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Las provocaciones de Pyongyang abren una brecha en la alianza con Pekín

El Gobierno chino estudia recortar la ayuda y aceptar sanciones a Corea del Norte

El líder norcoreano Kim Jong-un, con la estrella del baloncesto Dennis Rodman, la semana pasada en un partido en Pyongyang.
El líder norcoreano Kim Jong-un, con la estrella del baloncesto Dennis Rodman, la semana pasada en un partido en Pyongyang. AFP

China ha sido el principal benefactor y lo más cercano a un socio que ha tenido Corea del Norte desde el fin de la guerra de Corea (1950-1953). La prueba nuclear efectuada por Pyongyang el mes pasado, en respuesta a "la hostilidad" de Estados Unidos, ha agriado, sin embargo, las relaciones mutuas y ha puesto a prueba el compromiso histórico de Pekín con su vecino, que la nueva generación de dirigentes chinos, liderados por el presidente entrante, Xi Jinping, tendrá ahora que analizar.

El mismo día del ensayo atómico, el ministro de Exteriores chino, Yang Jiechi, convocó al embajador norcoreano y le trasladó que China está "muy descontenta y se opone firmemente" a la prueba. También urgió al Norte a que "ponga fin a toda retórica o actos que puedan empeorar la situación y regrese al rumbo correcto del diálogo y las consultas tan pronto como sea posible".

No podía ser de otra forma, el Gobierno chino había advertido públicamente que no siguiera adelante con los planes de realizar la tercera explosión nuclear de su historia, y Pyongyang hizo caso omiso. El Norte ha puesto así en una posición delicada a Pekín, que ha tenido que hacer frente a una creciente presión internacional para que cambie su política con el régimen de Kim Jong-un. "La actitud china estaba muy clara. Pekín hizo todo lo que pudo para convencer a Corea del Norte de que no realizara el ensayo nuclear porque supondría una amenaza para la seguridad en la región, pero (Pyongyang) no escuchó, lo que demuestra que, en el tema atómico, China tiene una capacidad de influencia limitada sobre el Norte", afirma Su Hao, director del Centro de Estrategia y Gestión de Conflictos y profesor en el departamento de Diplomacia de la Universidad de Asuntos Exteriores de Pekín.

¿Irá la respuesta china, en consecuencia, más allá que en otras ocasiones? De momento, no ha dicho qué acciones emprenderá -si es que emprende alguna- o qué sanciones aceptará que aplique el Consejo de Seguridad de la ONU, en el cual, como miembro permanente, tiene derecho a veto. Como ha hecho otras veces, ha pedido a todas las partes implicadas que mantengan la cabeza fría y resuelvan la crisis en el marco de las negociaciones multilaterales para el desmantelamiento del programa de armas atómicas norcoreano, que se encuentran paralizadas desde 2008. En las conversaciones, participan, además de Corea del Norte y Estados Unidos, China, Corea del Sur, Rusia y Japón.

Expertos y analistas consideran poco probable que Pekín apruebe medidas radicales contra su vecino, ya que teme que una Corea del Norte aislada y arrinconada recurra a acciones imprevisibles y desestabilice la región; lo último que China, centrada en su propio crecimiento, desea. Pekín ve con inquietud las consecuencias que podría tener el hundimiento del régimen norcoreano, como el éxodo de refugiados a través de la frontera común y una potencial reunificación de la península, que colocaría a Corea del Sur, estrecho aliado de Estados Unidos, a sus puertas.

Lo que sí creen los observadores políticos es que el nuevo Gobierno de Xi Jinping, que será nombrado presidente de China en la sesión anual del Parlamento que comienza mañana, podría acercar posiciones con Estados Unidos y aceptar nuevas sanciones e incluso recortar su ayuda a Pyongyang, como forma de mostrar su descontento por haber sido ignorado. Otros piensan que podría incluso llegar a un acuerdo con Washington para adoptar algún tipo de medida en el marco de PSI (Proliferation Security Initiative) con objeto de impedir que el Norte envíe armas al extranjero. "China llegará a un acuerdo con la comunidad internacional para castigar a Corea del Norte, y, aunque pueda haber algunas diferencias con Estados Unidos sobre cómo hacerlo, alcanzarán una posición común", asegura Su.

