Bruselas se plantea disolver la troika como concesión al Gobierno griego

La Comisión Europea ofrecerá a Tsipras facilidades en el pago de la deuda si cumple sus compromisos

El nuevo primer ministro griego, Alexis Tsipras (derecha) y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, en Atenas, el 29 de enero. EFE

El brazo Ejecutivo de la Unión Europea se propone desmantelar la troika —la terna formada por Comisión, Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Central Europeo (BCE)— como un gesto ante el nuevo Gobierno de Grecia si este acepta cumplir sus compromisos, según confirmaron este domingo fuentes consultadas por este diario conocedoras de esa deliberación.

Bruselas busca una solución de compromiso para compaginar las demandas del nuevo Gobierno griego y las exigencias de los socios del euro. La Comisión Europea descarta una quita en Grecia que no apoya nadie en Europa, pero apunta que la reestructuración de la deuda —ampliación de plazos y reducción de intereses— está sobre la mesa, según las fuentes consultadas por este diario. Y, siempre que Atenas cumpla escrupulosamente con sus compromisos, el brazo Ejecutivo de la UE se propone desmantelar de una vez por todas la troika, la terna formada por Comisión, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo, según confirmaron las mismas fuentes. El fin de la troika, símbolo de la austeridad aplicada al país en el último lustro, llegará si Grecia y los acreedores alcanzan un acuerdo y consiguen llegar sin accidentes al paso siguiente al rescate, que expira en febrero: una línea de crédito de precaución, el denominado rescate blando que nadie ha solicitado aún y que da margen como para acabar con esa extraña alianza entre Europa y el FMI sin provocar un estropicio. Con esa línea de ayuda, los inspectores europeos y los del Fondo dejarían de ir de la mano para comprobar que Grecia cumple con las condiciones de ese rescate.

La Comisión es consciente de que esas dos concesiones (económica en el caso de la deuda, y una señal política de primera magnitud en lo relativo a la ruptura de la troika) dependen de la negociación que arranca esta semana, con una sucesión de reuniones del primer ministro, Alexis Tsipras, y el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, en París, Londres, Roma y Bruselas. Tsipras está obligado a mover ficha primero. En función de su apertura, Bruselas pondrá sobre la mesa “un acuerdo global” para evitar accidentes financieros, que pueden llegar tanto si Atenas tensa demasiado la cuerda como si los socios del euro no hacen suficientes concesiones por la dimensión política de la victoria de Syriza.

Tras una primera semana turbulenta, Grecia afronta otra fundamental. Atenas sorprendió a los socios europeos el viernes al asegurar que no quiere una extensión del rescate actual, algo que puede dejar a sus bancos sin la imprescindible liquidez del BCE. Consciente de la delicada situación, Tsipras salió el sábado en un tono más conciliador, y aseguró que pagará los préstamos del BCE y al FMI y que buscará un pacto con las autoridades europeas antes del 28 de febrero, fecha en que vence el rescate. Pese a que esas gesticulaciones han encontrado amplio eco, Bruselas considera que el verdadero baile empieza ahora. La Comisión es partidaria de una extensión del programa actual, ante las necesidades del Estado griego —que no tiene músculo para atender los 10.000 millones de vencimientos hasta verano— y los potenciales problemas de sus bancos. “Pero incluso si esa extensión no llega, se puede alcanzar un acuerdo global que incluya en el tercer rescate —es decir, en esa línea de crédito de precaución que funciona como un seguro europeo por si Grecia es incapaz de financiarse por sí misma— las condiciones que se han incumplido en el programa actual”. “Hay que buscar una solución de compromiso, política, para un problema que sigue siendo económico y financiero pero que es eminentemente político”, explican fuentes del Eurogrupo.

Tsipras tiene que aclarar qué quiere. Y tiene que convencer a su propio Parlamento el fin de semana próximo, con un programa factible que no le genere una abierta contestación en sus propias filas o un no rotundo de los acreedores. Su petición de quita recibirá una negativa; a cambio la Comisión ha tanteado ya a varios Gobiernos para plantear un escenario alternativo: un alivio de la deuda a través de la ampliación de plazos y una pequeña reducción de intereses fruto de un acuerdo del Eurogrupo en noviembre de 2012, que servirá como hoja de ruta. Eso se puede hacer sin pérdidas para los acreedores y dará a Grecia algo de margen para cumplir con parte de su programa social. Siempre que Atenas no se salga del guión, Bruselas propondrá romper la troika, “encontrar la manera de que los europeos y el FMI vayan a Grecia por separado”. “Esa sería una señal política importante para Tsipras que no cuesta ni un euro”, aseguran fuentes comunitarias.

La Comisión encuentra así con Grecia la excusa perfecta para acabar con esa terna, una idea que se baraja desde hace tiempo tanto en los despachos de Bruselas como en los cuarteles del FMI en Washington. La desintegración de la troika permitiría a Tsipras trazar una línea de arena con su antecesor, el conservador Andonis Samarás. Permitiría al Fondo centrarse en sus objetivos —la sostenibilidad de la deuda, en el 175% del PIB— y a los europeos poner el foco en las reformas. Y es una opción factible si ese acuerdo general supone acordar la citada línea de crédito de precaución.

Si todo sale bien, además, el BCE abandonará automáticamente Grecia: si Fráncfort compra bonos griegos en el programa de compra de deuda a gran escala que acaba de anunciar, deberá salir de la troika. Fráncfort tomará esa decisión en julio. Pero el fin de la troika puede llegar antes si Bruselas logra convencer a los socios de que es una opción favorable para todos. La Comisión adoptó la semana pasada un marcado perfil bajo; fue el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, quien se expuso con un polémico viaje baldío a Grecia. La Comisión —y varios Gobiernos del euro— consideraba prematura esa visita y prefirió ganar tiempo. Pero no queda demasiado. Atenas sabe que está en manos del BCE, que financia sus bancos, y que está condenada a entenderse con los socios del euro. “Varios países no ven con simpatías las concesiones, así que lo normal es que haya lío hasta el último día. Con Grecia ya es tan importante la sostenibilidad económica como la política”, cerró un ministro del Eurogrupo.

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