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Muere Mário Soares, expresidente de Portugal

Luchó contra la dictadura de Salazar y después contra la deriva comunista de la revolución de los claveles

Mário Soares, en una imagen de 2006. NICOLAS ASFOURI (AFP) QUALITY

El expresidente de Portugal Mário Soares ha fallecido este sábado en un hospital de Lisboa a la edad de 92 años. Soares, fundador también del Partido Socialista luso, se encontraba en estado crítico desde que ingresó en el centro médico el pasado 13 de diciembre. Es imposible comprender el último medio siglo de Portugal sin Mário Soares. Noventa y dos años dan para mucho, más aún en un hombre inquieto desde joven, escritor infatigable (decía que había escrito más de un centenar de libros), de carácter fuerte, para aguantar las cárceles de la dictadura y también para ralentizar la deriva comunista de la revolución de los claveles.

“Portugal perdió al padre de la libertad y la democracia”, ha señalado su partido. “La personalidad y el rostro que los portugueses más identifican con el régimen nacido el 25 de abril de 1974”. El primer ministro António Costa, líder hoy del PS, ha decretado tres días de luto nacional y velatorio en el Monasterio de los Jerónimos. “Su pérdida es irreemplazable. “Toda su vida luchó por la libertad”. “Un gran europeísta y una figura decisiva en la democracia portuguesa”, destacó en su pésame el primer ministro español, Mariano Rajoy. “Su tarea y legado político”, escribió en una misiva de pésame Felipe VI, “le convirtieron en uno de los grandes líderes portugueses y europeos del último siglo”.

Soares (Lisboa, 1924) fue el primer ministro del primer Gobierno Constitucional, entre otros (1976-78 y 1983-1985), bajo su mandato se creó la seguridad social y se amplió la escuela pública para todos y se entró en la Unión Europea. El gran patrón del socialismo portugués se afilió al PC con apenas 18 años, en la universidad, porque veía que era la única buena organización para luchar contra la dictadura de Salazar. El calentón le duró seis años, cuando se hartó de tantas reglas y reuniones, según cuenta en uno de sus numerosos libros.

En 1964 fue uno de los fundadores de Acción Socialista, germen del PS. Abogado de profesión, entabló amistad con el general Humberto Delgado, posteriormente asesinado por la PIDE, policía política de Salazar. Soares se encargó de recuperar sus restos mortales en Extremadura, y a partir de ahí entró en la lista negra del régimen.

En doce ocasiones fue a la cárcel, cumpliendo en total tres años de prisión. Fue deportado a Santo Tomé y Príncipe, una de las colonias portugueses en las que Salazar enviaba a los presos políticos. Allí se enteró de que el dictador se había caído de una silla, dejándolo inhabilitado hasta su muerte.

Soares siempre conjugó la lucha con el pragmatismo. Aprovechaba cada grieta que le dejaban, por eso no desistió de presentarse a las elecciones legislativas convocadas por Marcelo Caetano, el sucesor de Salazar, en 1969. Su organización, la Comisión Electoral de Unidad Democrática (CEUD), se presentó en Lisboa, Oporto y Braga, acompañado de su, no menos combativa, esposa, Maria Barroso, fallecida hace un año a los 90 años de edad. Fracasaron, claro, y Soares se exilió en París, donde contactó con la intelectualidad socialista internacional y comunistas huidos, como el español Santiago Carrillo, con quien trabó una fuerte amistad.

Allí estuvo hasta que estalló la Revolución de los Claveles en su país; pero aquel 25 de abril de 1974 le sacó de la cama en Alemania. Su obsesión fue llegar el primero a Lisboa; voló a París y de allí en tren a España y después a Lisboa; fueron dos días de viaje, en donde, para su sorpresa, iba recogiendo el respaldo de la gente y de los revisores, que se le cuadraban. Soares consiguió su objetivo: llegó el día 28, dos antes que el secretario general del Partido Comunista, Álvaro Cunhal, su compañero-rival político durante toda la transición de la dictadura a la democracia.

Fiel a su máxima de aprovechar las oportunidades, Soares aceptó entrar en el Gobierno Provisional del general Spínola. Fue la primera discrepancia con Cunhal y también con su propio partido, que no quería tanta implicación.

