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“Las familias de colonos van a salir de Amona”

Un exportavoz de Exteriores de Israel, critica por “populista” el plan de impedir la evacuación

Al diplomático israelí Yigal Palmor no le tiembla el pulso a la hora de criticar el “populismo” del Gobierno de Benjamín Netanyahu, al que él mismo perteneció como portavoz de Exteriores hasta 2014. Así ha calificado Palmor este miércoles las últimas maniobras políticas del Ejecutivo de su país, que ha atribuido los recientes incendios en el norte del país a “terroristas” y tramita un proyecto de ley con el fin de evitar la evacuación de la colonia de Amona, en Cisjordania, que ordenó el Supremo por considerarla ilegal.

Un judío prepara comida armado en Amona (Cisjordania), hace una semana.
Un judío prepara comida armado en Amona (Cisjordania), hace una semana. REUTERS

“Estamos asistiendo a una postura política que no se corresponde con ninguna realidad legal o jurídica. Todos los actores son conscientes de ello, pero siguen adelante por populismo y por anotarse puntos de cara a su electorado”, ha contado en una entrevista el ahora director de comunicación de la Agencia Judía de Israel, que participaba en Madrid en el seminario España-Israel: Diálogos y perspectivas.

Yigal Palmor, este miércoles en Madrid.
Yigal Palmor, este miércoles en Madrid.

“Las familias van a salir, y así lo ha confirmado el ministro de Defensa, nada sospechoso de ser de izquierdas”, ha asegurado Palmor sobre las 40 familias judías que se muestran reacias a abandonar el asentamiento de Amona antes de Navidad, como ha ordenado el Tribunal Supremo israelí. Los colonos ocuparon en 1996 este montículo al norte de Ramala que pertenece, según el Supremo, a familias palestinas.

“Amona será evacuada según la ley, y cualquier persona que diga lo contrario está promoviendo espejismos”, ha apuntado en referencia a varios ministros del Gobierno que desafían la sentencia del Supremo y cuyas prioridades políticas, según el diplomático, están alejadas de la realidad y “reflejan un orden del día simbólico”.

Palmor critica que el Gobierno esté poniendo tanto énfasis en defender a los colonos de outpost —una especie de asentamientos de caravanas— como Amona, unos 3.000 en un país de ocho millones de personas, mientras muchos jóvenes no pueden acceder a una vivienda por el acusado incremento de los precios en los últimos años. Un 55% el precio de compra entre 2008 y 2013, y un 30% los alquileres en el mismo periodo. “Se están promoviendo ideas o asuntos que tienen gran importancia simbólica para determinado electorado, aunque no afecten a las condiciones de vida de la población”, ha criticado el diplomático. “Lo simbólico es a veces más fuerte que la realidad”.

Hasta los graves incendios de los últimos días, que el primer ministro atribuyó a “terroristas”, también han sido objeto de una “explotación populista”, según Palmor. El exportavoz de Exteriores ha recordado que, según la policía israelí, el 30% de estos fuegos tienen origen criminal y es probable que parte de ellos se puedan “enmarcar en la idea de lucha árabeisraelí”, pero ha matizado: “Ha habido ministros que han ido más allá para generalizar y decir que todo eso es un pogromo, un ataque terrorista coordinado por la Autoridad Palestina. Todo eso no tiene sentido”.

Palmor se ha mostrado cauto sobre si la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca significa el fin de la solución de los dos Estados —palestino e israelí— al conflicto, promovida por la Administración Obama en los últimos ochos años. “No se puede saber. El único factor permanente en el discurso de Trump es la imprevisibilidad”. El diplomático ha criticado unas palabras recientes de Naftali Bennett, ministro de Educación y líder del partido de extrema derecha en auge Hogar Judío, que se refirió a que la llegada de Trump y el impulso de los nacionalismos en Europa daban “una nueva oportunidad a Israel”. “Estas declaraciones del ministro Bennet no se corresponden con nada sino con su propio deseo de ver una evolución de la política americana acorde con la línea de su partido”.

El ex portavoz del Ministerio de Exteriores, un cargo que dejó después de seis años en agosto de 2014 por sentirse “agobiado personalmente” ante las presiones “tremendas” que recibía, naturaliza sus críticas a un Gobierno que una vez integró como algo normal en Israel, donde hay “una gran libertad para discrepar hasta dentro del Ejército, del establishment de Defensa y de la política”. “Hasta dentro del partido de Gobierno [Likud] hay muchas opiniones expresadas libremente muy contrarias a las del primer ministro. Somos un pueblo indisciplinado”.