Fernández no decidiera promover una reforma de la Constitución para optar a un tercer mandato. Pero esa aparente concesión de lealtad debida no sirvió de nada. Desde entonces arreciaron los ataques de la presidenta hacia usted. Y ahora viene la gran pregunta: ¿Cuántas vejaciones públicas estaría usted dispuesto a aguantar sin perder de vista la Casa Rosada? ¿Cómo se las arreglará para contestarle sin romper con ella?

Lo que han venido haciendo Cristina Fernández y Daniel Scioli en los últimos meses podría incluirse en un buen manual de Ciencias Políticas sobre luchas internas en cualquier formación. Fernández comenzó disparando a través de Gabriel Mariotto, el vicegobernador que le impuso en las listas a Scioli. Un día Mariotto declaró que Scioli era un “irresponsable” por anticipar su candidatura para las presidenciales de 2015, otro lo trató de “tibio” y en varias ocasiones criticó la política de seguridad de su jefe. Y cuando Scioli reclamaba deudas pendientes del Gobierno nacional a su provincia para abonar las pagas extras de los empleados públicos, era la propia Fernández quien se los denegaba en público y en público también le criticaba su gestión como gobernador. Hasta que de pronto, el pasado julio intervino Diego Armando Maradona.

Con un solo manotazo Maradona liquidó el problema Mariotto al ponerle el mote de Craviotto, un jugador argentino que no pasó a la historia del fútbol por la limpieza de su juego. Y después, arremetió contra la mismísima presidenta: “Yo digo que, como me decía Fidel: que se rompan la cabeza pero que no pague la gente. Encerrate en la Casa Rosada y jugale un partido de pingpong a Scioli, jugale una carrera, mátense a trompadas. Pero si el tipo que laburó todo el año está esperando el aguinaldo [la paga extra]… Y vos, por pelearte con uno, por pelearte con otro, lo sacás a hablar a Craviotto… Después paga la gente. La gente es la que no tiene para pagar la libreta, la libreta esa que te anota el carnicero (…) Yo la banco (apoyo) a Cristina a morir, pero Scioli es un amigo. Si [Cristina] no quiere que [Scioli] sea presidente, que no sea presidente. Pero que no pague la gente”.

Al día siguiente, Fernández se reunió con Scioli y aprobó el traspaso a la provincia de Buenos Aires de 1.500 millones de pesos (unos 170 millones de euros). Scioli ganó una batalla, pero la guerra continuó. El pasado enero, cuando el actor argentino Ricardo Darín preguntó acerca del crecimiento patrimonial de los Kirchner, Fernández contestó con una carta en Facebook donde aprovechó para atacar a Scioli. “No sólo me enteré de que [Scioli] mantiene sus ahorros en dólares (está en todo su derecho a hacerlo) sino que cuando el periodista le preguntó por el monto de sus divisas, se rehusó a contestar”. Scioli se vio obligado a responder en los medios que los dólares los necesita para viajar una vez al año al extranjero para atender el tratamiento de su brazo.

El último ataque contra Scioli se produjo esta semana cuando el vicepresidente del Gobierno, Amado Boudou, calificó de “cobardía política” los reclamos económicos de Scioli. Boudou golpeó, como lo haría un opositor, en uno de los flancos más vulnerable del gobernador: la supuesta falta de carácter. Pero sus colaboradores creen que precisamente ha sido carácter lo que nunca le faltó a Scioli. “Cuando se tuvo que juntar con Hugo Moyano [sindicalista enfrentado a Fernández] se juntó. Dijo que quería ser presidente, dijo que había que escuchar a la gente que protestaba en los cacerolazos, dijo que había que atender a la inflación. ¿Quién dentro del oficialismo se ha atrevido a tanto?”, se pregunta un alto cargo del Gabinete de la Gobernación. Olvidaba otro punto no menor: ¿Qué alto cargo se negó a atacar al grupo Clarín, el gran enemigo mediático de Fernández?

“Nunca fue fácil el camino hacia la Casa Rosada, pero Daniel terminará siendo presidente”, explica la misma fuente del Gabinete. “A partir de ahora, lo que ocurra dependerá de la economía, que como dijo Perón, es la víscera más sensible del ser humano. Nosotros estamos preparados para cualquier ataque. Pero Scioli no va a romper con Cristina. Él siempre nos dice que nunca ganó una carrera hundiendo la lancha de al lado, sino corriendo más rápido”.

De momento, las encuestas siguen soplando a favor de Scioli.

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