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Un Reino Unido dividido elegirá el 23 de junio su lugar en el mundo

El primer ministro confirma que la postura del Gobierno es permanecer en una Unión Europea reformada

David Cameron a las puertas de Downing Street este sábado. Carl Court (Getty Images) | Vídeo: Reuters-Quality

A las puertas del 10 de Downing Street, después de una reunión que escenificó en el seno de su Gabinete la fractura que divide al país, David Cameron pasó el sábado el testigo al pueblo británico. El primer ministro había hecho su parte al alcanzar, después de 40 horas de negociaciones al límite en Bruselas, un acuerdo que reconoce “el estatus especial” de Reino Unido en la UE. “La decisión está ahora en vuestras manos”, dijo Cameron. “Pero mi recomendación es clara: creo que el país será más seguro, más fuerte y más próspero en una UE reformada”. El primer ministro confirmó que el 23 de junio será el histórico día en que los británicos tomarán, en referéndum, “una de las decisiones más importantes de sus vidas”. El país emprende dividido un camino de cuatro meses para decidir su lugar en el mundo.

Con el acuerdo sobre la mesa, dijo Cameron, “tenemos lo mejor de los dos mundos”. Reino Unido tendrá acceso a un mercado común sin entregarse al euro ni a Schengen. La alternativa, según el primer ministro, es “un salto a la oscuridad”. “No amo a Bruselas, amo a Reino Unido”, advirtió. “Pero abandonar la UE sería una amenaza a nuestra economía y a nuestra seguridad”.

Que Cameron no tendrá fácil convencer a su país, quedó de manifiesto en la propia reunión de dos horas que mantuvo por la mañana del sábado con los miembros de su Gabinete, la primera que se celebra en fin de semana desde la guerra de las Malvinas. La reunión llevaba consigo el levantamiento del voto de silencio que Cameron había impuesto a su equipo hasta que se conociera el acuerdo. Los 22 miembros del Gabinete, más otros cinco que acuden sin cargo a las reuniones semanales, hablaron en orden de veteranía.

El primero en confirmar que hará campaña por salir de Europa, asestando un duro golpe a Cameron, fue su viejo amigo y hasta ayer fiel aliado Michael Gove, ministro de Justicia. Desafiar al primer ministro, aseguró Gove, “ha sido la decisión más difícil de mi carrera política”. “Ha negociado con coraje y tenacidad”, reconoció, “pero creo que Reino Unido será más fuerte fura de la UE”.

Al salir de Downing Street, Gove acudió con sus otros cinco colegas rebeldes a fotografiarse, en la sede de una de las campañas por salir del club, junto a una pancarta que decía “recuperemos el control”. Son Iain Duncan Smith, ministro de Trabajo y Pensiones; John Whittingdale, titular de Cultura; Chris Grayling, líder de la Cámara de los Comunes; Theresa Villiers, ministra para Irlanda del Norte, y Priti Patel, de Empleo.

Boris Johnson, diputado, alcalde Londres y miembro sin cartera del gabinete, mantuvo el sábado al primer ministro expectante acerca de cuál será finalmente su postura. Los sondeos señalan que su decisión puede ser determinante crucial para muchos indecisos.

El líder de la oposición laborista, Jeremy Corby, que ha sido muy crítico con la UE por razones opuestas a las del primer ministro, calificó el espectáculo de la negociación de “barraca de feria”. Sin embargo, se unirá a la inmensa mayoría de los laboristas en la campaña por permanecer. Los próximos días serán claves para conocer las adhesiones, a uno y otro bando, del mundo de la política, la cultura y los negocios.

El último análisis de los diferentes sondeos realizados hasta la fecha, publicado por el Financial Times, arroja un empate técnico. Un 41% apoyaría permanecer en la UE y un 41%, abandonarla. El restante 18% de indecisos será el objetivo de una y otra campañas.

La campaña por abandonar la UE, que está tomando la forma de un voto de protesta contra el estatus quo, deberá cuidar que las salidas de tono de los sectores más radicales de su electorado no ahuyenten a los más moderados indecisos. La campaña por permanecer, por su parte, deberá mantener la tensión para asegurarse la movilización de los votantes más jóvenes, que tradicionalmente tienden a la abstención.

La letra del acuerdo alcanzado en Bruselas, que supone unas concesiones sin precedentes para los socios en los principios básicos del proyecto europeo, pasa ahora a un segundo plano. Reino Unido podrá discriminar a los trabajadores en función de su país de procedencia. Su exención de los futuros avances en la integración política quedará inscrita en los tratados. Y podrá protegerse de eventuales discriminaciones producidas por los avances en la cohesión de la eurozona. Pero, a partir de ayer, todo eso es solo es solo la prueba para Cameron de que Bruselas ha reconocido su “estatus especial”. La justificación para defender que, en esta nueva Europa, sí merece la pena estar.

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