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La UE ultima un pacto para edulcorar la expulsión masiva de refugiados

Los Veintiocho expresan dudas legales para devolver a los refugiados de Grecia a Turquía

La canciller alemana, Angela Merkel, el primer ministro británico, David Cameron, y el presidente francés, François Hollande, de espaldas, este jueves en Bruselas. REUTERS / ATLAS

Europa se arriesga a quedar retratada para la historia como el continente rico que, en medio de una guerra cruenta, es incapaz de gestionar la crisis de refugiados y gesticula para buscar vías legales para las expulsiones fulminantes. Los Veintiocho, reunidos la noche del jueves en Bruselas, negociaban para sellar un pacto con Turquía que permitirá la devolución de refugiados sirios desde Grecia por la vía rápida. Los líderes expresaron dudas legales y sobre otras concesiones a Ankara.

Europa se dispone a cerrar su acuerdo más drástico para frenar el flujo de refugiados procedentes de Turquía. Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE certificarán este viernes, salvo imprevistos, el arriesgado giro que han pergeñado con el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu. Ankara quiere explotar la ansiedad europea: se acerca la primavera, que con el buen tiempo acelerará los flujos de migrantes, y todos los planes anteriores han fracasado estrepitosamente. Europa ha reubicado a un millar de los 160.000 refugiados que esperan en Grecia e Italia, y solo ha recolocado a 4.000 de los 22.000 que pactó directamente con Turquía, que acoge a cerca de tres millones de sirios, y otros países de la zona. El continente ha cerrado sus fronteras por la denominada ruta de los Balcanes occidentales y ha creado un tapón en Grecia que mantiene varadas a decenas de miles de personas. El objetivo es devolver a Turquía a quienes lleguen en adelante, incluso a quienes tengan derecho a asilo, con un procedimiento por la vía de urgencia que ha despertado enormes dudas legales, incluso morales en un continente que presume de valores.

Se trata de lanzar un mensaje a los sirios para que no crucen el Mediterráneo con las mafias; para que esperen en suelo turco a ser reubicados directamente en la UE. Europa se compromete a admitir a tantos refugiados sirios como inmigrantes devuelva a Turquía. Para ello, tiene que dar a Turquía el estatus de país seguro, algo que es imposible sin cambios legales sustanciales: Ankara solo ofrece protección total a los europeos, no a otros refugiados.

Turquía, además, genera enormes dudas por sus continuos ataques a la libertad de prensa, por el conflicto con los separatistas turcos y por el autoritarismo del presidente Recep Tayyip Erdogan, que ha convertido a sus adversarios políticos en presa fácil de jueces y fiscales.

Europa es perfectamente consciente de todo eso, pero prefiere mirar hacia otro lado y contar con Turquía como potencia aliada y fórmula para detener el flujo masivo de migrantes, que tras el millón de entradas de 2015 puede batir todas las marcas este año. La UE necesita a Ankara. Y para ello, además de la fórmula para detener el flujo de refugiados, ofrece diversas concesiones: 3.000 millones adicionales a partir de 2018 —que se unen a los 3.000 millones que ya han empezado a desembolsarse—, la aceleración de las negociaciones de adhesión con la UE, el acceso sin visado de los turcos a la Unión a partir de junio y, sobre todo, la apertura de una vía legal para que Europa se lleve de forma masiva, y directamente, a los migrantes con derecho a asilo desde Turquía.

El dilema de frenar o fomentar el efecto llamada

La fecha de entrada en vigor del acuerdo con Turquía es casi más importante que el contenido. Los líderes se enfrentaban anoche a un dilema: si el pacto recoge que los retornos a Turquía comenzarán de inmediato, el sistema puede no estar listo para asumir esa ingente tarea. Pero retrasar la medida, después de anunciarla, puede crear un enorme efecto llamada de refugiados y migrantes que se aferren a la última oportunidad de quedarse en la UE sin ser retornados.

