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50 objetivos para los ‘Tomahawk’

La intervención que planea EE UU tendría como objetivo las unidades capaces de lanzar armas químicas, no la caída del régimen

Imagen de archivo del USS Gravely.
Imagen de archivo del USS Gravely. AFP

La operación militar que tiene en mente el presidente de EE UU contra Siria no tiene como objetivo la caída del régimen de Bachar el Asad, sino “disuadir y degradar” la capacidad del Gobierno sirio de lanzar ataques químicos como el que la semana pasada se cobró la vida de cientos de personas en varios suburbios de Damasco, como denuncia la oposición al régimen sirio. Además, según el diario estadounidense The New York Times, que cita a fuentes oficiales, la acción militar pretendería también forzar al presidente El Asad a sentarse en una mesa de negociaciones.

Según las fuentes citadas por el diario neoyorquino, el ataque será “limitado”, de apenas uno o dos días de lanzamientos de misiles Tomahawk desde los buques de guerra de EE UU estacionados en el Mediterráneo oriental. Esos misiles, con una capacidad destructiva limitada y no demasiado eficaces contra blancos móviles o búnkeres, no apuntarían a los arsenales de armas químicas, pues eso entraña riesgos tanto humanos como medioambientales, por no hablar de que grupos rebeldes podrían aprovechar para hacerse con parte de esas armas, siempre que quedasen útiles tras el bombardeo. En vez de eso, los bombardeos, continúa el diario, tendrían como objetivo las unidades militares que han llevado a cabo los ataques químicos, los cuarteles generales desde donde se dirige a esas fuerzas y los misiles y artillería en cuyas cabezas se montaron las armas químicas.

Una de las fuentes del New York Times afirma que la lista inicial incluye unos 50 objetivos, incluyendo bases de helicópteros de fabricación rusa. También están en la lista centros de mando y control así como objetivos militares convencionales. Afirma que cada uno de los objetivos recibiría el impacto de dos o tres misiles, un castigo mucho menos severo que el aplicado por el ejército estadounidense en otras campañas aéreas como Kosovo o Libia. No estaría entre los objetivos lanzar misiles contra pistas aéreas para impedir la llegada de suministros militares desde Irán, uno de los pocos sostenes del régimen.

Los ataques serían lanzados, dice el diario, desde cualquiera de los destructores de la clase Arleigh-Burke desplegados dentro de un radio de alcance con Siria: el Mahan, el Barry, el Gravely y el Ramage. Cada uno está equipado con dos docenas de misiles Tomahawk, un proyectil de gran precisión y de vuelo bajo que puede ser lanzado desde distancias de hasta 1.000 millas (1.600 kilómetros). Ya se han usado en las camnpañas de Afganistán, en Irak y en Libia. También hay submarinos equipados con ellos y se presume que estarán por la zona.

Algunos de los objetivos serían sistemas de doble uso, como piezas de artillería capaz de lanzar armas químicas y convencionales. Aunque eliminar esas piezas rebajaría algo la potencia militar convencional del régimen de El Asad, serían necesarios días e incluso semanas de bombardeos para realmente afectar la infraestructura militar siria.

De hecho, la portavoz del departamento de Estado Marie Harf dijo ayer que el objetivo de la ofensiva no sería “un cambio de régimen”. El propio Gobierno de Obama reconoce que la acción no servirá para que se cumpla la petición de retirada que ha formulado reiteradas veces a El Asad, pero no tiene intención de embarcarse en una guerra civil en Oriente Próximo. Algunos legisladores han advertido al Gobierno que un ataque como el descrito, de carácter meramente simbólico, dejará intacta la capacidad del régimen de castigar a la población con armas convencionales, no contribuirá a reducir la violencia en el país ni a reducir el flujo de refugiados ni llevará a El Asad a negociar seriamente.

No obstante, algunos legisladores prevén que la ofensiva vaya más allá. Un congresista demócrata miembro del Comité de Exteriores sugirió ayer que el ataque podría extenderse también a la fuerza aérea siria, sus aparatos, municiones y combustibles para “inclinar la guerra a favor de los rebeldes”. Por su parte, un socio de Atlantic Council, un think tank estadounidense ha propuesto que el ejército estadounidense destruya en buena medida la artillería siria para que no pueda ser usada contra la población.

Algunas fuentes citadas por el diario han expresado su temor a que el ataque estadounidense empuje a la guerrilla de Hezbolá a intensificar su actividad terrorista en la región o a que El Asad incendie la zona con ataques en Jordania o Turquía, de lo que no se cansan de advertir Irán o Rusia, o que incremente el castigo a la población civil.

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