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El Parlamento griego aprueba el rescate pese a la fractura de Syriza

El sí al acuerdo ha obtenido 229 votos; el no, 64, entre ellos 32 de la formación de Tsipras

Manifestantes lanzan cócteles molotov y la policía responde con gases lacrimógenos

Enfrentamiento entre policía y manifestantes. Y.B. REUTERS/ATLAS

El primer ministro Alexis Tsipras comprobó este miércoles el alto precio que ha de pagar por mantener a Grecia atada al euro. Aunque logró sacar adelante el acuerdo para negociar un nuevo rescate, con 229 votos a favor, gracias a la mayoría de su partido, Syriza, a su socio de gobierno y a tres partidos de la oposición, y 64 en contra, entre ellos 32 de sus propias filas (entre ellos el de Yanis Varoufakis) y seis abstenciones, también de Syriza. Con esta fractura, el Gobierno queda en una posición muy débil. Tsipras volvió a defender un acuerdo “malo” pero inevitable.

Un programa con dos grandes apartados

El paquete legal cuya aprobación la eurozona ha puesto como condición a Grecia para negociar el tercer rescate llega esta noche al Parlamento de Atenas dividido en dos artículos.

El primero es la ratificación del texto aprobado el lunes en la cumbre de Bruselas, en el que se establecen las condiciones para iniciar las negociaciones.

El segundo incluye cambios y subidas en el régimen del IVA, nuevas medidas tributarias, el fortalecimiento del tratamiento penal de la evasión fiscal, reformas en las pensiones y la Seguridad Social, la garantía de la independencia de la oficina de estadísticas griega, así como la creación de una autoridad fiscal que vigilará que no haya desvíos en los objetivos fiscales marcados.

El Eurogrupo analizará este jueves si se han cumplido los requisitos pactados con Grecia el lunes.

Mientras los ciudadanos echaban cuentas de lo que supondrá la inmediata subida del IVA —como mínimo, un aumento de 720 euros al año por hogar—, una de las leyes que el Parlamento griego aprobó ya en la madrugada de hoy para franquear el tercer rescate, el primer ministro, Alexis Tsipras, hacía otros cálculos: los de cuántas bajas habría de costarle aprobar un acuerdo en el que no cree, pero que se ha visto obligado a aceptar, y si, a pesar del respaldo de la oposición, saldría indemne, con su partido más o menos entero, del pleno más decisivo en décadas. Finalmente, 38 de sus 149 diputados se mostraron disconformes con el acuerdo (32 noes y seis abstenciones). Un diputado de Syriza no acudió a la votación.

Las dimisiones de altos cargos —dos responsables del Ministerio de Finanzas, entre ellos la viceministra Nadia Valavani, presentaron su renuncia “porque es imposible disentir de una medida del Gobierno y pretender seguir en él”— y en las filas de su grupo parlamentario hacían presagiar ya durante la jornada un severo varapalo a Tsipras, y una escisión puede que irreparable en Syriza, pese a las declaraciones de Panayotis Lafazanis, ministro de Reconstrucción Productiva, Energía y Medio Ambiente y líder de la Plataforma de Izquierda, el bastión radical de Syriza, que declaró que él y sus diputados votarían contra las medidas pero seguirán apoyando al Gobierno. El propio Lafazanis votó en contra del acuerdo.

Horas después de que Tsipras admitiese en una entrevista televisiva que no había más opciones que este “mal acuerdo” o una salida desordenada del euro, y en medio de un ambiente crispado por varias huelgas y manifestaciones —que desembocaron en incidentes entre manifestantes y policía—, los comités parlamentarios correspondientes dieron luz verde al texto, que fue trasladado al pleno, donde en un acalorado debate salieron adelante las medidas exigidas por los socios para negociar un nuevo rescate gracias al apoyo de los tres partidos de la oposición proeuropea (conservadores, socialistas y liberales). Estos, no obstante, no ahorraron críticas al Gobierno durante la sesión. Panos Kamenos, líder del partido que forma la coalición con Tsipras, hizo un llamamiento a apoyar el Ejecutivo: “Si cae el Gobierno, no habrá esperanza para Grecia, no habrá esperanza para Europa”.

