Chávez junto a militares en 2008. / REUTERS

La primera aparición de Hugo Chávez en televisión ocurrió en la mañana del 4 de febrero de 1992, cuando llamó a la rendición de los oficiales que le acompañaron en la intentona golpista que él comandó, esa misma madrugada, contra el Gobierno de Carlos Andrés Pérez. “Compañeros, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. […] Oigan mi palabra, oigan al comandante Chávez, que les lanza este mensaje para que, por favor, reflexionen y depongan las armas. […] Yo, ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano”, les dijo. El comandante Chávez no logró tomar el Palacio de Gobierno de Miraflores, en Caracas, mientras sus compañeros sí controlaban las guarniciones militares más importantes del país. Pero Chávez dijo “por ahora” y esas palabras, transmitidas a través de todas las cadenas de televisión del país, convirtieron la derrota militar que daba al traste con décadas de conspiración, en su primera victoria política.

Hugo Rafael Chávez Frías (Sabaneta de Barinas, 28 de julio de 1954) se apuntó a la Academia Militar en agosto de 1971, persuadido por la idea de que así podría dejar su pueblo natal e irse a la capital, Caracas, donde se esforzaría por captar la atención de un cazador de talentos de la liga americana de béisbol. Él quería ser lanzador. Y lo fue: en el anuario su promoción, la primera de licenciados en Ciencias y Artes Militares de Venezuela, se le recuerda como el zurdo Furia, “el mejor lanzador” del Ejército y “excelente primera base”. A la par de su carrera deportiva y militar, bajo la tutela de su hermano Adán, comenzó a vincularse con movimientos políticos de izquierda y a tejer conspiraciones para desbancar al sistema de bipartidista y hacerse del poder. Dos de sus sueños se habían hecho realidad cuando pudo lanzar la primera bola de un partido en el antiguo Shea Stadium de los Mets de Nueva York, seis meses después de convertirse en presidente de Venezuela. Ese día lanzó y se quedó en el terreno de juego un rato más de lo pautado, saludando a la multitud.

Chávez ganó sus primeras elecciones el 6 de diciembre de 1998 con el 56,44% de los votos y como candidato del Movimiento V República (MVR). Entonces, de acuerdo con las encuestas, dos tercios de los venezolanos no creían en los partidos políticos como institución y a ellos, les propuso refundar el Estado y acabar con las corruptelas. Una vez en la Presidencia, su primer decreto consistió en la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Durante el primer año de su Gobierno contó con el consenso de las clases medias y pobres, de grupos empresariales, de la mayoría de los partidos políticos de izquierda, de los medios de comunicación.

La Constitución redactada por esta asamblea y aprobada en 1999 estableció, en otras reformas, el cambio de nombre de la república, la creación del Poder Moral y del Poder Electoral, la garantía de vivienda y trabajo para todos los venezolanos, la prolongación del periodo presidencial de cinco a seis años y la obligación de que todos los poderes fuesen relegitimados en los meses siguientes. En las elecciones por la relegitimación, el 30 de julio de 2000, Chávez fue elegido por segunda vez presidente con el 59,76%. Su partido también obtuvo mayoría en el Parlamento y esta mayoría eligió, a su vez, a los integrantes de los tres poderes restantes: el Judicial, el Moral y el Electoral.

Lo que de antemano molestaba a la oposición del carácter de Chávez y de su forma de gobernar se hizo intolerable entre los años 2000 y 2002: sus constantes alocuciones en “cadena nacional” de radio y televisión, vestido de uniforme militar; sus decisiones sorpresivas, unilaterales; la descalificación de quienes le adversaban. En diciembre de 2001, el presidente decretó un conjunto de 49 leyes que aumentaban el poder del Estado, investido como estaba con poderes legislativos especiales, a través de una Ley Habilitante que aprobó la mayoría oficialista en el Parlamento. El 7 de abril de 2002, despidió por televisión, en directo, a toda la alta gerencia de la estatal Petróleos de Venezuela, que explota y comercializa el crudo con el que se financia más del 60% del presupuesto del país. Todo esto generó un primer cisma entre las filas del chavismo. El país se dividió entonces en dos polos, hasta ahora irreconciliables, y lo que siguió fue un largo periodo de protestas en las calles.

