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“La comunidad internacional le ha fallado a los niños sirios, es una vergüenza”

El director de UNICEF reprocha al mundo que por su dejadez hay un millón de niños sirios refugiados

768.000 tienen menos de 11 años, según las cifras de UNICEF y ACNUR

"QUIERO VIVIR EN PAZ Y REGRESAR A LA ESCUELA".  Niños sirios relatan su experiencia como refugiados en el campo de Zaatari (Jordania).

El director ejecutivo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Anthony Lake, ha hecho sonrojar a la comunidad internacional. Este viernes, desde Ginebra, ha reprochado al mundo que por su dejadez hay ya un millón de niños sirios refugiados fuera de su país, esto es, la mitad de los exiliados sirios son hoy menores de edad. Y el mundo desarrollado no ha hecho nada por evitarlo. “Todos debemos compartir esta vergüenza porque mientras sólo unos pocos trabajan para aliviar el sufrimiento de los afectados por esta crisis, la comunidad internacional ha fallado en su responsabilidad con los niños sirios (…) Debemos parar y preguntarnos, en conciencia, cómo podemos seguir fallándoles”, ha manifestado.

Habrá quien diga que su propia institución puede hacer más. Lake, acompañado del máximo responsable del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Antonio Guterres, sólo ha recordado un dato: disponen del 40% del dinero que necesitarían realmente para asistir a las víctimas. Son necesarios 355 millones de euros para hacer frente a las necesidades de la infancia en Siria, donde hay al menos dos millones de niños desplazados internos (83 millones) y en la región (272 millones) para el presente año. El dinero de los países no está llegando y sus Gobiernos tampoco buscan soluciones políticas que eviten la huida y la muerte.

En este tiempo, ACNUR y UNICEF han repartido 2,3 millones de vacunas contra el sarampión, han dado atención social y psicológica a 39.000 niños y han tratado de continuar con la educación de 268.000, apenas un cuarto del total de desplazados.

La contundencia de las cifras es terrible, un “hito vergonzoso”, insisten. De ese millón de niños refugiados en Jordania, Líbano, Turquía o Irak, esencialmente, 768.000 tienen menos de 11 años. 7.000 menores más han muerto en los dos años y medio del conflicto que vive Siria, que ya ha enterrado a más de 100.000 personas. También está moribundo su futuro. “Está en juego la supervivencia y el bienestar de una generación de inocentes”, ha replicado Guterres. El peligro proviene del riesgo de desnutrición, de las enfermedades en el camino, de los “traumas” y la “desesperanza” que arrastran los pequeños ya aún antes de cruzar cualquier frontera.

Sostienen los organismos de la ONU que se están dando casos de “explotación sexual, matrimonios y trabajos forzados y tráfico de menores”. “No estamos hablando sólo de números sino que estamos ante una forma real de arrancar a los niños de sus hogares y, en algunos casos, de sus familias, enfrentándolos a horrores que apenas estamos empezando a comprender”, advierte Lake.

Save The Children, el pasado marzo, elaboró un informe coincidiendo con los dos años de conflicto en el que señalaba que los pequeños que aún siguen dentro de Siria son usados por grupos armados, de los dos bandos, oficiales y rebeldes, como porteadores en zonas de choque directo o incluso como escudos humanos.

Sólo hace unas semanas, UNRWA, el organismo de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos, explicaba que hay más de 200 familias que han escapado hasta Gaza, cambiando un conflicto por otro algo más leve. Han entrado por Egipto y ahora se encuentran con un elevado coste de vida y casi sin posibilidad de empleo. La media de niños es de cuatro por familia.

Siria protagoniza hoy la peor crisis de refugiados del mundo en los últimos 20 años. No se veía nada igual desde el genocidio de Ruanda de 1994. El flanco más complicado estos días sigue siendo el noreste, donde se mantiene el flujo de sirios que caminan hacia el Kurdistán semiautónomo. Médicos Sin Fronteras sostiene que finalmente son 42.300 los refugiados llegados desde el pasado 15 de agosto, huyendo de los bombardeos y la presión yihadista y aprovechando la apertura de un nuevo paso sobre el río Tigris. La ONG mantiene puestos de ayuda a ambos lados de la frontera y está detectando, sobre todos, problemas de deshidratación por las largas caminatas y la ausencia de víveres. Un portavoz del Gobierno de Massoud Barzani teme que los islamistas estén llevando a cabo “matanzas de las que aún no hay noticia” en las villas en suelo sirio de mayoría kurda.

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