En diciembre de 1974, en el primer congreso del PS en la legalidad, Soares tuvo que mostrar todo su coraje para imponerse a las corrientes proclives a la unión con las fuerzas comunistas. Eran días muy revueltos, con gobiernos multicolores que caían en semanas, con las calles llenas de protestas protagonizadas por alguno de los múltiples partidos marxistas. Soares ganó y su siguiente pasó fue poner distancia con el PC, lo que no era fácil en aquellos tiempos, donde te marcaban rápido con la cruz de contrarrevolucionario.

Soares aguantó el tirón, también se opuso a la unidad sindical en torno al PC Las fuerzas comunistas más heterogéneas dominaban la calle y, en esos días, la calle lo era todo, incluso cercó la Asamblea de la República que tenía que redactar la Constitución y no dejó salir a sus diputados.

Pero una cosa era llenar la calle y otra llenar las urnas. Las elecciones constituyentes del 25 de abril de 1975 le dieron la victoria al Partido Socialista (38% de los votos), quedando el PCP apenas con el 12,5%. El resultado no acabó con las disputas, pues con la ayuda de las fuerzas armadas se instaló en el país el PREC (el Proceso Revolucionario en Curso) —en especial durante el verano de 1975, el "verano caliente"— un año durante el cual se nacionalizó desde la banca a la cerveza, y con unos Gobiernos de unidad nacional bajo la vigilancia de las Fuerzas Armadas.

Aquel primer Primero de Mayo bajo un régimen democrático después de medio siglo fue la ruptura absoluta con las fuerzas a la izquierda del PS. Soares y su partido fueron impedidos de participar en los actos sindicales unitarios. Soares decidió un paso que sería decisivo: salir a la calle solo el PS, sin apoyo de más fuerzas políticas o sindicales. Su primera manifestación, la de la Fuente Luminosa, quedó en la memoria de su transición. “Marcó el punto de viraje de la línea revolucionaria insensata que, si no hubiera sido detenida como fue, hubiera arrastrado a Portugal al abismo”, recordaba Soares en uno de sus libros de memorias.

Las elecciones de meses después, confirmaron el cambio de rumbo de Soares. Nueva victoria del PS (35%), seguido de los partidos conservadores PPD (24%) y CDS (16%) y, en cuarto lugar, el PC (14%). Aun en minoría, Soares formó los primeros gobiernos en solitario (1976-78).

Felipe González lamenta la muerte de un "luchador por la democracia y el progreso"

El expresidente del Gobierno Felipe González ha calificado en un comunicado a Mário Soares como un "luchador" por la democracia y el progreso social: "Mário era, ante todo, un amigo. Por eso cuesta hablar desde la ausencia. Era un demócrata, convencido de que sólo acabando con la dictadura salazarista y enfrentando luego la deriva autoritaria comunista, podría desarrollar sus ideas: el socialismo democrático.

Por esas convicciones luchó siempre, durante más de 70 años. Sabía que sólo en un espacio de libertades democráticas podían avanzar sus proyectos políticos.

En el momento de su muerte, el mejor homenaje a este patriarca de la Democracia portuguesa, es recordar su tesón, su coraje político, incluso en los momentos en que muchos bajaron los brazos y vieron inevitable la llegada de una dictadura militar comunista.

Era un europeísta convencido. Con esa visión que lo llevó a ser muy crítico con las políticas de la UE tras el estallido de la crisis financiera en 2008.

Nunca desfalleció. Nunca dejo de ser un hombre libre que luchaba contra todas las formas de autoritarismo. Nunca dejo de luchar por el socialismo democrático. Así vivió y así ha muerto Mário Soares".

Soares asentó a Portugal en democracia, le dotó de las infraestructuras básicas (del Servicio de Salud Universal a la entrada en la Unión Europea) y permitió que comenzaran a sucederse gobiernos de uno y otro color. Fue presidente de Portugal (1986-1996), eurodiputado, y se retiró de la primera línea política tras el fracaso en 2006 de su tercera candidatura a la presidencia del país, ya con 82 años de edad. Retirado de los cargos, no significaba estar retirado de la política. Por las cosas de la historia, en el último año vio lo que había protagonizado 40 años atrás, un Gobierno socialista gracias al apoyo de comunistas clásicos y neoclásicos. Desde su Fundación, Soares no se asustó, todo lo contrario, le pareció correcto. Mário Soares ha sido hasta el último día el oráculo de Portugal y del socialismo, en definitiva del soarismo portugués.

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