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La alianza islámica lanzada por Riad se resquebraja antes de echar a andar

Pakistán, Líbano, Malasia e Indonesia matizan su implicación en el proyecto

Miembros de las fuerzas de seguridad saudíes en septiembre en La Meca.
Miembros de las fuerzas de seguridad saudíes en septiembre en La Meca. AP

La alianza militar islámica contra el terrorismo que Arabia Saudí anunció el pasado martes muestra sus primeras grietas antes incluso de haber empezado a funcionar. Pakistán, Líbano, Malasia e Indonesia han mostrado diferentes grados de sorpresa por su inclusión en un proyecto del que, al parecer, Riad no les había dado detalles. Todo apunta a que el plan se gestionó deprisa y corriendo. Mientras, Turquía y Qatar empiezan a coordinarse por su cuenta.

“Pakistán (…) está a la espera de más detalles para decidir su grado de participación en la alianza”, señala un comunicado del Ministerio de Exteriores. Poco antes el propio ministro, Aizaz Chaudhry, había puesto en evidencia la falta de información al declarar que había pedido al embajador en Riad que averiguara cómo les habían incluido en la lista de participantes.

Según el diario paquistaní Dawn, Arabia Saudí obtuvo un compromiso secreto de que Pakistán se uniría, sobre el que el Ministerio de Exteriores no estaba al tanto. Aunque el periódico se limita a decir que “hay especulaciones sobre quién dio esa garantía”, solo el poderoso Ejército resultaría creíble en una interlocución de ese tipo.

Con anterioridad, había sido Líbano el que se había sumido en la confusión. Para el pequeño y fracturado país levantino, donde un tercio de la población es cristiana y otro 40% chií, su inclusión en una alianza suní resultó especialmente controvertida. Mientras el ministro de Exteriores negaba que se hubieran unido a la misma, el primer ministro (un suní) se dedicaba a asegurar al movimiento chií Hezbolá (parte de la coalición de Gobierno libanés) de que sus milicianos no iban a ser objetivo. El presidente del Parlamento (un chií) exigía, por su parte, que el Ejecutivo debata la decisión.

Las contradicciones en Pakistán pueden atribuirse a la bicefalia civil-militar de su poder. No es el caso en Malasia, cuyo ministro de Defensa, Hishammuddin Hussein, matizó el papel de su país, aunque dijo apoyar el esfuerzo saudí. “No hay un compromiso militar, sino más bien un entendimiento de que vamos a actuar juntos para combatir a los extremistas”, declaró antes de dar a entender que el plan se había montado sobre la marcha. “Recibí una llamada de su ministro de Exteriores hace un par de días”, dijo.

Del mismo modo un portavoz del Ministerio de Exteriores de Indonesia precisó que estaban a la espera de más detalles antes de decidir si participar de alguna forma. El comunicado difundido por Arabia Saudí incluía al país con la mayor población musulmana del mundo entre una decena que apoyaban la alianza aunque no participaban directamente en ella.

Ya el pasado marzo Riad intentó que Pakistán, Egipto y Sudán, tres países de mayoría musulmana con los que mantiene buenas relaciones y que cuentan con nutridos Ejércitos, contribuyeran con tropas a la Operación Tormenta Decisiva sobre Yemen. Ninguno de ellos mostró una especial disposición y sólo tras intensas gestiones saudíes, El Cairo y Jartum han enviado recientemente 800 y 400 soldados, respectivamente, a ese esfuerzo. Pakistán ha salvado el compromiso con una nueva fase de entrenamiento de fuerzas especiales saudíes en tareas antiterroristas.

Tal vez para evitar un nuevo feo por parte de Egipto, el país más poblado del mundo árabe y en el pasado su líder, el viceheredero y ministro de Defensa saudí, viajó a El Cairo poco después de presentar su alianza islámica contra el terrorismo. Allí anunció un nuevo paquete de ayuda e inversiones por valor de 7.500 millones de euros para los próximos cinco años.

Mientras, Turquía anunció el miércoles que va a establecer una base con 3.000 soldados en Qatar como parte de un acuerdo de defensa destinado a defenderse de los “enemigos comunes”. Aunque se trata de un asunto bilateral sin relación con el plan saudí, su mera realización parece indicar que estos países no dependen del liderazgo de Riad para tomar sus propias decisiones de defensa.

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