Esa es una de las claves que despejará el texto que esperan consensuar hoy los jefes de Estado y de Gobierno europeos con el primer ministro turco. Alemania, la principal impulsora de este trato, aboga por aplicarlo de inmediato. "Hay que ponerlo en marcha muy rápido; si se demora mucho habrá aquí un efecto llamada", ha admitido la canciller alemana, Angela Merkel. Pero está por ver que Grecia esté lista para hacer frente a ese proceso legal acelerado requerido para permitir al migrante que pida asilo y expulsarlo poco después.

La Comisión Europea ya ha evaluado las necesidades y considera que es factible hacerlo en poco tiempo. Para ello se requiere una legión de expertos: “docenas de jueces”, según fuentes comunitarias, intérpretes, expertos en asilo, personal de seguridad... Todo ello para garantizar que los refugiados retornen a Turquía en el plazo de días. La adaptación de Grecia a esos procesos requerirá la ayuda de otros socios europeos y dinero comunitario. Aun así, Bruselas confía en que ese enorme desafío logístico se emplee por muy poco tiempo. Porque las primeras devoluciones, estiman, disuadirán nuevos viajes desde Turquía y la vía del Egeo se cegará.

Nada de eso será fácil. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, se mostró al inicio de la cumbre “más cauto que optimista”. Tampoco Ankara se muestra convencida, después de las rebajas que han aplicado en las últimas horas las instituciones europeas a algunas de las concesiones pactadas el pasado 7 de marzo. Tusk y Davutoglu negociarán esta mañana sobre el borrador que los Veintiocho han pactado en la madrugada de hoy.

Maniobras legales

Los servicios jurídicos de la Comisión y el Consejo se han afanado en encontrar un encaje legal consistente a las devoluciones de migrantes y refugiados desde Grecia a Turquía. No habrá devoluciones colectivas, insiste Bruselas; cada demanda de asilo recibirá un tratamiento individualizado. Pero el mecanismo de devolución por la vía rápida despierta algo más que recelos. “Tenemos algunas garantías, pero no estamos convencidos”, admitió el primer ministro luxemburgués, Xavier Bettel. “El paquete será difícil de aplicar y está al filo de lo aceptable en el derecho internacional”, añadió Dalia Grybauskaité, la presidenta de Lituania. Grybauskatié pone el dedo en una doble llaga: los acuerdos anteriores han sido un fiasco a la hora de ponerlos en práctica por el escaso apetito de muchos de los socios a la hora de asumir los compromisos firmados. Y la propia ONU ha mostrado serias dudas acerca de la legalidad del nuevo mecanismo.

Hay más problemas. La apertura de nuevos capítulos en la negociación para la adhesión de Turquía a la UE ha llevado a Chipre a amenazar con bloquear el pacto. Chipre mantiene un contencioso territorial con Turquía —por la ocupación del norte de la isla—, y reclama acceso a los puertos y aeropuertos turcos. “Si Turquía no cumple con sus obligaciones, no hay más opción [que vetar]”, señaló el presidente chipriota, Nikos Anastasiadis. Además, la liberalización de visados no convence a Francia. El presidente François Hollande subrayó que París vigilará que Ankara cumpla escrupulosamente las 72 condiciones del Tratado de Schengen si quiere que sus ciudadanos circulen por Europa sin visado. El cumplimiento debería llegar en abril, para que la medida se active en junio, algo prácticamente inasumible, según las fuentes consultadas.

Patrocinio alemán

Alemania, el país más afectado por la crisis de asilo, es el gran patrocinador de este intento por frenar la marea de migrantes. La canciller Angela Merkel se mostró esta madrugada optimista sobre el pacto con Turquía, aunque admitió que de los 72 criterios que Ankara tiene que cumplir para obtener el fin del visado, "aún hay 50 o 60 puntos abiertos". Además, los problemas no cesan: el semanario Der Spiegel se vio obligado este jueves a retirar a su corresponsal en ese país por problemas con Erdogan.

Berlín, que ha apretado sistemáticamente las tuercas a Grecia con los rescates, es consciente de la necesidad de ayudar a Atenas. Con 50.000 refugiados atrapados, Grecia es ya el triste escenario de la primera crisis humanitaria en suelo de la UE desde la formación del club, allá por los años cincuenta del siglo pasado. Los griegos son el eslabón más débil de un continente que puede quedar muy señalado en función de cómo se resuelva ese lío.

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