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El PD de Renzi se estrella en las capitales de provincia de Italia

La segunda vuelta de las municipales otorga una gran victoria a la coalición de centroderecha, incluyendo Génova, el gran feudo de la izquierda

Marco Bucci, vencedor en Génova de la coalición de centroderecha formada por Liga Norte y Forza Italia.
Marco Bucci, vencedor en Génova de la coalición de centroderecha formada por Liga Norte y Forza Italia. AP

Algunos dirán que unas elecciones locales no determinan el voto de unas generales. Y seguramente serán aquellos que las han perdido. Este domingo Italia pudo contemplar como el Partido Democrático (PD) de Matteo Renzi se daba un batacazo tremendo en la segunda vuelta de las elecciones municipales. Había en juego 25 capitales de provincia, entre las que se contaban ciudades como Verona, Parma o Génova, una histórica plaza de la izquierda en Italia desde hace décadas. Pero el PD se quedó en sólo siete Ayuntamientos de los 16 que tenía, incluyendo en esta debacle su gran feudo en el noroeste. “Podría haber ido mejor”, admitió Renzi, futuro candidato a liderar el país.

Descartados los grillistas del M5S para la segunda vuelta, el gran vencedor fue la coalición de centroderecha formada por La Liga Norte de Matteo Salvini y Forza Italia de Silvio Berlusconi. Empezando por Génova, que cambia de signo desde finales de la Segunda Guerra Mundial, y pasando por Verona o la devastada L’Aquila, la derecha se llevó 16 de las capitales de provincia en juego, 10 más de las que obtuvo en 2012. Una abrumadora victoria que obliga al PD, obsesionado en los últimos meses con el M5S y su meteórico ascenso, a tomarse mucho más en serio la amenaza de una posible coalición de centroderecha de cara a las elecciones Generales, que aunque es muy posible que se adelanten, están oficialmente programadas para 2018.

El desinterés por estas elecciones es evidente. La afluencia fue del 46,03%, frente al 58% de la primera vuelta. Un dato que habla de nuevo de la falta de vigor de la mayoría de propuestas políticas desplegadas en los últimos meses, de la nula capacidad de comunicación política de los partidos y de un cierto hastío por las formaciones que se presentan, incluyendo a los más nuevos como el M5S, que solo se ha llevado dos de las capitales de provincia en liza y ha visto como en lugares como Parma, donde llegó a gobernar, un exdirigente grillista como Federico Pizzarotti, conquistaba su segundo mandato.

Renzi sostiene que la imagen general de las elecciones, donde había en juego otros cientos de pequeños Ayuntamientos, es mucho más compleja que el análisis de las capitales. “Los resultados son una mancha de leopardo. En el número total de alcaldes ganamos nosotros, pero podía ir mejor. […] Obviamente los comentarios esta semana serán apocalípticos. Pero las elecciones administrativas [municipales] son otra cosa que las políticas [generales]”.

La realidad es que Silvio Berlusconi y Matteo Salvini han acercado posturas en las últimas semanas, pero sin todavía determinar quien sería el candidato que lideraría una posible fuerza común. Y mientras tanto, en el PD, más allá del fantasma de Romano Prodi que planea estos días en la prensa, no se visualiza a nadie capaz de unir a todas las corrientes de izquierda, que han demostrado una capacidad innata para apuñalarse a las primeras de cambio. Al tiempo que se acercan las elecciones generales, que se celebrarán como muy tarde después de Navidad, Renzi irá descubriendo si su candidatura se parece más a la del francés Emmanuel Macron, como él sostiene, o a la de otros candidatos socialistas europeos que se han dejado las plumas por el camino como Benoît Hamon.