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La dependencia del capital exterior, punto débil de Rusia

El país debe refinanciar 127.000 millones de deuda externa en el próximo año

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Un cliente sale de una sede de Gazprombank. Bloomberg

“Mucha gente es consciente de la fuerte dependencia de Rusia de la [exportación de] energía pero no tanto de su enorme dependencia de capital exterior”, advierte desde Washington, en conversación telefónica, Lubomir Mitov, economista jefe para Europa del Este del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), la asociación que agrupa a los principales bancos privados del mundo. La dependencia financiera es el gran talón de Aquiles de la economía rusa. Tanto que entre 2000 y 2013 el saldo positivo de la balanza exterior (el superávit por cuenta corriente) pasó del 18% al 1,6% del PIB, pese al aumento del precio del petróleo durante la mayor parte de esos años. No es extraño que sea hacia ese punto débil donde se dirige el grueso de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea.

Según los cálculos de Bridgewater (el mayor fondo de alto riesgo del mundo), Rusia tiene que hacer frente a vencimientos de la deuda exterior en los próximos 12 meses por unos 127.000 millones de euros, “lo que implica el reto de refinanciarla con deuda a corto plazo o buscar fuentes de financiación domésticas”, señala Bridgewater en una nota a clientes de esta semana.

Es verdad que el país cuenta con reservas suficientes para hacer frente a dificultades añadidas de acceso a la financiación —por unos 360.000 millones de euros— y que, en último extremo, “el banco central puede imprimir tantos rublos como quiera si es el caso”, recuerda Mitov, aunque ello implicaría una tremenda depreciación de la divisa y la escalada de la inflación. “No es nuestro escenario central pero es el mismo camino que utilizaron para salir de la crisis de 2008 y 2009”, explica el economista del IIF.

El superávit de la balanza exterior ha pasado del 18% al 1,6% del PIB

Pero el miedo a quedar atrapado en el laberinto de las sanciones a Rusia ya se deja sentir entre los inversores extranjeros. Por primera vez desde 2008, el saldo neto de flujos de capital extranjero es negativo; unos 54.000 millones de euros han abandonado el país en el primer semestre y las nuevas previsiones estiman que la cifra ascenderá a 97.000 millones a finales de año.

El banco central ha subido los tipos de interés hasta el 8% para frenar la caída del rublo, con el consiguiente encarecimiento de la financiación para empresas y bancos. “El crédito se está contrayendo desde marzo y la inversión y las importaciones se han colapsado”, recuerda Lubomir Mitov, al caer un -6,1% y -3%, respectivamente, según datos del Fondo Monetario Internacional. La situación previsiblemente irá a más. Uno de los bancos sancionados, VEB, dependía tradicionalmente de los mercados de EE UU para financiarse; las petroleras Rosneft y Novatek están embarcadas en ambiciosos proyectos en el Ártico y en Siberia, cuya financiación ahora se complica. “Dadas las agresivas sentencias de los jueces estadounidenses contra los inversores en Irán y Sudán, la aversión al riesgo de los inversores internacionales ha aumentado considerablemente”, advierte el IIF.

Los inversores temen el precedente iraní y las condenas judiciales en EE UU

Rusia canceló este martes una subasta de deuda ante “las desfavorables condiciones del mercado”, admitía el Ministerio de Finanzas al afrontar la mayor subida mensual del coste de financiación del Estado desde mayo de 2009. Es la cuarta emisión pública cancelada en lo que va de año.

“Las sanciones van a tener probablemente gran impacto, ahora que la economía y el sistema financiero rusos se han vuelto tan interdependientes de la economía global, una situación que no existía durante la Guerra Fría”, aseguran los analistas de Citigroup en un informe. Porque, como sentenciaba recientemente un antiguo responsable financiero internacional, “uno no puede jugar a ser la Unión Soviética y querer ser una economía globalizada al mismo tiempo”.