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La revolución del primer ministro japonés encalla

Busca convertir los comicios de diciembre en un referéndum sobre su política económica

Shinzo Abe (centro) en un acto del Partido Liberal Demócrata el viernes para presentar la campaña para los comicios de diciembre Ampliar foto
Shinzo Abe (centro) en un acto del Partido Liberal Demócrata el viernes para presentar la campaña para los comicios de diciembre REUTERS

¿Qué induce a un Gobierno con una muy amplia mayoría absoluta en el Parlamento, una popularidad considerable y una tasa de paro del 3,6% a convocar elecciones anticipadas cuando lleva menos de dos años en el poder? Esa es la pregunta del millón en Japón, donde el primer ministro, Shinzo Abe, ha disuelto la Cámara baja y llamado a comicios para el 14 de diciembre. “Es la economía, estúpido”, viene a ser la clintoniana respuesta oficial. Aunque también hay mucho de cálculo político.

“Los últimos indicadores han sido decepcionantes”, asegura el asesor especial del Gabinete Tomohiko Taniguchi, en una entrevista con EL PAÍS, durante un viaje por invitación del Centro de Prensa Extranjera de Japón, financiado en parte por el Gobierno. El PIB cayó en el tercer trimestre un 0,4 % (un 1,6% en tasa anualizada) y el país ha entrado en recesión por cuarta vez en seis años. La política económica del Ejecutivo, las famosas Abenomics de “tres flechas” (medidas de estímulo monetario, flexibilización fiscal y reformas estructurales) parecen estar haciendo agua: la política fiscal no ha reequilibrado el fuerte déficit presupuestario y muchas de las reformas estructurales consideradas necesarias ni están ni se las espera. La masiva devaluación del yen ha beneficiado a las grandes empresas con fuertes ventas en el exterior pero, al encarecer los productos importados, ha perjudicado a las pequeñas y medianas que no exportan.

Leyes polémicas

  • De renovar mandato, Abe planea desarrollar su discutida reinterpretación de la Constitución pacifista japonesa. Las leyes que prepara permitirían participar en combate fuera del país en determinadas circunstancias.
  • Para equilibrar la balanza energética, Abe quiere encender los reactores nucleares, parados desde Fukushima hace tres años.
  • La Ley de Secretos Oficiales, polémica porque, entre otras cosas, prevé graves penas de prisión por revelación de secretos, pasará a votarse en 2015.

Pero otros japoneses están en desacuerdo con la explicación oficial. “Los pronósticos indican que el crecimiento volverá en unos meses”, apunta el economista jefe del grupo asegurador Daiichi Life, Hideo Kumano. “Los fundamentos de la economía japonesa son buenos: las ganancias de las empresas siguen creciendo, el empleo y los sueldos también”, explica. Más de un 63% de los votantes declara no entender la razón de un adelanto en más de dos años de las elecciones, según una encuesta para la agencia Kyodo.

No es sólo la economía lo que Abe ha tenido en cuenta para su decisión. La coalición del Partido Liberal Demócrata (PLD) y los conservadores del Komeito acapara 325 de los 490 escaños en la Dieta (Parlamento) y se puede permitir perder algunos asientos. Abe quiere aprovechar que aún mantiene unos niveles de popularidad razonables para renovar su mandato cuatro años más antes de 2015, cuando quiere promover una serie de medidas enormemente polémicas y que pueden desgastarle. “El primer ministro dice que la consulta en estas elecciones es sobre la economía, pero cuando el PLD gane, algo que se da por seguro, dirá que los japoneses han aceptado todas sus políticas, sean económicas o no”, afirma Kyoji Yanagisawa, antiguo secretario adjunto del Gabinete y hoy al frente del laboratorio de ideas privado International Geopolitics Institute Japan.

De renovar mandato, Abe planea presentar ante el Legislativo la próxima primavera una batería de leyes que aplicarán la reinterpretación que aprobó su Gobierno el pasado julio de la Constitución pacifista japonesa, y que permitirán a las Fuerzas de Autodefensa niponas participar en combate fuera del país en determinadas circunstancias. Esta reinterpretación divide profundamente al pueblo japonés.

Una encuesta revela que el 63% de los votantes no entiende el adelanto electoral

Abe también quiere volver a encender el próximo año los reactores de las centrales nucleares del país, paradas desde el desastre de Fukushima en 2011. Alega que Japón no puede permitirse el peso que supone en su balanza externa la importación de energía, pero el regreso a la energía atómica pone de uñas al público nipón. El proyecto de Ley de Secretos Oficiales, al que le han llovido críticas de muchos votantes —prevé graves penas de prisión por revelación de secretos—, y que antes de la disolución de la Cámara baja estaba previsto aprobar este diciembre, también pasará a votarse el año próximo.

Al convocar elecciones, Abe hace una apuesta calculada. La oposición se encuentra profundamente dividida, hasta el punto de que uno de sus partidos integrantes, Tu Partido, se disolvió un día después del anuncio electoral. Los principales opositores, el Partido Democrático, tiene problemas incluso para nombrar candidatos en todas las circunscripciones.

Pero la apuesta no deja de tener riesgos. Un sondeo del diario Asahi Shimbun el viernes revelaba que sólo el 30% de los japoneses tiene una buena opinión de las Abenomics, mientras un 39% las critica. Los analistas creen imposible que la coalición en el Gobierno pierda la mayoría simple, un resultado que Abe ha prometido que le haría dimitir. Pero tampoco descartan que pueda obtener menos escaños de lo que los estrategas del PLD han calculado, algo que le dejaría el año que viene en esa situación de vulnerabilidad que ha querido evitar adelantando comicios. El día 14 se verá si Abe gana su apuesta y sus Abenomics reciben una segunda oportunidad.

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