Caos e improvisación en Grecia en el primer día del acuerdo migratorio UE-Turquía

Las autoridades griegas trasladan a puertos continentales a refugiados llegados antes del acuerdo

Un grupo de voluntarios ayuda a una embarcación neumática a llegar a la isla griega de Lesbos. Petros Giannakouris AP / ATLAS

Las autoridades griegas se han rendido a la evidencia de que el pacto migratorio UE-Turquía no puede aplicarse en 24 horas, por eso la improvisación y un cierto caos presidieron las primeras horas de vigencia del acuerdo, marcadas por la llegada de nuevos refugiados y por la evacuación al continente de la mayor parte de los presentes en las islas, para dejar espacio a los recién llegados. Pese a los controles de Frontex y la guardia costera griega, y la propia entrada en vigor del acuerdo, más de 870 refugiados han logrado este domingo burlar la vigilancia en el Egeo. Dos niñas murieron ahogadas en Rodas y dos hombres fallecieron al llegar su lancha a Lesbos.

Aunque el primer ministro, Alexis Tsipras, dijo a su gabinete este fin de semana que el país está preparado para devolver desde el primer día a Turquía a los “migrantes irregulares” —así les llama el acuerdo, no hay mención genérica a “refugiados”—, fuentes gubernamentales mostraban en privado su escepticismo. Las principales dudas aludían al modo de devolución de los extranjeros, la propia interpretación de la categoría “migrante irregular” y la diferenciación de los sirios del resto de extranjeros, como figura explícitamente en el documento firmado el viernes en Bruselas. Se espera que las devoluciones, una tarea en la que colaborarán ocho barcos de Frontex (la agencia europea de control de fronteras) con capacidad para 300-400 personas cada uno, empiecen el próximo 4 de abril. “Un plan como este no puede ponerse en marcha en 24 horas, aunque cumpliremos todo lo prometido”, subrayó el portavoz la política migratoria del Ejecutivo, Yorgos Kyritsis.

El proceso de traslado de los refugiados revela el caos

El hecho de que, según el pacto Unión Europea-Turquía, solo los sirios aparezcan como candidatos a lograr asilo no desanimaba a cuatro chicas somalíes. “Nuestro país no es seguro, hay atentados islamistas casi a diario de la milicia Al Shabab, ¿por qué van a devolvernos? No sería lógico”, señalaba Aisha, de 21 años, a las puertas del campo de Moria. En sentido inverso, el sirio Nasan Kabir se despedía de sus amigos en ese campamento, donde ha pasado una semana, para viajar a Kavala. “Sé que están cerradas las fronteras, pero no voy a volver a mi país. Salvé la vida de milagro en Siria. El Estado Islámico me hizo preso y solo me soltaron cuando les pagué”, solloza.

El hecho de que las somalíes y el sirio se cruzaran en Moria —es decir, que coincidiera la entrada en vigor del acuerdo con la evacuación al continente de los refugiados “antiguos”— suscitó no pocas confusiones. La primera de ellas, que las devoluciones habían empezado ayer mismo, cuando en realidad se trata de dos procesos simultáneos. “El objetivo de las autoridades es vaciar las islas”, denunciaba Michele Telaro, portavoz de la ONG Médicos sin Fronteras. “Es una vergüenza”, decía sobre la evacuación un trabajador británico de Acnur amparado en el anonimato.

“Lo peor de todo es que no tienen información”, apuntaba Laura Lanuza, portavoz de la ONG Proactiva. “Saben que van a Kavala pero no saben nada más. Se les ha indicado que pidan asilo al llegar, pero un migrante sirio tiene un régimen distinto al de un afgano. Lo peor es que no se van voluntariamente, sino que les obligan a irse para poner en marcha este acuerdo”, explica.

A las dudas que suscita el acuerdo se añade una gran incógnita: qué va a ser de los más de 48.000 refugiados e inmigrantes que se encontraban atrapados en Grecia por el cierre de las fronteras balcánicas, aunque teóricamente sobre ellos no pende la amenaza de expulsión. La mayor parte de los que se estaban en las islas han sido evacuados al continente (a los puertos de Kavala, en el norte, Volos o Elefsina, cerca de Atenas) durante el fin de semana; sólo quedarían ahora en las islas unos 3.000 de un total de 8.000. Ninguno viaja al Pireo, para no incrementar la presión sobre una población flotante que llega a las 4.500 personas en cuatro precarias instalaciones portuarias. Una vez en el continente, el plan es reubicarlos en alguno de campamentos habilitados a marchas forzadas por el Ejército. Las fuerzas armadas gestionan actualmente centros en 11 regiones del país, con 15.986 plazas. Las ONG se encargan de atender a otras 30.000 personas.

En Lesbos, principal puerta de entrada a Grecia, aguardan con ansiedad el personal extra prometido por Bruselas (unos 4.000 expertos según fuentes europeas; 2.300 según el primer ministro Tsipras). “El acuerdo entra en vigor hoy, pero no podemos hacerlo nosotros solos, ni sabemos cómo aplicarlo en la práctica. Esperamos cuanto antes al personal prometido para gestionar rápida y eficazmente las peticiones de asilo; para eso hacen falta traductores, abogados y policías”, señalaba este domingo una fuente policial en Mytilini, la capital de la isla. Dos trabajadores locales de Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, admitían la desorganización “y el cambio de planes e instrucciones cada segundo, de manera que nadie sabe qué tiene que hacer exactamente”.

"Sé que están cerradas las fronteras, pero no voy a volver a mi país"

Nasan Kabir, kurdo de Afrin (Siria)

Durante la madrugada y las primeras horas de la mañana llegaron a esta isla, situada a una decena de kilómetros de Turquía, una docena de lanchas, con alrededor de medio centenar de personas cada una; un total de 600 personas —875 en todas las islas del Egeo—, incluidas las llegadas de la víspera. Ante la isla de Rodas, la guardia costera griega halló flotando los cuerpos sin vida de dos niñas, de uno y dos años de edad, las primeras víctimas mortales tras la entrada en vigor del acuerdo. En uno de los botes de goma que llegó a Lesbos viajaban dos hombres que fueron declarados muertos al poco de llegar.

Mientras los dos campamentos de la isla eran evacuados de la mayoría de sus residentes, simultáneamente, como en un trasvase recíproco, los recién llegados a la isla —abundaban las familias y los afganos— eran trasladados a uno de ellos, el de Moria, donde fueron registrados y, eventualmente, solicitarán asilo mientras aguardan a ser expulsados. Vaciar las islas del Egeo, principal puerta de entrada en Grecia (y la UE) para refugiados y migrantes, parecía ser la condición previa a la aplicación del acuerdo, aunque su ejecución dejara que desear. “Sólo sé que no sabemos nada”, explicaba Alkistis Mardis, de Acnur, en el puerto de Mytilini. “Estamos haciendo un seguimiento del traslado [de los refugiados] del campamento al barco por si sucede algo, nada más”. Algunas ONG denunciaron la presencia de personal de Acnur —también había otros trabajadores humanitarios y voluntarios— en la evacuación al continente, que calificaron de “deportación”.

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