"La incapacidad china para disuadir a Corea del Norte de que llevara a cabo su tercera prueba nuclear revela de forma muy clara la limitada influencia que tiene Pekín sobre las acciones de Pyongyang", dice Suzanne DiMaggio, vicepresidenta de Programas de Política Global en Asia Society, una organización no gubernamental con sede en Nueva York que se dedica a difundir el conocimiento sobre Asia. "El joven líder de Corea del Norte Kim Jong-un ha avergonzado a los gobernantes chinos con su última provocación. Pekín, probablemente, no llegará al punto de imponer sanciones unilaterales o recortar la ayuda, pero este ensayo deja a China con pocas más opciones que apoyar sanciones internacionales más duras".

En China, las relaciones con el Norte son principalmente terreno del departamento de coordinación internacional del Partido Comunista Chino (PCCh) y el Ejército Popular de Liberación (EPL), y se cree que ambos respaldan las políticas de apoyo al país vecino, a pesar de las tensiones. Durante la guerra de Corea, murieron entre 150.000 y 400.000 soldados chinos, según las fuentes.

Pero las diferencias con el Norte van al alza. Antes del ensayo atómico, la prensa oficial china ya instó al Gobierno a responder duramente a Pyongyang si concretaba su intención. "Si Corea del Norte insiste en llevar a cabo una tercera prueba nuclear a pesar de los intentos de disuadirlo, debe pagar un alto precio. La ayuda que recibe de China debería ser reducida", señaló el periódico Tiempos Globales, que está ligado al Diario del Pueblo, órgano de propaganda del PCCh. Pekín "desea mantener la amistad chino-coreana, pero Pyongyang debe hacer lo mismo", dijo la publicación, que advirtió que "China no debe ser tomada como rehén de las acciones extremas de Corea del Norte".

De ahí que Su cree que Pekín tomará también medidas unilaterales para mostrar su descontento. "China no lo dirá en público, pero lo que ha hecho Corea del Norte amenaza seriamente la seguridad nacional china y afecta a la paz y la estabilidad en la región Asia-Pacífico. Creo que hará saber a Corea del Norte que tiene que pagar por lo que ha hecho y le dará una lección. Pero, ¿de qué forma lo castigará? Tendremos que esperar y observar".

En 2006, dos meses después de que el régimen del entonces líder Kim Jong-il, padre de Kim Jong-un, disparara un misil balístico y un mes antes de que realizara la primera prueba atómica de su historia, Pekín redujo de forma discreta el suministro petrolífero, del cual tanto depende Pyongyang. La decisión china solo salió a la luz cuando fueron publicados los datos de comercio entre los dos países. Acto seguido, Pekín dejó de publicar estas cifras.

Para Washington, la mayor preocupación, según los expertos, no es que el Norte logre desarrollar una bomba atómica, sino que el material nuclear prolifere y acabe en manos de potenciales clientes como Irán o de terroristas. Para Pekín, el temor es que, ante el progreso nuclear norcoreano, otros países como Corea del Sur o Japón opten por dotarse también de armas nucleares. En Seúl, algunos diputados han solicitado que se debata la posibilidad de abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear e iniciar un programa atómico militar.

Las medidas punitivas no disuadirán, probablemente, a Corea del Norte de que abandone sus ambiciones nucleares, como siempre ha dicho China. Pyongyang considera el programa atómico vital para su seguridad; una posición que reforzó la caída del régimen de Gadafi en Libia en 2011 a los pocos años de haber renunciado a la fabricación y uso de armas químicas, biológicas y atómicas. Mientras tanto, el Norte sabe que Pekín está preocupado por la inestabilidad y la incertidumbre en la zona, y esto le da alas para seguir con sus pruebas nucleares y de misiles.

Corea del Norte advirtió que realizaría la tercera detonación atómica, después de que el Consejo de Seguridad de la ONU condenara en una resolución el disparo el 12 de diciembre pasado de un cohete, que, según Estados Unidos y sus socios, fue el ensayo disfrazado de un misil balístico de largo alcance, aunque Pyongyang insiste en que se trató únicamente del lanzamiento de un satélite.

Con la última maniobra, Kim Jong-un ha creado un dilema a Pekín, donde hay un intenso debate entre los analistas y consejeros políticos, algunos de los cuales defienden que la relación con Pyongyang genera ya más quebraderos de cabeza que beneficios. China aprobó la resolución de la ONU por el lanzamiento del cohete tras largas negociaciones destinadas a suavizar el castigo. Qué decisión adopte ahora dirá mucho del rumbo que pretende seguir el Gobierno de Xi Jinping en sus relaciones con Washington y Pyongyang.