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Tres ministros críticos anuncian su deseo de dejar el Gobierno francés

El primer ministro Valls presenta su dimisión para formar un nuevo Ejecutivo sin resistencias

Los titulares de Economía, Educación y Cultura adelantan su intención de no continuar

François Hollande y Manuel Valls, el pasado 15 de agosto.

La rentrée política en Francia se anunciaba caliente, pero ha estallado incluso antes de tiempo con una grave crisis de Gobierno. El primer ministro de Francia, Manuel Valls, ha presentado este lunes la dimisión de su gabinete al presidente, François Hollande, para la formación de un nuevo Ejecutivo después de que el presidente le solicitara la remodelación gubernamental. Las críticas internas a las históricas reformas lanzadas el pasado invierno por Hollande, encabezadas precisamente por su ministro de Economía, Arnaud Montebourg, han hecho insostenible un Ejecutivo que ha durado 147 días. Junto con Montebourg, han anunciado su deseo de no seguir el Gobierno los titulares de Educación y de Cultura, Benoît Hamon y Aurélie Filipetti, respectivamente.

Valls se ha reunido esta mañana con Hollande para anunciarle la decisión y, según un comunicado de la presidencia, “el jefe de Estado le ha pedido que constituya un equipo en coherencia con las orientaciones que él mismo ha definido para el país. Su composición se anunciará el martes”. El órdago de Hollande frente a sus críticos se produce en un momento en el que los resultados económicos, con el crecimiento estancado y el paro al alza, no le acompañan. Sin popularidad, con solo un 17% de apoyo ciudadano, tampoco. Desde que en 2012 accedió a la presidencia de la República, se dispone a contar con su tercer Ejecutivo. El segundo solo le ha durado 147 días y, según diversos analistas, ahora intenta el todo por el todo para sacar sus reformas frente a todo tipo de resistencias, especialmente las internas.

En un movimiento perfectamente coordinado con la presidencia, Valls reforma su equipo, presumiblemente para descargarlo de esa minoría de ministros críticos con la política de reformas económicas que Hollande viene impulsando desde que en enero planteó a los agentes sociales un “pacto de responsabilidad” para relanzar la productividad francesa a expensas de profundos recortes y unas ventajas para las empresas cifradas en más de 40.000 millones de euros.

El nuevo gabinete se espera como una demostración de firmeza ante las críticas vertidas sobre Valls en los últimos días. Tras semanas elevando el tono de sus aguijonazos a Valls, este sábado, Arnaud Montebourg, titular de Economía, se colocó en la rampa de salida del Gobierno al atacar con firmeza las directrices económicas de su Gobierno en una entrevista al diario Le Monde. Montebourg pidió una inflexión, plantarle cara a las recetas de contención de gasto de Alemania: “Hay que dar prioridad a la salida de la crisis y trasladar a segundo plano la reducción dogmática del déficit, que nos conduce a la austeridad y el paro”.

Montebourg se reunió durante un cuarto de hora con Valls a media tarde y, minutos después, en una incendiaria rueda de prensa para atacar frontalmente las políticas europeas de austeridad, anunció que recobraba "la libertad" tras fracasar en su intento de cambiar las políticas económicas de Francia. Para el aún ministro de Economía, la política de austeridad es "ineficaz e injusta" y origina "un sufrimiento inútil" a los ciudadanos. Los resultados en Francia, con una economía estancada y un paro al alza, le dan la razón, cree Montebourg, a la hora de impulsar "soluciones alternativas".

Antes del anuncio de la crisis de Gobierno, esta mañana en la cadena Europe 1, Montebourg ratificó su posición y aseguró que no sabía cuánto tiempo seguiría siendo ministro pero que no se tomaba en serio la posibilidad de una reforma del Ejecutivo. Estaba equivocado. Sus declaraciones implicaban un reto a Manuel Valls: “Me parece que uno no se separa de los ministros que hacen propuestas dentro de un debate legítimo”. En su opinión, “no ha habido ningún cuestionamiento de la solidaridad gubernamental”. El primer ministro recogió el guante, animado sin resquicios por Hollande.

Benoît Hamon, ministro de Educación y la otra gran voz crítica con las políticas de austeridad del binomio formado por Hollande y Valls, apoyó el domingo las críticas de Montebourg en el diario Le Parisien y en una fiesta del partido socialista en Frangy-en-Bresse, la llamada Fiesta de la Rosa. Es más, Hamon se declaró próximo a los 41 diputados socialistas rebeldes que han criticado las reformas en la Asamblea Nacional.

Junto con Montebourg y Hamon, otros ministros también se han mostrado críticos con las reformas, aunque de forma más moderada. Es el caso de las ministras de Justicia, Christiane Taubira, y de Cultura, Aurélie Filipetti. Esta última ha declarado este mediodía que no desea seguir en el próximo Gabinete de Valls porque prefiere ser "fiel a sus ideales".