El 11 de abril de 2002, miles de venezolanos marcharon hacia el Palacio de Miraflores para pedir la renuncia del presidente. Hubo muertos y heridos. La jornada terminó en un golpe de Estado que derrocó a Chávez por 48 horas, ejecutado por el alto mando militar y la cúpula empresarial del país. El día 13, un grupo de oficiales leales al Gobierno rescataron al presidente de la isla donde fue llevado detenido por los golpistas.

En diciembre de ese mismo año, las federaciones de empresarios y trabajadores del país convocaron a una huelga general, a la que se sumó buena parte de la nómina de PDVSA. El país estuvo paralizado durante varios meses: cerraron las escuelas, había escasez de alimentos y de combustibles, y los buques que transportaban el petróleo venezolano quedaron atracados en altamar.

Poco a poco, el Gobierno logró tomar el control de la situación y a partir de entonces, Chávez quedó persuadido de la necesidad de controlar todos los “sectores estratégicos” de la nación: la industria petrolera, la producción y comercialización de los alimentos, las telecomunicaciones, los servicios públicos. El golpe de Estado de 2002 como la huelga general le otorgaron la oportunidad de vaciar de opositores tanto a la Fuerza Armada Nacional como a PDVSA, la empresa que mueve la economía local. En 2003, amenazado por la convocatoria de un referendo revocatorio en su contra, creó las “misiones bolivarianas” Barrio Adentro, Robinson, Sucre: un conjunto de programas sociales dedicados a la atención primaria en salud y a la educación de los más pobres, que desde entonces se convirtieron en bandera de su Gobierno. Cuando llegó el día del referendo, en agosto de 2004, Chávez volvió a arrasar, con el 59,10% de los votos.

Al tiempo que Chávez consolidaba su poder político interno, el país experimentó un boom petrolero comparable al de la década de los setenta del siglo XX, un periodo recordado como el de la “Venezuela saudí”, cuando Carlos Andrés Pérez estaba en su primer Gobierno. Entre los años 2005 y 2008, el barril de crudo venezolano llegó a cotizarse en más de 124 dólares. El dinero del petróleo permitió mantener un gasto público sostenido y contribuyó a aceitar el liderazgo personal de Hugo Chávez en América Latina. Desde entonces, independientemente de cómo se cotice el producto en el mercado mundial, Venezuela vende petróleo a los países amigos a un precio fijo de 40 dólares por barril, pagadero a plazos, con un 1% de interés; y a los países de la región hostiles a su política, con excepción de Estados Unidos, ha llegado a cortarles el suministro.

Con el transcurso de los años, Hugo Chávez fue alargando el plazo para abandonar la presidencia de Venezuela. “Ustedes ya saben, yo me voy en el 2021”, dijo cuando fue electo para un primer periodo de cinco años, y luego fue postergando aún más la fecha: “…hasta el 2031”, “…hasta el 2049”, “…hasta que Dios me dé vida”. En febrero de 2009, Chávez promovió una enmienda a la Constitución, que fue aprobada en referendo popular y estableció, entre otras reformas, la reelección presidencial indefinida. Esto le permitió presentarse a las elecciones del 7 de octubre de 2012, que ganó con el 55,07% de los votos, con la expectativa de gobernar hasta el año 2019 y completar un periodo de 20 años consecutivos en el poder.

Solo la enfermedad logró trastocar sus planes. En junio de 2011, el presidente-comandante fue diagnosticado de cáncer y sometido, desde entonces, a cuatro cirugías y a meses de quimio y radioterapias. Mientras duró su convalecencia, se negó a revelar los detalles de su enfermedad y a delegar plenamente su poder. Solo cuando creyó inminente su muerte, encargó temporalmente del Gobierno a su vicepresidente y canciller, Nicolás Maduro, y le pidió “de corazón” a sus seguidores que lo eligieran presidente en caso de que él ya no pudiera llevar las riendas de la revolución.

Hugo Rafael Chávez Frías era el segundo de seis hermanos, hijo de los maestros de escuela Hugo de los Reyes Chávez y Elena Frías y padre de Rosa Virginia, María Gabriela, Hugo Alejandro y Rosinés. Todos le sobreviven.

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