Los atentados cuestionan la capacidad de los servicios de seguridad belgas

Las críticas a Bélgica arrecian a medida que avanza la investigación sobre los ataques terroristas

Una multitud se concentra en la plaza de la Bolsa de Bruselas en solidadridad con las víctimas de los atentados. Quality / Bernardo Pérez

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, echó ayer sal en una herida con pocos visos de cicatrizar y abierta en Bélgica a raíz de los atentados que ensangrentaron París el pasado noviembre. Las críticas a los servicios de seguridad belgas arrecian a medida que trascienden detalles operativos sobre los ataques terroristas.

Erdogan acusó el miércoles a Bélgica de haber ignorado una información clave, que podría incluso haber frustrado los atentados que el martes acabaron con la vida de 31 personas e hirieron a casi 300 en Bruselas. Turquía, según Erdogan, advirtió de que Ibrahim el Bakraoui, uno de los presuntos terroristas suicidas, trató de entrar en Siria y habría sido deportado el año pasado. Bélgica se escuda en que no puede detener a una persona sin tener pruebas de sus supuestos crímenes, pero se ve obligada de nuevo a adoptar una actitud defensiva ante las acusaciones más o menos veladas de que su seguridad no está a la altura de un país de la UE; sobre todo si es el que alberga las instituciones europeas y sirve de cuartel general a la OTAN. La información que va emergiendo en las últimas horas apunta a la existencia de una extensa red de terroristas cuya base de operaciones ha sido la capital belga.

La sal turca cae apenas cinco días después de que la caza de Salah Abdeslam, hombre clave en los atentados de París, se convirtiera en otro motivo de sonrojo para las autoridades belgas. Abdeslam, uno de los autores de los atentados de París, llevaba cuatro meses fugado y el pasado viernes le encontraron en la casa de la madre de un amigo en Molenbeek, el barrio en el que creció. El piso se encuentra a pocos metros del apartamento al que Abdeslam acudió a su vuelta de París y a otros tantos de la casa de su familia, en la plaza principal de Molenbeek, donde además del Ayuntamiento se encuentra la gran comisaría de policía.

"¿Para qué vamos a colaborar denunciando lo que vemos si no va a servir para nada y si ni siquiera nos garantizan la seguridad dentro de la comunidad?"

Ayer, los vecinos del barrio explicaban que no daban crédito y consideraban que el hecho de que a Abdeslam le cazaran precisamente en un lugar que debía estar ultravigilado era solo una muestra más del despiste de la policía y los servicios secretos, incapaces de ganarse la confianza y las confidencias de los locales. “La policía no es efectiva. No les importa lo que pase aquí. ¿Para qué vamos a colaborar denunciando lo que vemos si no va a servir para nada y si ni siquiera nos garantizan la seguridad dentro de la comunidad?”, explicaba un vecino de Molenbeek que pide preservar el anonimato. Aunque aquí casi todos se conocen, aunque sea de vista, acostumbran a no preguntarse por cuestiones delicadas para evitar saber demasiado.

La policía de Molenbeek explicaba recientemente que tienen verdaderas dificultades para reclutar agentes de origen magrebí que hablen árabe, y que irremediablemente esa carencia les desconecta de una población que tiende a encerrarse en sí misma como reflejo en parte a la discriminación a la que se enfrentan en la sociedad belga.

Sin titulo Detención de Abdeslam. AP

Carencias y recortes

A las deficiencias policiales se le añaden los recortes que dejaron en los huesos —unos 600 agentes— a los servicios secretos en los últimos años de crisis, y que tras los atentados de París los belgas tratan de remediar con una partida de 400 millones de euros. Alain Winants, el que fuera  jefe de los servicios secretos belgas hasta 2014 y durante los ocho últimos años, coincidiendo con el auge del yihadismo, explicaba en una entrevista reciente con este diario que “se dejó de reclutar agentes y a los que se jubilaban no se les remplazaba. Llegó un momento en que era imposible cortar más. Vigilar a una persona 24 horas al día, requiere unas 15 o 20 personas por sospechoso. La seguridad tiene un precio”. Contaba también que la modernización de los servicios secretos belgas tardó mucho en llegar, que apenas en 2010 se legalizaron las escuchas telefónicas y hasta 1998 simplemente no hubo una ley que regulara las actividades del espionaje. Aún así, el propio Winants reconocía que la seguridad no basta, que “hay que trabajar en todos los niveles. Hay que atacar los problemas sociales, los económicos, los educativos”.

