Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete

El capo que ‘murió’ dos veces

El Chayo era el líder e ideólogo de Los Caballeros Templarios, el cartel del ‘narco’ más poderoso de Michoacán, al suroeste de México

Estanislao Beltrán, líder autodefensa, muestra una figura que supuestamente representa a Nazario Moreno. EFE

El hombre más temido en Michoacán tenía varios nombres. El Más Loco. El Doctor. El Chayo. Pero su nombre real era Nazario Moreno (Guanajuatillo, 1970) y era más que un narcotraficante. Fundó el grupo de crimen organizado más poderoso de la zona, una mafia con una ideología pseudorreligiosa y regionalista, en la que no era su líder: era su dios.

Moreno era el líder máximo de La Familia Michoacana, un grupo delictivo que irrumpió hace ocho años cuando declaró la guerra abierta a Los Zetas, que entonces peleaban el dominio de Michoacán con el cartel de Sinaloa. En septiembre de 2006, varios encapuchados armados entraron en un bar de las afueras de Uruapan, la segunda ciudad michoacana, y arrojaron en la pista de baile cinco cabezas y un mensaje firmado por “La Familia”.

Los hombres que entraban a La Familia Michoacana recibían un librito de portada roja titulado Me dicen ‘El Más Loco’. El texto resume la “filosofía” del cartel y se presenta como “el diario de un idealista”. Cuentan que Moreno lo escribió en su escondite, asentado en la tupida sierra michoacana. Describe su niñez, en la que comía solamente “frijoles y tortilla”, y afirma que en sus primeros años de juventud salió de la pobreza extrema vendiendo coches usados. Relata también sus problemas de alcoholismo (se rehabilitó antes de fundar el cartel, cuenta) e insiste en que sus hombres debían realizar una “labor social”.

Un libro escrito por Moreno resume la “filosofía” del cartel y se presenta como “el diario de un idealista”

En 2008, dos desconocidos arrojaron sendas granadas contra los asistentes a la fiesta de Independencia de México en Morelia, una verbena que reúne a familias enteras en las plazas principales de las ciudades del país. Murieron siete adultos y un niño y decenas de personas quedaron mutiladas. Los hoyos causados por los explosivos permanecen en el suelo. “¡Que Dios me perdone!”, gritó uno de los atacantes segundos antes del atentado, recuerdan testigos.

El cartel, que se había hecho para entonces con la producción de la marihuana local (Michoacán es uno de los principales productores de la hierba), comenzó a expandir su actividad delictiva. Comenzaron a cobrar extorsión: primero a empresarios, después a ganaderos y agricultores y al final a los más pobres campesinos de la región. Se hicieron con el poder de varias minas ilegales de hierro —el Estado tiene las mayores reservas del país— y construyeron cientos de laboratorios clandestinos para producir metanfetamina, hasta convertirse en el principal productor de México de la droga sintética. El coche de uno de los narcotraficantes mexicanos que aparecen en la serie Breaking Bad tiene placas de Michoacán.

El centro de actividades del cartel se asentó en Apatzingán, la mayor ciudad de Tierra Caliente, la región del país que ha concentrado la violencia que ha flagelado a Michoacán en los últimos ocho años. Fue ahí donde, tras un espectacular operativo conducido por las autoridades federales, el Gobierno de Felipe Calderón dio por muerto a Nazario Moreno el 9 de diciembre de 2010 y proclamó la disolución de La Familia Michoacana. La muerte de El Chayo era desmentida en Michoacán a los pocos días del anuncio.

Tras la primera muerte de El Chayo, uno de los cofundadores de La Familia, José de Jesús Méndez El Chango (detenido en 2011), se separó del cartel y mantuvo un grupo de sicarios con el nombre original. El resto conservó su red de operaciones, pero se cambió el nombre: nacieron Los Caballeros Templarios. El culto al líder, supuestamente fallecido, se fortaleció. En los pueblos michoacanos se repartían hojas con oraciones a Moreno, y aparecieron altares en honor al capo, representado como un santo vestido con una túnica medieval.

Una pancarta en una manifestación a favor del capo en 2010. AP

La aparición en febrero de 2013 de los grupos de autodefensa, civiles armados que han declarado la guerra a Los Caballeros Templarios, desbordó la tensión en Michoacán. Las milicias asumieron el control de los municipios de Tepalcatepec y La Ruana (al noroeste del estado) y comenzaron un lento avance que terminó por rodear Apatzingán en enero pasado.

Los narcotraficantes respondieron con una violenta ofensiva que incluyó bloqueos en las principales carreteras de Tierra Caliente y el sometimiento de varios pueblos a un estado de sitio de facto. Los niños permanecieron dos semanas sin ir a la escuela. Los autobuses de pasajeros y los camiones de carga no se atrevían a ir a la región. El Gobierno mexicano respondió con el lanzamiento el 15 de enero del Plan para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán y el nombramiento de Alfredo Castillo como comisionado federal para gestionar la estrategia del presidente Enrique Peña Nieto.

A lo largo del último mes y medio, el Gobierno mexicano ha asestado varios golpes al narcotráfico en la región. Hace apenas unos días que Castillo anunció la incautación de 119.000 toneladas de hierro en el puerto de Lázaro Cárdenas, en la costa pacífica michoacana, y otrora territorio bajo el dominio de Los Templarios. La operación es un varapalo importante a la financiación del cartel.

De los siete líderes de Los Caballeros Templarios señalados por las autodefensas, dos han sido capturados (Dionicio Loya Plancarte, El Tío, y Jesús Vázquez Macías, El Toro) y cuatro permanecen prófugos (Enrique Kike Plancarte; un hombre identificado como El Chicano; Fernando Cruz El Tena y Servando Gómez La Tuta). El séptimo, el más importante de todos, es el hombre caído hoy. El único que ha sido dado por muerto dos veces: Nazario Moreno El Chayo.