Merkel se aferra a su política migratoria pese al fracaso electoral

Los democristianos pasarán a la ofensiva contra los populistas de Alternativa para Alemania

La canciller Angela y Merkel y los candidatos democristianos en los tres Estados que votaron el lunes, antes de una reunión del partido celebrada el lunes en Berlín. Michael Sohn AP

Nada va a cambiar en la gestión alemana de la crisis migratoria. Pese al varapalo electoral del domingo, el Gobierno mantiene el rumbo. Es el mensaje de la canciller Angela Merkel. Admitió que había sido "un día duro", pero reiteró su idea de que la llegada masiva de refugiados solo se puede abordar de forma conjunta en la UE; y no a través del límite nacional que le exigen sus críticos. “Estoy convencida de que necesitamos una solución europea, y esa solución requiere tiempo”, señaló Merkel el lunes en la sede berlinesa de su partido.

El mensaje de Merkel era el previsto. Nadie esperaba un anuncio bomba. Pero ello no evitó el endurecimiento de las voces críticas. El más directo fue el bávaro Horst Seehofer. “No puede ser que la respuesta a la ciudadanía tras este resultado sea que todo va a seguir como antes”, aseguró el presidente de la CSU. Seehofer, que definió lo ocurrido el domingo como “un movimiento tectónico” del sistema político alemán, no está solo. Los resultados en los comicios regionales inflaman las preocupaciones en la Unión Cristianodemócrata (CDU) un año y medio antes de las elecciones federales. Merkel, en contra de lo habitual, respondió a los que le atacan desde sus propias filas. “Estas diferencias son difíciles de soportar para los votantes de la CDU y la CSU”, aseguró.

Un día después de la catástrofe, la estrategia entre los defensores de la canciller parece clara: es necesario proteger a la líder a toda costa. Y para ello, algunos dirigentes democristianos sugieren la idea de que los candidatos derrotados estarían pagando el precio por haberse distanciado de la política migratoria de la líder.

AfD se ve como un partido de masas

“Habría que preguntarse quién es ahora un partido de masas, si el SPD o AfD”. La frase, pronunciada ayer por la líder de AfD, Frauke Petry, duele especialmente al SPD, porque muestra un tabú roto en las elecciones del domingo. Tradicionalmente, solo democristianos y socialdemócratas se consideraban partidos de masas. Petry cree que su formación, que en dos Estados superó al SPD, va en camino de esta condición.

Es cierto que los dos grandes vencedores —un verde y una socialdemócrata— habían defendido a Merkel con más ahínco que los democristianos. Winfried Kretschmann, el ecologista que obtuvo una victoria histórica en Baden-Wurtemberg, llegó a decir hace semanas que rezaba todos los días por la salud de la canciller.

Derrota inapelable

Tienen razón los que recuerdan que el electorado premió a dirigentes que respaldaron la gestión de la crisis. Pero, a fin de cuentas, Merkel es la jefa de la CDU. Y la derrota de su partido es inapelable: perdió los dos Estados que pretendía conquistar; y continúa como primera fuerza en el que ya gobernaba, pero con una importante fuga de votos y con los populistas antiinmigración de Alternativa para Alemania (AfD) como primer partido de la oposición.

La propia Merkel se vio obligada a explicar esta paradoja. Dijo que se alegraba de que una gran parte de la población respaldara sus recetas para superar la crisis migratoria, pero que como presidenta de la CDU lamentaba que su partido no hubiera logrado sus objetivos.

El malestar y nerviosismo entre los democristianos es evidente. Aunque analistas como Gero Neugebauer creen que los críticos no estallarán, porque la experiencia de los candidatos derrotados en las urnas muestra los peligros de levantar la voz contra la canciller: se pierde el favor de los ciudadanos que la respaldan; pero tampoco se gana el de sus críticos furibundos, que han votado en masa a AfD. Con el fracaso de Julia Klöckner en Renania-Palatinado, Merkel muestra una vez más su capacidad para, de forma voluntaria o involuntaria, deshacerse de los rivales internos que puedan hacerle sombra.

AfD crece hasta convertirse en la verdadera bestia negra de los partidos tradicionales. Merkel anunció que la estrategia ahora será entrar a la batalla dialéctica contra los populistas. “Todos estamos de acuerdo en que debemos discutir con ellos”, dijo la líder democristiana, en lo que supone la confirmación de que la estrategia de ignorarlos ha sido un completo fracaso. El éxito de AfD —segunda fuerza en Sajonia-Anhalt con un 24% de votos y tercera con un 15% en el rico Estado de Baden-Wurtemberg; en ambos casos por delante de los socialdemócratas— fue espectacular. Ningún partido populista de derechas había logrado algo así en la Alemania surgida tras la II Guerra Mundial.

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