El terremoto político provocado por Hollande persigue desarrollar sin resistencias en el Gobierno las históricas reformas que ha puesto en marcha junto con Valls, pero las consecuencias son imprevisibles. En los próximos días se verá qué reacciones provoca la tormentosa salida de Montebourg y Hamon en las filas del Partido Socialista, ya dividido por las polémicas medidas. Los dos ministros, y especialmente el primero, son dos pesos pesados tanto del Gobierno como del partido. El primero fue en 2011 candidato en las primarias a las presidenciales. Obtuvo un honroso tercer puesto, con el 17% de votos, y después fue clave para la designación de Hollande gracias al apoyo que le prestó frente a la exministra Martine Aubry.

La crisis de Gobierno también tiene una lectura en clave europea. Francia, muy criticada desde Bruselas por no cumplir los objetivos del déficit, no tenía precisamente en Montebourg un apoyo diplomático. Furibundo germanófobo y eurohostil, además de enemigo tradicional de los medios liberales anglosajones y alemanes, Montebourg cargaba a menudo contra las políticas de contención de Bruselas y Berlín. Prescindiendo de él, Hollande allana el camino para negociaciones claves, como las de los miembros de la nueva Comisión de Jean-Claude Juncker. Hollande pretende que Juncker adjudique una importante cartera económica a Pierre Moscovici, ministro de Economía hasta el pasado marzo.

Un contexto de recortes

El 29 de abril Manuel Valls presentó los mayores recortes del gasto público de la moderna historia francesa ante una Asamblea Nacional dividida y un Partido Socialista (PS) fracturado. Valls sacó adelante un ajuste de 50.000 millones en tres años en una votación con 265 síes frente a 232 noes y 41 abstenciones en las filas de su propio partido, el PS. Montebourg y Hamon son los ministros más próximos a estos rebeldes que han convertido su labor parlamentaria en un pulso permanente a Valls.

No podemos vivir más tiempo por encima de nuestras posibilidades”, proclamó aquel día Valls, pidiendo con vehemencia (y poco éxito) el apoyo unánime de todo el grupo socialista. Valls presentó entonces el Programa de Estabilidad trienal exigido a París por la Comisión Europea para reducir el déficit de Francia como una “decisión soberana”, imprescindible para crear empleo, mejorar la competitividad de las empresas, volver a crecer, rebajar el déficit —“que nos asfixia”, enfatizó—, y garantizar “la justicia social y el poder adquisitivo de los más débiles”.

Desde entonces los conflictos sociales han perseguido al Ejecutivo. Por ejemplo, una doble huelga en junio de ferroviarios y de trabajadores del mundo del espectáculo. Los primeros mantuvieron la mitad de los trenes de Francia detenidos durante una semana en oposición a la futura reforma ferroviaria. Los segundos (trabajadores fijos discontinuos del teatro, la música, la danza, la televisión y el cine) obligaron a cancelar decenas de espectáculos en protesta por la reforma de su régimen de protección por desempleo.

Manuel Valls sucedió a Jean-Marc Ayrault el 1 de abril después de la debacle socialista en las elecciones municipales de marzo. Llegó al Gobierno con una amplia agenda de reformas, y se construyó un Ejecutivo de compromiso trayendo de la mano a rostros conocidas como el de Ségolène Royal y respetando a buena parte de los ministros ya en el cargo. Entre sus gestos conciliadores destacó el de entregar la economía a Arnaud Montebourg, que ya era parte del Gobierno de Jean-Marc y representaba al ala más izquierdista del partido.

Con el espaldarazo de hoy a Valls, Hollande hace oídos sordos a la baja popularidad de su primer ministro que, menos de seis meses después de ser nombrado, tiene sólo el apoyo del 36% de los franceses, según la encuesta del instituto Ifop para el diario Le Journal du Dimanche.

Hollande concede así a su primer ministro la posibilidad de organizar un Ejecutivo a su gusto. “Francia no puede esperar”, argumentaba el presidente francés en julio pasado. El presidente ya quiso entonces acallar a las voces discordantes y apoyó sin fisuras a su primer ministro: "Lo designé por su eficacia, por su capacidad de organización y por su rapidez. ¿Alguien piensa que nombré a un primer ministro para que hiciera una política que yo no quería?”, indicó. “Nada nos separa en nuestros objetivos”, enfatizó.

La crisis económica francesa

El PIB creció un 0,3% en 2013. La deuda pública alcanzó el 93,6% del PIB en marzo. Francia paga casi 50.000 millones anuales de intereses. El desempleo supera el 10%.

• El Pacto de Responsabilidad, cuyas líneas generales fueron aprobadas por el Parlamento en abril, prevé rebajas de impuestos a las empresas que suponen aminorar los ingresos en 41.000 millones. Las rebajas fiscales para los hogares suponen 5.000 millones.

• Para compensar, Hollande pretende recortar en 50.000 millones el gasto público entre 2015 y 2017. De ellos, 18.000 corresponden a gastos del Estado; 11.000 a las administraciones regionales y locales; 10.000 en Sanidad; y 11.000 en otras prestaciones.

• El grueso de los recortes tendrá que ser definido en los próximos presupuestos. Ya está aprobada la congelación de las pensiones superiores a los 1.200 euros mensuales.

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