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China condena a cadena perpetua a la mano derecha del expresidente Hu Jintao

Ling Jihua, ex jefe de Gabinete, ha sido declarado culpable de corrupción y abuso de poder

Primero fue el sector petrolero. Después vino el Ejército. Y ahora también la Liga Juvenil del Partido Comunista de China, uno de los grandes grupos de poder dentro de esta formación al frente del régimen, ha recibido una seria advertencia de que se encuentra en el punto de mira de las autoridades. La antigua mano derecha del presidente chino Hu Jintao, Ling Jihua, uno de los representantes más destacados de esta facción, ha quedado sentenciado a cadena perpetua por delitos de corrupción, abuso de poder y obtención de secretos de Estado de manera ilegal.

Ling Jihua en una reunión en Pekín, en una foto de archivo de 2013.
Ling Jihua en una reunión en Pekín, en una foto de archivo de 2013. REUTERS

Según el Tribunal Popular Intermedio de Tianjin, (a unos 200 kilómetros al sureste de Pekín), citado por la agencia oficial china Xinhua, Ling aceptó sobornos por valor de unos 11 millones de dólares, bien personalmente o bien a través de miembros de su familia. El antiguo alto funcionario ha aceptado el veredicto de culpabilidad y no piensa apelar.

Ling había sido una de las estrellas en ascenso del Partido Comunista en los años del mandato de su protector, Hu Jintao, con el que llegó a ocupar la dirección del Departamento de Asuntos Generales del Comité Central del Partido Comunista. Pese a su nombre anodino, este departamento acumula un enorme poder dentro del PCCh: es el encargado de poner en práctica las directrices políticas que llegan desde lo más alto y desempeña un importante papel en la circulación de la información interna. A su frente suele estar un hombre de la mayor confianza del secretario general.

Hasta 2012, dentro del proceso de transición que llevó a Xi Jinping a la secretaría general del partido y la jefatura del Estado, el nombre de Ling figuraba en todas las barajas para una promoción a alguno de los cargos más altos del régimen. Pero en marzo de aquel año su hijo de 23 años, Ling Gu, se mató en un accidente de tráfico mientras conducía a toda velocidad un Ferrari en la noche pekinesa. Aquel incidente, que Ling trató de encubrir sin éxito, supuso un fuerte escándalo en China y bloqueó la carrera del alto cargo; en lugar de una promoción, fue reducido a ocupar dos cargos de menor importancia, la vicepresidencia del Consejo Consultivo Político Popular (similar al Senado) y la dirección del departamento encargado de las relaciones con partidos no comunistas.

En 2014 se confirmaba su caída en desgracia definitiva, con el anuncio de la apertura de una investigación contra él por posible corrupción. En 2015 se anunciaba su expulsión del Partido Comunista.

Su dura condena representa, a juicio del historiador Zhang Lifang, una advertencia para la Liga Juvenil Comunista, la base de poder de Hu Jintao y que tiene hoy día en el primer ministro, Li Keqiang, a su principal representante en los niveles más altos de mando en el país. La influencia de esta facción ejerce de relativo contrapeso a la fuerza de Xi Jinping, el mandatario que más competencias ha acaparado en China desde los tiempos de Mao Zedong. Pero, a medida que se acerca el 19 Congreso del Partido el año próximo, cuando la formación relevará a la mayoría de sus más altos cargos y cuando deberían perfilarse los sucesores de Xi y de Li, se ha ido encontrando en el punto de mira.

El año pasado, Xi Jinping criticó a los líderes de la Liga por ser demasiado “aristocráticos”. El organismo encargado de la disciplina interna del partido, la Comisión Central para la Inspección de la Disciplina, despachó también el año pasado un equipo de funcionarios para investigar posibles casos de corrupción en esa organización. El pasado abril, la Comisión le acusó de haber perdido de vista su misión como guía de la juventud china.

“Este veredicto es una muestra de fuerza ante las facciones internas del Partido, especialmente la Liga Juvenil. Creo que a corto plazo, desde ahora y hasta el XIX Congreso, la campaña de corrupción se caracterizará por este tipo de golpes de fuerza”, afirma Zhang.

Esta campaña, que Xi Jinping puso en marcha inmediatamente tras su llegada al poder para atajar una de las grandes lacras del sistema de gobierno chino, ha servido para generar al jefe de Estado una enorme popularidad entre los ciudadanos. Pero también para neutralizar a posibles enemigos internos, como el antiguo secretario general del Partido en la megalópolis de Chongqing Bo Xilai, el exjefe de los servicios de seguridad Zhou Yongkang —que contaba con grandes conexiones en el sector petrolero— o el exjefe militar Xu Caihou.

Las informaciones distribuidas por los medios oficiales sobre el juicio a Ling no hacen mención del hermano menor del exfuncionario, Ling Wangcheng. Aparentemente ha conseguido escapar a Estados Unidos llevando consigo información sensible. China, según han publicado medios estadounidenses, está interesada en conseguir su extradición, aunque Pekín nunca lo ha confirmado oficialmente.

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