Obama y Hollande forjan una alianza por el crecimiento fuerte en Europa

Impulsar el crecimiento económico europeo es una prioridad de la Administración norteamericana

El presidente de Francia François Hollande durante la reunión con su homólogo estadounidense Barack Obama en el despacho Oval. / BRENDAN HOFFMAN (AFP)

Barack Obama y François Hollande, en su primer encuentro como presidentes, destacaron este viernes la necesidad de abordar urgentemente la crisis económica europea desde una perspectiva diferente, acompañando las medidas de ajuste presupuestario con otras iniciativas para impulsar la actividad económica y crear empleos. Los dos líderes manifestaron una “convergencia” sobre esa estrategia, así como en la necesidad de que Grecia continúe perteneciendo a la zona euro.

En una entrevista bilateral celebrada en la Casa Blanca pocas horas antes de que ambos viajaran hasta la residencia de Camp David para participar en la cumbre del G-8, Obama y Hollande dieron el primer paso en lo que puede ser una larga amistad. Tienen ideologías hermanas, una visión aproximada del mundo y, salvando la distancia histórica que puede separar a un presidente norteamericano de un líder de la izquierda francesa, confesaron compartir recetas para los problemas más acuciantes de Europa.

“El crecimiento debe de ser una prioridad, al tiempo que ponemos en marcha medidas fiscales para mejorar nuestras finanzas. Sobre esto, el presidente Obama ha señalado una convergencia”, declaró Hollande al final de la reunión. “La consolidación fiscal debe de ir acompañada con un fuerte programa de crecimiento”, certificó Obama.

El presidente estadounidense destacó que la solución de la crisis europea es de “una extraordinaria importancia”, no solo para los europeos, sino para la estabilidad de toda la economía mundial. Si Obama pudo ayer reunirse con Hollande es porque éste ha derrotado recientemente en las urnas a Nicolas Sarkozy, que corrió la misma suerte que casi todos los líderes europeos que se han sometido a las elecciones en los últimos tres años. Obama no está seguro de que esa ola no se lo lleve también a él por delante en noviembre si antes no consigue mejorar los resultados de su gestión económica, lo que a su vez parece imposible si Europa, el principal socio comercial de EE UU, sigue hundida en la recesión.

Impulsar el crecimiento económico europeo es, pues, en estos momentos una prioridad de la Administración norteamericana. “Hacemos frente a desafíos urgentes: crear puestos de trabajo, resolver la situación en la eurozona, sostener la recuperación económica mundial”, señaló Obama como objetivos de la conferencia del G-8.

Hollande puede ser un aliado en esa tarea. Y Obama, a su vez, puede ser el mejor socio posible del presidente francés de cara a una difícil negociación con la canciller alemana, Angela Merkel. Por supuesto, Obama no quiere entrometerse en ese duelo. Preguntado al respecto, el consejero nacional de Seguridad, Tom Donilon, dijo el jueves que el propósito del presidente estadounidense “no es explotar las diferencias” entre Hollande y Merkel. Pero sí es aprovechar la presencia de Hollande para respaldar una política que antes no encontraba buena audiencia en Europa. “La naturaleza de las conversaciones”, declaró Donilon sobre la reunión del G-8, “será la búsqueda de un objetivo coherente y común sobre el tratamiento de la crisis en Europa y la creación de un camino hacia una recuperación sostenible”.

El primer gran obstáculo en ese camino se llama Grecia. Mientras los líderes de las mayores economías del mundo se reúnen en Camp David, la residencia presidencial a 100 kilómetros de Washington, los griegos sacan el dinero de los bancos ante el peligro inminente de que su país se declare en suspensión de pagos y vuelva a imprimir su moneda. Evitar ese desastre, que podría arrastrar una serie de nuevas calamidades económicas en el continente, ha sido señalado como una prioridad por los gobernantes de Francia y EE UU. “Tenemos la misma convicción de que Grecia debe continuar en la zona euro, y todos tenemos que hacer todo lo posible para conseguirlo”, declaró Hollande.

El viernes por la noche, Obama y Hollande se encontrarán con el otro poder decisivo en este asunto: Merkel. La canciller alemana llega a esta cita algo debilitada por recientes traspiés electorales y, aparentemente, más predispuesta que en citas anteriores a escuchar nuevas fórmulas para Europa.

Aunque aliados en Camp David, Obama y Hollande pueden ser rivales 24 horas más tarde en Chicago. El sábado, la mayor parte de los líderes del G-8 se trasladarán a la ciudad de adopción de Obama para participar en la cumbre de la OTAN, donde el tema central será el de la búsqueda de un respaldo para la estrategia de EE UU en Afganistán.

Hollande llega a esa reunión precedido de su promesa electoral de retirar las tropas francesas de Afganistán a final de este año. En su entrevista con Obama ratificó esa posición, pero dejó la puerta abierta a colaborar en Afganistán con otros medios. “Siempre habrá un apoyo de alguna otra forma, nuestro respaldo será con un formato diferente”, declaró el presidente francés. El año próximo, la misión de la OTAN en ese país pasa a ser simplemente de apoyo a las fuerzas afganas, lo que podría permitir la presencia francesa con instructores o personal civil.

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