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Austria sella su frontera sur para frenar a los refugiados

Viena introducirá controles en 12 pasos de sus límites con Italia, Hungría y Eslovenia

El Gobierno austriaco anunció este martes que reintroduce los controles en su frontera sur para frenar el flujo de refugiados, en un nuevo golpe a la libre circulación en el seno de la Unión Europea. Durante una rueda de prensa en el paso fronterizo de Spielfedl, la ministra del Interior, Johanna Mikl-Leitner y el titular de Defensa, Hand Peter Doskozil, anunciaron que introducirán controles en 12 pasos de sus fronteras con Italia, Hungría y Eslovenia, donde se levantarán vallas, para dificultar o impedir el flujo de refugiados al país.

Los controles serán similares al que existe actualmente en Spielfedl, en la frontera austroeslovena, donde las autoridades construyeron una valla de alambres de espino de 4,5 kilómetros de extensión. “Se levantarán diferentes barreras que incluyen desde contenedores hasta vallas de alambre”, dijo la ministra del Interior. Los Estados austríacos afectados son Carintia, Estiria, Tirol y Burgeland, que limitan con Eslovenia, Italia y Hungría respectivamente.

La fecha en que entrarán a funcionar los nuevos controles será dada a conocer este martes, después de que la ministra Mikl-Leitner consensúe la medida con su colega de Eslovenia. Austria también fijará un contingente diario de refugiados que podrá ser admitido y también la cuota máxima que está dispuesta a recibir, aunque ya había señalado que acogería a 37.500 refugiados, menos de la mitad de las personas que llegaron al país alpino en 2015.

El nuevo control que prácticamente hará inexpugnable a los refugiados la frontera sur de Austria será vigilado por el desplazamiento de un contingente de policías que tendrá la misión de impedir la llegada de “personas violentas o grupos de personas sospechosas”. Los conductores particulares y las personas que viajen en tren también serán controlados.

“El efecto dominó a lo largo de la ruta de los Balcanes se está desarrollando de acuerdo con los planes”, dijo la ministra Milk-Leitner. “Es importante que cada país restrinja progresivamente el flujo en sus fronteras y es lo que estamos haciendo. Los frenos se están aplicando paso a paso”, añadió.

Desde que se inició la llegada masiva de refugiados al centro de Europa, Austria fue uno de los principales corredores de las personas que intentaban llegar a Alemania. La medida anunciada este martes representa una nueva afrenta para la canciller alemana, Angela Merkel, y echa las bases para que otros países europeos la imiten, como pretenden hacerlo los cuatro Estados que integran el grupo de Visegrado, (Polonia, Hungría, Eslovaquia y la República Checa) que desean cerrar la frontera de Macedonia con Grecia.

Cumplir el acuerdo con Turquía

Merkel ha afirmado este martes que presionará en Bruselas a favor de la implementación del acuerdo de inmigración con Turquía. La solución a la crisis de refugiados pasa, en su opinión, por ahí, y no por el cierre de fronteras. Describía así, en una rueda de prensa que ha ofrecido en Berlín junto al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, parte de su estrategia en la cumbre europea que se celebra esta semana en la capital belga. También ha advertido de que el cierre de las fronteras para limitar o impedir el flujo de refugiados tendría graves consecuencias para el bloque comunitario.

“Pondré toda mi energía, el jueves y viernes, para que la agenda turco-europea se muestre como el camino que merece la pena seguir”, ha dicho Merkel. Según la canciller, la alternativa sería el cierre de la frontera griega con Macedonia y Bulgaria, que tendría consecuencias imprevisibles para Grecia, para la Unión Europea y para el espacio Schengen. La líder alemana ha afirmado que “sería bastante ridículo” iniciar un debate sobre la posibilidad de imponer nuevas cuotas comunitarias de reparto de refugiados, cuando la UE solo ha reubicado a 1.000 personas —de las 160.000 acordadas— con los actuales esquemas, aprobados el año pasado.

La agenda turcoeuropea, que incluye una inversión europea de 3.000 millones de euros para que Ankara mejore las condiciones de vida de los refugiados, contempla también la posibilidad de que una parte importante de los refugiados sirios que se encuentran en Turquía sean reubicados a medio plazo en los 28 países miembros. El plan también pretende aliviar la tensión que vive Turquía, que en la actualidad acoge a unos 2,7 millones de refugiados, y al mismo tiempo asegurar un control más efectivo de las personas que desean viajar al viejo continente para pedir asilo.

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