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Lo que quieren las mujeres de las FARC

Las guerrilleras hablan sobre la feminidad, la violencia de género y la paz

Proceso de paz en Colombia
El pasado miércoles, mujeres de las FARC durante la presentación de 'Monólogos de la vagina' en la zona veredal Antonio Nariño, en Tolima.

Andrea Páez cumplió 31 años de vida y 15 en las FARC. Habla de métodos de anticoncepción, de la menstruación y de la maternidad como quien lleva mucho tiempo sin referirse a esos temas. Tiene ganas de hablar de ella y de sus compañeras. No lo dice abiertamente, pero cuando recuerda lo que ha sido la vida en la guerrilla tras el acuerdo con el Gobierno, se percibe libertad. Está armada por una cámara de fotos con la que espera registrar la presentación de la famosa obra Monólogos de la vagina. La pieza teatral de la estadounidense Eve Ensler, que con los años terminó convirtiéndose en un movimiento contra de la violencia de género, desembarcó esta semana en uno de los lugares en donde la guerrilla hace tránsito hacia la vida civil.

Andrea quiere ser periodista y por ahora no le gustaría ser mamá. Tiene las uñas pintadas de color verde con puntitos dorados, lleva un piercing en la nariz y usa un gorro de lana. En esa zona veredal, cerca de Icononzo, a unas tres horas de Bogotá, comparte con algunas el sueño de trabajar en medios de comunicación alternativos y entiende el deseo de otras que quieren ser mamás. “Dentro de la guerrilla no podíamos tener hijos. Era una regla de la guerra”, asegura. También era norma que antes de pensar en una pareja estuvieran las obligaciones. “No podíamos estar siempre con la persona que queríamos. Primero estaba nuestro compromiso con la organización”, lo dice, como un capítulo que ya está cerrado. “Hablar de vaginas es hablar de mujeres y eso es lo que necesitamos”, agrega otra guerrillera a la que también le cuelga una cámara de fotos, minutos antes de que las actrices Carolina Cuervo, Indhira Serrano y Diana Ángel empiecen a hablar frente a más de 300 miembros de las FARC, hombres y mujeres, sobre orgasmos, mutilación genital, agresión sexual. De la comedia al drama y de la risa al silencio. La guerra duele y en la mujer, a veces más.

La directora del Festival Iberoamericano de Teatro, Ana Marta de Pizarro, y Nicolás Montero, del Teatro Nacional, junto a su equipo (actrices y técnicos) llevaron hasta una de las montañas en donde están las FARC una pieza teatral transgresora, que permitió generar un diálogo íntimo y sincero. Con el apoyo de la fundación Yo aporto a la paz, la Universidad Pedagógica y de los Andes, abrieron un espacio de reflexión, de integración y de reconocimiento. Hablar, como lo hacen en uno de los monólogos, de la violencia sexual ejercida desde la autoridad que para algunos da un arma, recordó a algunas guerrilleras las agresiones cometidas por el Ejército y por los paramilitares en el marco del conflicto. “Hubo momentos muy dolorosos que esperamos que no se repitan”, dice en voz baja una las farianas, que graba con su teléfono la presentación de las tres actrices.

Las actrices Carolina Cuervo, Diana Ángel e Indhira Serrano en la presentación de 'Monólogos de la vagina' ante guerrilleros de las FARC.
Las actrices Carolina Cuervo, Diana Ángel e Indhira Serrano en la presentación de 'Monólogos de la vagina' ante guerrilleros de las FARC.

Las mujeres representan el 40% de las FARC y quieren que las escuchen. Aunque sobre todo las que desean ser madres están pasando dificultades por la deficiente atención médica que reciben, dentro de la guerrilla se empiezan a sentir los efectos del acuerdo. En la pasada conferencia guerrillera por primera vez en la mesa principal había tres hombres y tres mujeres. Los rangos dejaron de existir y la voz femenina tuvo una vocería histórica. En el secretariado de las FARC nunca hubo una mujer, pero en el posconflicto quieren asegurarse su lugar. Valentina Beltrán lleva 22 años dentro de la organización. Es la encargada de los proyectos educativos dentro de la zona veredal de Icononzo. Trabaja también para que el lenguaje dentro de la guerrilla sea incluyente y lucha para que ellas tengan los mismos derechos políticos que los hombres.

“En algunas existe el temor a la estigmatización. En la guerra vivíamos las violencias de género por parte de las fuerzas del Estado. Nos preocupa que eso continúe y que el Gobierno no sepa cómo reaccionar”. En las últimas semanas las mujeres farianas han pasado momentos difíciles. Las que por tantos años tuvieron reprimido su deseo de tener hijos y ahora lo pueden hacer, no tienen garantías para llevar un embarazo saludable ni para que los bebés nazcan en condiciones dignas. En la zona desde donde habla Valentina no hay agua potable, la adecuación en infraestructura que debe hacer el Gobierno va lenta. Las enfermedades y las virosis aparecen cada vez con más frecuencia y solo hay servicio de medicina general de lunes a viernes.

En el pueblo más cercano, Icononzo, la atención del hospital es básica. No hay pediatras, tampoco ginecólogos. La guerrilla está padeciendo el deficiente sistema de salud de Colombia. También la negligencia del aparato judicial. Al bebé de Rocío, una guerrillera recluida en la cárcel El Buen Pastor, le costó la vida. “Fue un descuido. Por trámites burocráticos no fue remitida a un especialista con urgencia, cuando la llevaron era demasiado tarde”, dice Valentina en un mensaje que clama justicia y que desde hace varios días se repite en redes sociales. “Como ese caso puede haber más. Mujeres que no están siendo atendidas a tiempo y otras que siguen a la espera de las amnistías para salir de las prisiones”.

Las mujeres dentro de las FARC piden voluntad política para acelerar la implementación del acuerdo. Ellas están haciendo lo que les corresponde. Estudian, trabajan en una ruta para disminuir las desigualdades de género y sobre todo, creen que dejar atrás el conflicto es posible. Si de ellas dependiera que el proceso salga adelante, la Colombia que cree en la paz podría estar tranquila.

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