El aviso más serio al primer ministro no vino este miércoles de su grupo parlamentario, sino del comité central de Syriza, que por la mañana rechazó el acuerdo por mayoría absoluta (109 votos de 201, entre ellos cuatro miembros del Gobierno) y pidió sin éxito a Tsipras que lo retirara. La declaración rebelde acusa a Bruselas de “atentar directamente contra cualquier noción de democracia”.

Lo explicaba con otras palabras, en la manifestación contra el acuerdo convocada por la tarde ante el Parlamento —en la que hubo disturbios—, Jristos Kasimis, asesor del ministro Lafazanis y dirigente de la Plataforma de Izquierda: “No es sólo la Plataforma la que está en contra, sino muchísimos más en Syriza. Este memorándum es tres veces peor que el primero, así que no podemos aceptarlo porque, además, va contra la voluntad del pueblo. Por eso la única alternativa es una salida del euro. Tsipras luchó mucho, lo sabemos, pero fue derrotado”, afirmó.

Tsipras reconoció ante su grupo parlamentario que había agotado hasta la última posibilidad de solución. “Negociamos lo mejor que pudimos (…). Pero estoy abierto a cualquier alternativa realista que haya podido pasar por alto”, dijo, instando a sus diputados a mantener la unidad. “O estamos todos juntos esta noche o mañana será difícil seguir siendo primer ministro”, añadió, según medios locales.

Ya durante el debate parlamentario, Tsipras insistió en que solo tuvo tres opciones en la cumbre europea: el pacto alcanzado, una quiebra desordenada, o el plan de desconexión temporal del euro que proponía el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble. “No voy a endulzar esto ni a hacerlo pasar por una historia de éxito, pero tampoco voy a hacer a nuestros oponentes políticos el favor de ser un breve paréntesis en el tiempo”, dijo el primer ministro, que prometió que su Gobierno hará “lo imposible para poner las cosas en orden” en el país.

La presidenta del Parlamento pide “rechazar el chantaje”

Polémica y quisquillosa en las formas y en los procedimientos, la presidenta del Parlamento griego, Zoí Konstandopulu, representante del ala radical de Syriza, ha instado este miércoles a los diputados a rechazar el “chantaje” de la Unión Europea, pocas horas antes de la votación del principio de acuerdo que facilitará la negociación del tercer rescate con los socios a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera (Mede). “Este Parlamento no debe firmar el chantaje de los prestamistas”, ha arengado Konstandopulu, a quien muchos en Grecia —y en Syriza— critican sus guiños leguleyos y las garantías formales que siempre ofrece al grupo parlamentario de los neonazis de Aurora Dorada (17 escaños).

Según Konstandopulu, que desde el primer momento se ha posicionado en contra de un nuevo rescate que implique más medidas de austeridad, es un deber de los parlamentarios griegos evitar que se materialice ese pacto “innoble” entre el Gobierno de Atenas y sus acreedores internacionales. La presidenta —la tercera autoridad del país tras el presidente de la República y Tsipras— ha retrasado la tramitación, por la vía de urgencia, de las acciones prioritarias demandadas por los socios.

En la votación parlamentaria que aprobó la convocatoria del referéndum, el 27 de junio, Konstandopulu protagonizó un incidente con la bancada conservadora, que le criticó duramente que abandonara su asiento para tomar la palabra desde el estrado de oradores como simple diputada de Syriza, tras de lo cual pretendió seguir presidiendo la sesión. Los conservadores abandonaron el hemiciclo como protesta, y el propio Tsipras tuvo que llamarle la atención. Konstandopulu se disculpó.

Muchos en la facción mayoritaria de Tsipras ven inevitable no ya la ruptura del partido, sino la convocatoria casi inmediata de elecciones. “Este Gobierno no tenía opciones, porque no ha sido un proceso de negociaciones sino de humillación”, explica el historiador y votante Ángelos Vlacos. “La de Tsipras fue una decisión dramática que hará madurar de forma dolorosa al partido. Con su responsabilidad, ha ganado preponderancia moral, aunque tengo claro que habrá elecciones en unos meses. Syriza no va a ser el mismo partido después de hoy, pero si la convicción y la responsabilidad de Tsipras convencen a los ciudadanos, el partido podrá desligarse de sus elementos más radicales e ideológicos —que tal vez creen su propio partido—, y arrastrar a mucha gente que cree, como buena parte de la oposición, que Tsipras es el único capaz hoy de sacar esto adelante”.

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