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La crisis migratoria impulsa a la ultraderecha austriaca

El Partido Liberal de Austria saca su mejor resultado en Viena y avanza en elecciones regionales

Sara Velert, enviada especial
Refugiados en la localidad húngara de Hegyeshalom camino de Austria y Alemania.
Refugiados en la localidad húngara de Hegyeshalom camino de Austria y Alemania. CSABA KRIZSAN (EFE)

Una lluvia de confeti azul cubre a los asistentes mientras suena Siempre Austria y Heinz-Christian Strache deja el escenario. El líder del ultranacionalista Partido Liberal de Austria (FPÖ) termina la campaña con un llamamiento a conquistar Viena, bastión socialdemócrata desde 1945. La "Revolución de Octubre", que pedía la extrema derecha desde los carteles electorales, no se consumó el domingo, pero el FPÖ logró, impulsado por la crisis migratoria, su mejor resultado en la ciudad con un 31% de votos.

El segundo puesto, aunque por debajo de lo que vaticinaban las encuestas, confirmó la línea ascendente de la formación y la pérdida de votos de los dos partidos mayoritarios, los socialdemócratas del SPÖ y los conservadores del ÖVP, que gobiernan el país en coalición y dominan la escena política desde hace décadas. “La crisis de los refugiados ha acelerado el crecimiento del FPÖ, pero la tendencia al alza ya se registra desde hace años”, explica Thomas Hofer, analista político. “El descontento con la labor de gobierno del SPÖ y ÖVP, que se neutralizan y bloquean en vez de impulsar reformas, da alas al partido de Strache”. Un voto de protesta para el FPÖ, que se alimenta también de la incertidumbre económica y del miedo al paro, de la “sensación de muchos austriacos de que el país va cuesta abajo”.

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Strache, diputado nacional de 46 años, tomó las riendas del FPÖ hace una década tras la turbulenta salida de su dirigente más conocido, Jörg Haider (fallecido en un accidente de tráfico). Bajo el liderazgo de Haider, el FPÖ logró en 2000 su mayor éxito al entrar en el Gobierno nacional de la mano de los conservadores, lo que causó fuertes protestas en la UE por la tendencia racista de los ultranacionalistas.

Alejado después del poder, el partido ha vuelto al crecimiento con Strache, que en los últimos tiempos ha evitado los eslóganes más radicales y, como la líder del Frente Nacional en Francia, Marine Le Pen, se ha distanciado de miembros del partido envueltos en polémica por comentarios nazis y xenófobos.

Además, “el FPÖ ha intentado mejorar su proyección social con propuestas de seguridad económica y empleo”, destaca Laurenz Ennser-Jedenastik, politólogo de la Universidad de Viena. Mientras busca al votante insatisfecho y de los estratos menos favorecidos, el FPÖ mantiene como principal seña de identidad un discurso antiinmigración que se ha visto reforzado con la llegada de miles de refugiados a Austria.

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Gran subida de las solicitudes de asilo

Unos 200.000 refugiados cruzaron en septiembre la frontera austriaca desde Hungría. El Gobierno del país alpino, que en un primer momento puso objeciones al plan de cuotas de la Comisión Europea, mantuvo abierta la frontera.

Situado en la ruta de migración que pasa por Grecia y los Balcanes, buena parte de los refugiados considera Austria una estación de paso hacia Alemania. Según el Gobierno, en septiembre se registraron 9.031 peticiones de asilo. Desde enero se han contabilizado 55.154 solicitudes, frente al total de 28.035 del año pasado, cuando el número creció un 60% respecto a 2013, según Eurostat.

Las proclamas a favor del cierre de las fronteras auparon el mes pasado al FPÖ a segunda fuerza en los comicios regionales de Alta Austria, donde subió 15 puntos y abrió una vía de agua por la que los conservadores perdieron 10 puntos y los socialdemócratas 6,6. Su avance ya se había apuntado en mayo con una clara mejora en otras dos elecciones regionales.

“Hay que reconocer que Strache solo tiene eso, la temática de los extranjeros, pero quiero darle una oportunidad”, comentaba antes de votar en Viena Martina O., camarera de 48 años. En las antípodas, Peter B., de 73 años, quien después de entregar su papeleta señaló: “Espero que no gane el FPÖ, cualquier cosa es mejor”.

El duelo con el alcalde de Viena, Michael Häupl, ha engordado el voto útil a favor del SPÖ y eso le ha permitido mantener a distancia a los ultranacionalistas pese a perder cinco puntos. Pero “el FPÖ sigue teniendo un gran potencial y el tema de los refugiados no va a desaparecer”, comenta Ennser-Jedenastk.

La presión sobre los grandes partidos en el Gobierno será algo menor de la esperada antes del desenlace de Viena, sostiene Hofer, “aunque si concluyen que todo va bien y no reaccionan, estarán subestimando al FPÖ”. Las elecciones generales están previstas para 2018. En las de 2013, el FPÖ sumó el 20% de los votos. Häupl, uno de los dirigentes principales del SPÖ, afirmó ayer haber entendido el mensaje de los ciudadanos y auguró cambios. El otro gran partido, el ÖVP, empezó por nombrar una nueva cúpula local en Viena.

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Sobre la firma

Sara Velert, enviada especial
Redactora de Internacional. Trabaja en EL PAÍS desde 1993, donde ha pasado también por la sección de Última Hora y ha cubierto en Valencia la información municipal, de medio ambiente y tribunales. Es licenciada en Geografía e Historia y Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS, de cuya escuela ha sido profesora de redacción.

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