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El Eurogrupo desbloquea el pago de 8.500 millones del rescate a Grecia

El acuerdo permite al país heleno cumplir con sus compromisos de deuda de julio

Los ministros de Finanzas del euro cerraron anoche un acuerdo para desbloquear un nuevo pago del rescate griego. Tras meses bordeando el pacto, los líderes europeos consensuaron el desembolso al dar su visto bueno a la última ronda de recortes aprobada por Atenas. Grecia necesitaba del nuevo tramo de ayuda para cumplir con importantes compromisos de pago en julio.

El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, con sus homólogos francés, griego y europeo, en Luxemburgo.

Grecia sigue paseando por el abismo sin despeñarse. Los ministros de Finanzas de la zona euro ahuyentaron anoche en Luxemburgo al fantasma de una suspensión de pagos al liberar fondos del rescate a Grecia, que afronta importantes vencimientos de deuda en julio. El desbloqueo de los 8.500 millones era esperado después de que Atenas aprobara una nueva ronda de medidas de austeridad en aspectos tan sensibles como las pensiones. Del tramo de ayuda acordado, 7.700 millones se entregarán a principios de julio y el resto tras el verano. El pacto evita que el problema se aplace hasta la cumbre de jefes de Estado de la próxima semana en Bruselas y elimina las incertidumbres vinculadas al tercer rescate griego.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, también anunció que propondrá a la junta de la institución participar en el vigente plan de rescate con hasta 2.000 millones de dólares, pero sus demandas no han cambiado: sigue condicionando la ayuda a un alivio de la deuda efectivo. “Ha habido progresos claros pero el FMI considera que hay que hacer más y que los socios necesitan más tiempo para concluir el proceso de identificar las medidas sobre la deuda”, dijo Lagarde.

La decisión definitiva sobre la reestructuración tendrá que esperar en principio hasta el fin del programa a mediados de 2018. El futuro de Grecia es rehén del calendario electoral alemán. La búsqueda de soluciones se atisba más sencilla una vez pasen los comicios de septiembre, que limitan la capacidad de movimientos de Berlín para sumarse a medidas de alivio impopulares entre un sector de su electorado. El Eurogrupo dio sin embargo algunas pistas. En palabras de su presidente, Jeroen Dijsselbloem, el organismo "está listo para implementar una extensión de la media de los vencimientos y un retraso de los intereses de amortización de entre 0 y 15 años". En el cajón quedó de momento la propuesta francesa de vincular la cuantía del alivio de la deuda al crecimiento del PIB.

El acuerdo del desembolso huyó de las habituales jornadas maratonianas. La reunión duró apenas dos horas y desde su llegada, los responsables de Finanzas se mostraban confiados en desencallar la situación tras el enésimo tropiezo en el encuentro celebrado el mes pasado en Bruselas. El mensaje optimista adquirió la categoría de mantra. “Un acuerdo no solo está al alcance de la mano, sino que es necesario e indispensable”, subrayó el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici. “Confío en que alcancemos un acuerdo sobre el pago del siguiente tramo”, afirmó escueto el alemán Wolfgang Schäuble. El más gráfico fue el eslovaco Peter Kazimir: “Felicidades a Tsakalotos por todo el trabajo hecho. Va a volver a casa con una maleta llena de dinero”, señaló en su cuenta de Twitter en referencia al responsable de Finanzas heleno dando por hecho el visto bueno a la entrega del dinero.

Dados los precedentes, el optimismo que destilaban los líderes europeos necesitó de la confirmación por la vía de los hechos. El desembolso permitirá liberar nuevos préstamos del tercer programa de rescate, dotado con 86.000 millones de euros, de los que ya se han pagado 31.700 millones. Pero sobre todo, alejar el fantasma de un verano movido coqueteando con el impago. “Tras meses de debate hemos conseguido un acuerdo que va a permitir a Grecia pasar página a este periodo tan difícil para el pueblo griego”, apuntó Moscovici.

Un largo camino

La retórica era triunfal tras haber descongelado el rescate, pero hasta que se concrete qué tipo de reestructuración está dispuesta a permitir Europa, la sensación es la de colocar parche sobre parche para ganar tiempo. Los indicadores económicos de Atenas han mejorado en los últimos tiempos. El superávit primario, sin contar intereses del pago de la deuda, ha sorprendido favorablemente. Y aunque los datos de crecimiento de los últimos dos trimestres han sido negativos, sobre el papel, las cifras deberían dar un vuelco: Bruselas espera que este sea el año de la vuelta a un robusto avance del PIB tras sus recaídas en la recesión. El camino hacia algo parecido a la normalidad se presenta sin embargo duro: el paro lleva un lustro por encima del 20%, el país ha perdido un 25% de su riqueza desde 2010 y la montaña de deuda griega, cercana al 180% del PIB y reiteradamente calificada de impagable por el FMI, suma 314.000 millones de euros, el equivalente a cuatro veces el gasto que realizaron los turistas que visitaron España el año pasado.

En los momentos más angustiosos de su crisis de deuda, Grecia tuvo que decidir entre una desgracia u otra: seguir en el euro y asumir la inacabable oleada de recortes impuestos por sus acreedores, o desgajarse de la Unión Europea y emprender un incierto camino en soledad. Eligió la compañía. El acuerdo de anoche no determinará si fue la mejor decisión, pero da esquinazo a un nuevo acto de la tragedia griega. Y ha llegado tras invocaciones poco terrenales. “Necesitamos suerte y ayuda de los dioses griegos”, dijo días antes de la reunión el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire. “Para eso es necesario que actuemos”, le respondió el primer ministro griego, Alexis Tsipras, menos divino, más pragmático.

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