Con la sede de la OTAN y de la UE, Bruselas es un nido de espías de todo el mundo. Nadie vio nada

La conmoción tras los atentados de París en noviembre provocó la puesta de marcha de medidas pendientes pero que aún siguen el curso legislativo correspondiente, entre ellas permitir los registros de domicilios por la noche, los actos de preparación para la comisión de actos terroristas como el alquiler de coches o la compra de tarjetas prepago, o la “incitación a desplazarse al extranjero con fines terroristas”.

Castigar a los reclutadores

Con esta última medida se trata de castigar a los reclutadores, que durante años han operado a la vista de quien los quisiera ver, como denuncian ahora las familias de jóvenes que viajaron a Siria para engrosar las filas islamistas. Durante los primeros años de la guerra de Siria, la marcha de combatientes belgas no era un asunto de crucial importancia como ahora. Por un lado, las autoridades sentían que era una manera de perder de vista a algunos tipos problemáticos de barrio, y por otro se trataba al fin y al cabo de combatir el régimen sanguinario de Bachar el Assad. A medida que el autoproclamado Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) fue tomando forma, las autoridades se percataron del descomunal problema que supone la presencia de retornados en Europa, como dejó claro el caso de Abdelhamid Abaaoud, cerebro de los atentados de París. Bélgica es un buen suministrador de efectivos al Estado Islámico y Jabat al Nusra. Hasta 562 han combatido en Siria o en Irak, según los cálculos del investigador Pieter van Ostaeyen. Esta cifra convierte a Bélgica en el país de la UE con más yihadistas per capita, con 41,96 por cada millón de habitantes, según Van Ostaeyen.

La aprobación de algunas de estas medidas legislativas habría sido complicada hace apenas un año, ya que el debate sobre el equilibrio entre las libertades y la seguridad es especialmente intenso en Bélgica. Es previsible que los atentados de esta semana hayan pulverizado cualquier resistencia al respecto por parte de la opinión pública en Bélgica.

Cooperación francesa

Los fallos de los servicios de seguridad belgas han dado pie a no pocas críticas, la última la del ministro de Finanzas francés, Michel Sapin, quien acusó a los belgas de ser “naif” en su administración de comunidades con fuerte presencia musulmana como la estigmatizada Molenbeek. El primer ministro francés, Manuel Valls, de visita en Bélgica, anunció que la cooperación antiterrorista entre Francia y Bélgica “va a intensificarse en las próximas semanas y en los próximos meses para prevenir nuevos actos terroristas”.

Bélgica se ha convertido en un nido de terroristas. También es uno de los países de la UE que más yihadistas envía a Siria

Aunque los belgas no están solos en su ceguera. Bruselas es un verdadero nido de espías procedentes de medio mundo. El cuartel General de la OTAN y la Unión Europea tienen sus sedes principales en la capital belga, donde se asientan también las representaciones permanentes de los países. Los servicios secretos de todo el mundo tienen agentes en Bruselas, a veces en forma de agregados culturales, periodistas u hombres de negocios. Lo cierto es que esa nube de 007 ha permanecido ajena a lo que se cocía en Molenbeek, en Schaarbeek o en Forest, todos barrios situados a escasos kilómetros del barrio europeo.

El comisario de interior europeo, Dimitris Avramópulos, hizo ayer mención a otro de los grandes asuntos pendientes en la lucha antiterrorista europea y que también trasciende a las autoridades belgas. Avramópulos dijo que “los Estados tienen que confiar unos en otros”. “Necesitamos más coordinación y compartir más información”, añadió. El coordinador antiterrorista de la UE, Gilles de Kerchove indicó que desearía que “los servicios de información alimenten más las plataformas europeas […], porque cruzando todas las informaciones llegaremos a establecer más vínculos” entre sospechosos, dijo a la radio francesa Europe 1. Fuentes comunitarias explican sin embargo, que a pesar de que existe una base de datos de Schengen, donde los países deben introducir información sobre sospechosos, coches robados o pasaportes para que salten las alertas, lo cierto es que no siempre se hace porque los servicios secretos de los países quieren proteger sus fuentes y son reticentes a compartir con países de los que no acaban de fiarse.

El especialista en seguridad, Daniel Keohane, apunta a la renacionalización de las políticas de defensa como una de las causas de la menor efectividad en materia de seguridad, informa Álvaro Sánchez. “Aunque a veces actúan integrados en la OTAN o la UE, casi todos los Gobiernos prefieren otro tipo de alianzas, ya sean regionales, bilaterales o coaliciones ad hoc”, afirma Keohane. Una de esas alianzas es precisamente la que los belgas mantienen con los franceses, que incluyen a  agentes sobre el terreno que han participado en registros como el del barrio de Forest, donde fue herido una policía gala y abatido un supuesto terrorista.

Más información