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No más cumpleaños encarcelado

"Es una bendición ser un ciudadano de este país", ha declarado Gross antes de agradecer su liberación a Barack Obama

Alan Gross y su mujer, Judy Gross. REUTERS

Alan Gross cumplió 65 años en Cuba y se prometió a sí mismo que el siguiente cumpleaños lo celebraría en Estados Unidos o no lo celebraría porque no viviría ni un segundo más en cautiverio. Gross quitó tremendismo a la declaración que hizo a finales de abril de este año y la redujo a “una declaración de esperanza, una declaración de determinación y una declaración de impaciencia”.

La sonrisa de Gross mostraba el efecto de su liberación: amplia, feliz. Sus dientes, la falta de ellos, probaban la dureza del encierro al que ha sido sometido durante cinco años. “Es una bendición ser un ciudadano de este país”, declaró hoy el contratista después de iniciar su comparecencia ante la prensa en Washington y antes de tomar aire.

Gross abandonó esta mañana su celda andando por sí mismo –a pesar de lo deteriorada que está su salud- y voló junto a su mujer y el senador demócrata Patrick Leahy en un avión rumbo a la base militar de Andrews, a las afueras de Washington. A tiempo para celebrar la festividad judía de Hanukkah, a la que no ha asistido en los últimos cuatro años y que acorde a su sentencia se hubiera perdido durante otros 11.

“Quiero dar las gracias al presidente Obama por todo lo que ha hecho hoy”, dijo un hombre que aseguró sentir todo el respeto del mundo por el pueblo cubano, al menos por “casi todos ellos”. Gross concedió que su liberación había sido posible gracias a un solo actor, el hombre que ocupa el Despacho Oval de la Casa Blanca.

Meses antes de su liberación, esta primavera, Gross escribía en un comunicado: “Todavía quiero creer que mi Gobierno valora mi vida, mi servicio y que un pasaporte estadounidense significa algo”. “He perdido casi todo en los últimos cuatro años, sobre todo el tiempo con mi familia”, detalló. Gross solicitó a sus hijas que no le visitaran durante su encarcelamiento ya que se había convertido en una sombra de sí mismo —en sus propias palabras—, “no puedo soportar la idea de que me vean así, rodeado de hombres armados con metralletas”.

Gross fue detenido en La Habana el 3 de diciembre de 2009 cuando trabajaba para una empresa subcontratada por el Departamento de Estado en la mejora de las comunicaciones y el acceso a Internet para la comunidad judía que vive en la isla cubana. El Gobierno de Raúl Castro le condenó a 15 años de cárcel por “violar las leyes cubanas, al poner en marcha un programa subversivo financiado por el Gobierno de EEUU, mediante el establecimiento de sistemas de comunicaciones ilegales y encubiertos, con el uso de tecnología no comercial”.

Durante su encierro, Gross ha perdido más de 50 kilos, la visión parcial del ojo derecho y sufría de dolencias en la espalda y ambas caderas. También se perdió llevar a su hija del brazo en su boda o apoyar a la mayor de ellas cuando conoció que sufría cáncer de pecho. “¿Cuántos años más?”, se preguntaba el año pasado Judy, su esposa. “Habrá un sexto aniversario…”. Judy Gross solicitó por todos los medios posibles a ambos gobiernos que dejaran atrás las diferencias que les separaban y que empezaran “desde cero” a negociar. “Den una oportunidad al diálogo y no dejen de conversar hasta que no hayan alcanzado un acuerdo y mi marido esté de vuelta en casa”.

Hoy miércoles, Judy Gross calificaba de milagro de Hanukkah -facilitado por el papa Francisco- el retorno de su esposo a EEUU y la noticia de la liberación ponía fin a más de 50 años de ruptura de relaciones entre La Habana y Washington, cuyo deshielo había estado encallado por el encarcelamiento del contratista estadounidense.

La noticia de la liberación saturaba las redes sociales por lo que tenía de efecto dominó respecto a la normalización de relaciones entre Cuba y EEUU. Meses antes, en abril, Gross inició una huelga de hambre que mantuvo por nueve días para forzar su puesta en libertad y protestar por el llamado programa ZunZuneo, conocido como el Twitter cubano, que fue revelado por la agencia de noticias Associated Press. ZunZuneo fue desarrollado de forma clandestina entre 2009 y 2012 por USAID, la agencia norteamericana dependiente del Departamento de Estado para la que trabajaba Gross, con el objetivo de acelerar la caída del régimen castrista. Gross consideraba que su puesta en marcha dificultaba su liberación y hacía aún más precaria su situación en Cuba.

La hermana de Gross, Bonnie Rubinstein, no podía ocultar su felicidad y bromeaba al decir que era el mismo Gross de siempre, “con su bolígrafo prendido en el bolsillo de la camisa” como siempre lo llevaba y como si no hubiera pasado nada. Para la familia, Gross vuelve a casa. Para el mundo acaba un conflicto diplomático de más de medio siglo.

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