Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Los primeros indocumentados del presidente electo Donald Trump

Los inmigrantes irregulares aún cruzan a Estados Unidos sin saber mucho de Trump o sus planes

Marili Peña y su hijo, Adonies, en la estación de autobús de Tucson, el jueves.

Algo han oído de Donald Trump. No mucho, pero les suena que hay un nuevo presidente que quiere echar a todos los inmigrantes irregulares de Estados Unidos. Mientras se decidía el futuro del país, ellos estaban cruzando por la frontera de Arizona con la mexicana Sonora. Como todos los días.

El sábado llegó Marili Peña, de 34 años, con su hijo Adonies Isaac López, de 3. Ha recorrido con él en brazos el camino desde Ahuachapán, en El Salvador, hasta Nogales. Un mes y medio “aventurando”, decía el jueves por la mañana en la estación de autobuses de Tucson, Arizona, con el niño dormido en brazos.

La estaciones de autobuses de las ciudades más cercanas a las frontera son un espectáculo de la desesperación y también de la tenacidad. Solo se ven familias con niños. Cuando son detenidos por la policía de fronteras (Border Patrol) los llevan a un centro de detención. Después de tomarles los datos y hacerles una entrevista para comprobar su situación, buscan a sus familiares en Estados Unidos. Si tienen con quien quedarse y encajan en lo que se considera una situación de vulnerabilidad que merece ser revisada por un juez antes de deportarlos, a los dos días están libres con una orden judicial y un billete de autobús hasta su destino final. En las estaciones de autobús de ciudades como Tucson, McAllen o El Paso, es donde acaba la pesadilla y empieza el sueño.

En Estados Unidos viven más de 11 millones de migrantes irregulares, según el think-tank Pew Research Center. La cifra se ha ido reduciendo paulatinamente cada año desde 2007, cuando se alcanzó un máximo de 12,2 millones. Desde que Obama llegó a la Casa Blanca, la Administración ha deportado a 2,5 millones de migrantes, más de 400.000 cada año. Es el presidente que más deportaciones ha realizado.

“¿Cree usted que va a cumplir lo que dice? Uno viene huyendo

Para Peña, esa nueva vida está en Houston, donde le espera su marido, que hizo este mismo trayecto también por vías ilegales hace un año. No sabe situar Houston en el mapa. Ha dejado atrás dos niñas de 9 y 11 años con los abuelos. Dice que hace tres años que la vida es imposible en su pueblo por la violencia. “A mi padre le balearon y se tuvo que ir a otro lugar”. Ha venido casi sin dinero. “Hay personas que se compadecen de uno. Gracias a Dios llegamos”. Cuando se le pregunta por los planes del presidente electo Trump, replica: “¿Cree usted que va a cumplir lo que dice? Tengo fe en que no lo haga. Uno viene huyendo”, dice muy bajito. El Salvador es el segundo país más peligroso del planeta tras Honduras. Con solo 6,4 millones de habitantes, tiene una tasa de 64,2 asesinatos al año por cada 100.000 habitantes.

El lunes por la noche se entregó A. M. O., de 29 años, en la garita de Nogales. Está embarazada de dos meses. Con su orden judicial en la mano, las actuales leyes migratorias le han permitido seguir su camino. En la estación de autobuses de Tucson esperaba para ir a Delaware, donde vive su hermano. Serán tres días de viaje, los últimos después de cruzar México en tres semanas. “Quiero un futuro mejor para mí y para mi bebé. No le puedo ni explicar cómo se vive en Guatemala”.

Casas en Nogales (México), separadas de EE UU por un muro. REUTERS

En general, el jueves en la estación de Tucson se hablaba de las elecciones con resignación y confiando en Dios. Ahora hay un presidente que considera que hay que cerrar la frontera para que no entren drogas, criminales y violadores. Y ha prometido crear una fuerza de deportación masiva para echar a 11 millones de indocumentados. El 64% de los votantes de Trump considera la inmigración su preocupación principal, y el 72% apoya abiertamente la propuesta de deportación masiva del magnate, según el Washington Post. Los autobuses de Estados Unidos ya están llenos de indocumentados. Pero van en la otra dirección.

Más información